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Entrevista:ALAIN FINKIELKRAUT | FILÓSOFO FRANCÉS | ENTREVISTA

"Ahora el peligro es la 'tiranía de las minorías"

Si hubiera que prestar confianza a los semanarios franceses, Alain Finkielkraut es en este momento el hombre más detestado o amado de su país. Su cara aparece en la portada del Nouvel Observateur como la encarnación del "reaccionario de nuevo cuño", mientras que para Le Point su nombre lidera la "nueva ola iconoclasta" que rompe con el "esquema derecha-izquierda". En Le Monde titulan sobre sus "opiniones desviadas" reveladas al diario israelí Haaretz, que las compara a las de un "militante del Frente Nacional". Todo eso va ligado a la aparición de su muy interesante libro Nous autres, modernes, en el que nos explica que su trabajo como profesor de filosofía "no consiste en enseñar la filosofía, sino en que los alumnos comprendan su filosofía", es decir, sepan el porqué de lo qué hacen, dicen o piensan, sino que la súbita popularidad de Finkielkraut va ligada a su análisis de la reciente violencia urbana.

"Cuando Francia se enfrentó a Argelia en el Stade de France, 'La Marsellesa' fue copiosamente silbada. Hoy, 'francés' y 'perro judío' ocupan el primer puesto de los insultos"
"Nunca las mujeres han estado más ausentes de un movimiento machista
"Internet es el manicomio planetario, todo el mundo expone su discurso pero no se cruza con el de los demás. La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato"

Pregunta. ¿Le parece exacto que le defina como un "conservador de izquierdas"?

Respuesta. No soy conservador en el sentido de pretender mantener privilegios o el orden establecido. Defiendo para todos la libertad de oportunidades de la que he disfrutado. El mundo de la reproducción social no es mi mundo. No soy, pues, conservador, pero, como dice Walter Benjamin, hoy la Revolución no es la locomotora que arrastra el tren de la Historia, sino la mano que tira de la señal de alarma porque el tren va en mala dirección. Creo en la necesidad de frenar, de ralentizar ciertos procesos, de conservar cosas que son las que garantizan que pueda surgir lo que es nuevo, que permiten salvar el mundo y la belleza. Para mí esa es una perspectiva revolucionaria.

P. Pero para Haaretz su discurso es idéntico al de la extrema derecha.

R. Esa entrevista fue una encerrona. Cosas dichas irónicamente son presentadas como afirmaciones serias. Lo que ha provocado escándalo, básicamente, son tres declaraciones. La primera, afirmar que la Ilustración quería aportar la civilización a los africanos; la segunda, que a los negros Francia sólo les ha aportado beneficio; la tercera, la más ridícula, decir que hoy la selección francesa de fútbol ya no es multiétnica, black-blanc-beur (negro-blanco-árabe), sino black-black-black...

P. Es un comentario próximo a los de Le Pen.

R. Hay que contextualizar cada frase. Las recientes algaradas, o, mejor dicho, ese saqueo urbano es un movimiento inarticulado, sin reivindicación, del que las mujeres están totalmente ausentes. Se ha comparado con Mayo 68, un movimiento que tuvo una sensualidad extraordinaria. Baste con recordar esa pintada que aseguraba que "Nunca las mujeres han sido tan intrépidas y bellas". Es una frase en la que está todo, un lirismo ridículo y una cierta emoción verdadera. Pues bien, ahora hay que escribir que nunca las mujeres han estado más ausentes de un movimiento machista que ha reemplazado las proclamas por el corte de mangas. Pero toda esa violencia no estalla de pronto, sino que hay signos que venían anunciándola. Cuando Francia se enfrentó a Argelia en el Stade de France, La Marsellesa fue copiosamente silbada y luego el partido quedó interrumpido por decenas de franceses que invadieron el campo envueltos en la bandera argelina. Los silbidos no eran contra la Francia racista porque su equipo era precisamente multiétnico, sino contra Francia. Hoy, "francés" y "perro judío" ocupan el primer puesto de los insultos.

P. Resumiendo...

R. Resumiendo, entre los jóvenes y adolescentes que quemaban coches, bibliotecas, guarderías y escuelas no había mujeres y la gran mayoría era negra o de origen norteafricano. Es una mera constatación y es difícil no hacerla. Yo no digo que los disturbios fuesen étnicos ni que estemos ante una guerra de civilizaciones, no saco ninguna conclusión esencialista del tipo "dado que la mayoría de vándalos eran negros o de origen norteafricano, eso significa que africanos y norteafricanos son así", pero la gente que niega la existencia del componente étnico de los disturbios son los mismos que proponen soluciones étnicas a lo que ellos llaman un disturbio social. ¿Qué soluciones? Instaurar la discriminación positiva y reescribir los libros de Historia. Quienes se autoproclaman representantes de esas minorías con raíces en África dicen que no aceptan integrarse en Francia hasta que el país no reconozca públicamente el crimen de esclavismo cometido contra los negros y el de colonialismo contra el Magreb. Hasta hace muy poco Francia era un país que acogía a los emigrados diciéndoles: nuestra historia será vuestra, pero ahora lo que se pretende es que su Historia pase a ser la nuestra, o sea, que la historia de Francia pase a ser sólo la del esclavismo y la de la colonización.

P. Pero es que resulta difícil hablar positivamente de la trata de esclavos o del colonialismo.

R. Sin duda. El comercio de esclavos es un crimen y el motor de la colonización no era mejorar el nivel cultural de los colonizados. Pero eso no impide precisar que el tráfico esclavista ha sido realizado por blancos, por árabes o por negros, tal y cómo explica Olivier Pétré-Grenouilleau, que ha puesto de relieve que la trata de esclavos fue incluso más importante en la costa oriental de África que en la occidental. Su libro le ha supuesto una denuncia ante los tribunales del MRAP (movimiento antirracista), que no admite la complejidad de la Historia, que desea que el comercio de esclavos sea equiparado a la shoah, a pesar de la evidencia de que el esclavo era un producto del que se esperaba sacar un beneficio y el exterminio no podía, pues, ser el objetivo primero y principal. En mi libro Le juif imaginaire (1980) hablaba de que nadie tiene derecho a proclamarse heredero de las víctimas de la shoah. Mis abuelos murieron en Auschwitz, pero eso no me autoriza a presentarme como víctima y a pedir reparación. Estoy contra la manera en que se enseña lo que fue la shoah, estoy contra el turismo escolar a Auschwitz y estoy contra las leyes que especifican cómo hay que enseñar en clase el esclavismo o la colonización. En su día, Tocqueville habló del peligro de la "tiranía de las mayorías", pero ahora el peligro es de una "tiranía de las minorías".

P. Se le reprocha que su análisis de la realidad tenga más en cuenta los valores y conceptos que la realidad misma. Su desconfianza hacia las ciencias sociales...

R. ¡Pero si son sobre todo las figuras eminentes de las ciencias sociales francesas las que más tienden a negar la realidad! Las ciencias sociales francesas siguen siendo roussonianas, sólo admiten las causas sociales como origen del mal. Además, según ellos, los alumnos tienen un mejor dominio de la lengua y no hay violencia en la escuela. La realidad les desmiente, pero no importa: prefieren el informe del experto a la experiencia. Otros prefieren hablar del formidable potencial de la sociedad multirracial y no piensan que puede degenerar en una sociedad multirracista. Es como el elogio sistemático de lo multicultural que, a menudo, es sinónimo de carencia de cultura. Hay que restaurar el nivel de exigencia, recordar que la escuela republicana es humanista, es decir, en ella la finalidad es aprender, no encontrar trabajo o ganar dinero para comprarse un coche.

P. Usted es muy escéptico respecto a los beneficios de los progresos tecnológicos.

R. Mire, yo comparto la idea de Hannah Arendt de que no existe libertad de opinión si no se sabe mantener la diferencia entre hechos y opiniones. Internet es el manicomio planetario, todo el mundo habla, todo el mundo expone su discurso pero no se cruza con el de los demás. La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato, no una infinidad de relatos sobre un mismo hecho.

Alain Finkielkraut.
Alain Finkielkraut.DANIEL MORDZINSKI

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