Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

Mercado negro de trabajo en subcontratas de la construcción

La mayoría empezaron acercando ladrillos a pie de obra o preparándole el yeso al albañil. Hoy gastan puro y son empresarios. Unos empresarios sui generis a los que en el argot del mundo de la construcción se denomina pistoleros. Son hombres duros, desclasados, que empezaron a surgir en 1959 como producto típico -sin homologación en la Europa de hoy- del tránsito del subdesarrollo a la industrialización. Su misión ha sido y es, aunqué están llamados a desaparecer, la de proporcionar mano de obra barata, de escasa cualificación y alta productividad, a las grandes constructoras. Sobre este peculiar sistema de contratación informa Carlos Gómez.

En el mundo de las subcontratas, consideradas imprescindibles para trabajos especializados en. la construcción (fontanería, electricidad, ascensores o cimentaciones especiales) han encontrado cobijo los pistoleros. Son una especie de lumpen-empresariado. En los años sesenta, en el río revuelto de los grandes negocios inmobiliarios y la especulación de suelo urbano, había que construir deprisa, en el momento oportuno, reducir los costes de obra y aumentar las plusvalías nada despreciables de los solares. A la fuerte demanda y a la falta o incumplimiento de planes de ordenación urbana y concesión de licencias por parte de ayuntamientos y constructores, había que añadir la inexistencia práctica de controles de calidad y la ineficacia de una legislación laboral urbana y fiscal en un sector considerado puente entre el primario y el secundario. Todas estás circunstancias han abonado la aparición. de esta legión -en palabras de UGT- de «mercenarios del metro cuadrado».El hombre

del puro

En este marco el dinero corre y hay oportunidades para todo aquel que sea audaz y quiera subir. Varios centenares de trabajadores, tal vez miles (la Administración, los sindicatos y la patronal no han sabido concretar un número, por otro lado variable), decidieron emanciparse y convertirse en flamantes empresarios. Su preparación era escasa; su capital, ninguno. Con ayuda de las grandes constructoras e incumpliendo cuantas normas legales hubiera que incumplir, podían acceder a una parte sustanciosa de la gran tarta del negocio inmobiliario. Se hacían unas tarjetas, en muchos casos no llegaban ni a inscribirse en el registro mercantil, y esperaban en su domicilio social -que coincidía con el particular la mayor parte de las veces- la llamada telefónica del capataz amigo.

-Estamos construyendo en Alcobendas y el plazo de entrega de las viviendas se nos echa encima. ¿Te interesa hacerte cargo de los yesos en la segunda planta?

-¿A cuánto contratáis el metro cuadrado y cuánto tiempo me dais para que estén listos los trabajos?

Puestos de acuerdo, el pistolero, que pronto ha aprendido la regla de oro del máximo beneficio, se traslada en determinados días a bares de determinadas zonas de la ciudad (en Madrid, por ejemplo, a Legazpi, los sábados, para yesaires, o a los bares de la calle de la Victoria, calle de La Cruz o plaza de La Cebada, los domingos, para solados y alicatados). Allí, tras, un tinto y con medio puro apagado en la comisura de los labios, apalabra su cuadrilla aquilatando sueldos en función de la oferta de parados que acuden a aquellos lugares habituales de contratación. Estas singulares oficinas de colocación no exigen darse de baja en el subsidio de desempleo -que puede seguir percibíéndose-, no se muestran rigurosas en cuanto a la cualificación profesional y pagan de inmediato en función del número de metros cuadrados que se sea capaz de terminar en un día.

Una lacra

a extirpar

El pistolero, el subcontratista sucio, evidentemente se ahorra la Seguridad Social, al no dar de alta a los trabajadores, paga poco (el sueldo es un complemento de la percepción del desempleo) y exige ritmos de producción que sobrepasan ampliamente los habituales del sector. El contratista principal, a su vez, evita el mantenimiento de plantillas amplias a las que en ningún caso podría exigir la productividad que obtiene del pistolero, y reduce sensiblemente el capítulo de gastos de personal en el coste total, al no tener que cotizar a Seguridad Social, ni pagar pluses o abonar horas extras para cumplimentar plazos de entrega de la obra.

Hacienda (es decir, todos los españoles, según la publicidad del Ministerio), los propios trabajadores (que están desprotegidos ante cualquier accidente y sin ningún derecho de cara a su futura jubilación) y el ciudadano que adquiere la obra realizada hecha aprisa y corriendo en detrimento de, la calidad, son la contrapartida, las víctimas del fraude que supone este peculiar sistema. Sindicatos, patronales y Administración, desde perspectivas diferentes, parecen decididos a terminar en el sector con las subcontratas sucias.

Sindicatos contra

"pistoleros"

Las centrales, que ya han promovido varios plantes y huelgas en grandes constructoras por la presencia de pistoleros en las obras, entienden que tal sistema divide a la clase obrera, impide que los trabajadores del sector tomen conciencia de sus problemas y reivindiquen conjuntamente mejores condiciones salariales y laborales y, en definitiva, suponen un fraude a la sociedad UGT y CC00 están dispuestas a exigir en los convenios provinciales la prohibición de estas subcontratas. «No podemos consentir que sigan robando empleo a los trabajadores honrados, cuando nuestro, sector ocupa un triste primer lugar en número de parados -declararon fuentes de UGT-. Tampoco podemos cruzarnos de brazos cuando vemos la superexplotación a que son sometidos los compañeros contratados por pistoleros y presenciamos cómo por trabajar más y sacar unas pesetas más no se cumplen las mínimas condiciones de seguridad y los accidentes laborales se repiten día a día. Hay un agravio comparativo, por otra parte, entre la plantilla de la constructora principal, a la que se obliga a preparar y acercar los materiales a la cuadrilla del pistolero y los trabajadores de éste. Estos últimos a cambio de su inseguridad logran en conjunto mayores percepciones globales, lo que supone un freno indirecto a las reivindicaciones económicas y laborales de los trabajadores en plantilla. Fía habido conflictos en que la constructora los ha utilizado como esquiroles.»

CCOO, que se manifestó en el mismo sentido, indicó que es difícil dar el número exacto de trabajadores que recurren a estas subcontratas sucias, «ya que no hay un control por parte de las organizaciones oficiales. Pero si tenemos en cuenta que en Madrid, y en el resto de las provincias no variará demasiado, sólo el 25 % de los trabajadores del sector está actualmente ocupado, queda un 75% de compañeros que en alguna medida se ven sometidos a este sistema»

Una imagen digna del

empresario

La responsabilidad subsidiaria de la empresa principal, que en muchos casos se ha tenido que hacer cargo de las plantillas de los pistoleros, de las multas por impago de Seguridad Social o de las indemnizaciones por accidente o fallecimiento de alguno de estos trabajadores, ha modificado sensiblemente la actitud de las constructoras ion respecto a estas subcontratas. Muchas han prescindido ya de estos mercenarios del metro cuadrado, otras exigen garantías a éstos sobre la situación legal de sus trabajadores y otras más exigen un fuerte depósito hasta el término de los trabajos contratados, para evitar que el pistolero desaparezca cuando el destajo ya no le sea suficientemente rentable y deje a sus trabajadores colgados o que resulte insolvente a la hora de exigirle responsabilidades.

El secretario general de la Confederación de Construcción (CEOE), José Ignacio Monedero, tras exponer la dificultad actual de distingair entre el pequeño subcontratista honesto y el irresponsable, indicó que el tema preocupa mucho al empresariado, no sólo por los problemas que subsidiariamente les acarrean, sino también por la mala imagen que dan a un sector donde son mayoría los empresarios profesionales y honrados, que hacen trabajos dignos y no engañan a sus trabajadores o la Administración.

Precisamente -continuó el señor Monedero- está a punto de ser aprobada por la Administración una legislación sobre empresas responsables, que ha partido de nuestras iniciativas y de las inquietudes que sobre este problema expusimos a la Administración. La nueva normativa va a evitar el intrusismo de estos empresarios amateur que nada tienen que ver con el verdadero empresario de la construcción.

Carnet de empresa

responsable

Efectivamente, como indicaba el portavoz de la CEOE, el departamento de Industria, con la colaboración del de Trabajo, tiene ultimada la reglamentación de un carnet de empresa responsable que podría ser considerada por el próximo Consejo de Ministros, según fuentes de la Administración. Con ello se trata de poner freno a este tipo de empresas y empresarios carentes de profesionalidad y solvencia. La normativa, que en un principio iba a referirse sólo a construcción, ya que la propuesta partió de la patronal del ramo, contemplará todos los sectores, puesto que con mayor o menor gravedad las subcontratas sucias aparecen en múltiples actividades industria les (transporte, metalurgia, peluquerías, entre otras).

Hasta ahora, y según comentó a EL PAIS un miembro cualificado de la inspección de Trabajo, la Administración ha sido incapaz de acabar con los pistoleros. « Es muy difícil sorprenderlos, y cuando levantamos actas, en muchos casos, nos encontramos con que no existe domicilio social y resultan localizables o son manifiestamente insolventes. Las fuertes multas por impago de cotizaciones a que tienen que hacer frente por responsabilidad solidaria las empresas principales y la denuncia de estas irregularidades por los trabajadores en plantilla de la constructora son los únicos medios de ir erradicando a los pistoleros a través de la inspección.»

La ley y

la trampa

Las principales dificultades con que se encuentran las inspecciones ministeriales radican, en algunos casos, en la propia legislación. El período de cinco días de que dispone el empresario para dar de alta a sus trabajadores en la Seguridad Social permite a los pistoleros contratar sus cuadrillas para trabajos de corta duración. Si no ocurre ningún accidente o no hay ninguna denuncia, los trabajadores serán despedidos dentro de los cinco días sin ser dados de alta. Otros pistoleros exigen a sus contratados que se den de alta como autónomos o sólo cotizan por una parte de sus asalariados.

La situación, muy grave, cuando el paro obliga a muchas personas a aceptar estas condiciones. de trabajo, va a ser superada a corto o medio plazo si la nueva regulación del carnet de empresa es más efectiva que la anterior, hoy derogada, y la patronal y los sindicatos siguen fuertemente dispuestos a terminar Con las subcontralas sucias. Las mayores exigencias de calidad de obra por parte del ciudadano también tienden a hacer irrentable la actividad de los pistoleros, cuyo secreto es trabajar rápido y barato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de octubre de 1978

Más información

  • Entre la picaresca del desempleo y el incontrolado negocio incontrolado