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sábado, 26 de enero de 1980

Generalísimo se convierte en paseo de la Castellana

  • UCD votó contra el cambio de nombre de veintisiete calles

Veintisiete céntricas calles madrileñas, entre ellas la avenida del Generalísimo, se llaman desde ayer de otra forma. Aunque la medida no entrará en vigor hasta dentro de seis meses, el pleno del Ayuntamiento de Madrid decidió ayer por mayoría, con los votos en contra de UCD, devolver a las calles sus denominaciones anteriores al 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la Segunda República.

La sorpresa de la sesión plenaria de ayer volvió a darla nuevamente el grupo de concejales de UCD, el cual, pese a haberse mostrado favorable al cambio de nombre de las calles (con la excepción de la avenida del Generalísimo, por no existir en 1931) en las sesiones informativas preparatorias del pleno, votó en contra, después de que fuesen derrotadas dos propuestas de su grupo. Una de ellas solicitaba la retirada de la propuesta para nuevo estudio, por considerar precipitada la decisión, y la otra pedía que se cambiaran solamente aquellas calles cuya denominación actual tuviera un auténtico arraigo popular, lo que, en opinión de UCD, significa respetar la avenida del Generalísimo, ya que no sólo es conocida por este nombre, sino que además a la zona de influencia se la denomina «Zona Generalísimo».La primera de las enmiendas la basó UCD en la facultad que tienen los concejales de exigir la retirada de puntos del orden del día, posponiéndolos para nuevas sesiones, siempre que el alcalde no decrete que los mismos tienen consideración de urgencia.

Así fue considerado por el alcalde en funciones, Ramón Tamames, quien decretó que el cambio de calles fuera sometido a votación. La misma fue ganada por 33 votos a favor (PSOE y PCE) y veinticuatro en contra (UCD).

La propuesta fue defendida por Enrique Moral, concejal socialista de Cultura, quien reiteró los motivos por los que se procedía al cambio de calles y que han sido ampliamente difundidos por los medios de comunicación en las últimas semanas.

Moral dijo, en síntesis, que el cambio de los nombres de las calles era una nueva prueba del espíritu de concordia que predica la Constitución, por tratarse de nombres todos ellos relacionados con la guerra civil, que fueron cambiados tras la contienda de forma indiscriminada. Moral explicó que en ningún momento se trataba de revanchismo, ya que se devolvía a las calles sus nombres anteriores, excepto en el caso de Generalísimo, de la que dijo que, aunque se hubiera inaugurado por Franco, su trazado era de principios de siglo.

El concejal de Cultura añadió que en Madrid había más de doscientas calles con motivos relacionados con la guerra civil y que se había considerado que no era necesario cambiar todas ellas, para evitar molestias adicionales. Agregó que la decisión no era en modo alguno precipitada. pues se trataba del resultado de casi nueve meses de trabajo por parte de los tres partidos políticos del Ayuntamiento y que, en todo caso, se había hecho de un modo ponderado, sopesando todos los posibles inconvenientes. Aseguró que el coste de la operación era mínimo y que el Ayuntamiento correría con la mayor parte del mismo.

UCD: "No se puede ir contra la historia"

Las circunstancias hicieron que fuera el concejal de UCD Jaime Cortezo, hombre antifranquista en vida de Franco, quien hiciera la defensa del nombre actual de las calles y, en concreto, la de la avenida del Generalísimo. Afirmó que para bien o para mal, el general Franco había entrado en la historia y que, a pesar de las fobias o las filias, cambiar el nombre de la avenida del Generalísimo era ir contra la historia, borrar de un solo golpe cuarenta años de historia.

Cortezo agregó que no debía quitarse este nombre, sino buscar calles para otros jefes de Estado que aún no disponían de ellas en Madrid.

«La medida nos parece impopular. Los vecinos no quieren el cambio de los nombres. También creemos que políticamente la medida es poco prudente», señaló. Expuso más tarde que la medida podría ser peligrosa por el carácter ejemplarizador que tienen todas las decisiones que adopta la capital de España, y terminó señalando que el coste de la operación había sido situado por UCD en 1.400 millones.

Moral rebatió uno a uno los argumentos de UCD para afirmar ya en tono agresivo que nadie pretende borrar a Franco de la historia porque dispone aún de dos o tres calles más en Madrid con su nombre, y señaló que le parecía grotesca la cifra de 1.400 millones de pesetas, por cuanto los estudios realizados por su Delegación situaba el coste de la operación en muy pocos millones de pesetas. Añadió además que seis meses de espera en la aplicación de la medida eran más que suficientes.

Sometida a votación la enmienda a la totalidad de UCD, fue derrotada por 33 votos contra veinticuatro. El mismo resultado se repitió cuando se procedió al escrutinio de la propuesta del cambio de nombre de las calles, tal y como había sido llevada al pleno por la Concejalía de Cultura.

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