_
_
_
_
Tentaciones
Reportaje:INTERNET

El gurú de la ciberanarquía abraza la ley

Si Christopher Poole no hubiera decidido revelar que no fue un adolescente normal, si hubiera seguido con la doble vida que llevó entre los 15 y los 19 años, hoy parecería otro neoyorquino más de 23 años. Pero no lo es. Él es moot. El alias que usa desde los 15, cuando creó la web 4Chan.org. Al poco, sería el foro más visitado -y repudiado- de Internet. Y moot pasaría a ser sinónimo de la rebeldía gamberra contemporánea. Indeleblemente asociado a las modas cibernéticas más soeces, fascinantes y rentables de la Red. Y al nacimiento de Anonymous. Hasta hoy.

"Yo no defino a 4Chan, ni 4Chan me define", defiende desde su oficina. "Mi trabajo estos años solo ha sido asegurar que los servidores funcionaban para que los usuarios eligieran libremente qué publicar. No respondo por ellos. Tampoco he puesto anuncios. Ni me he llevado dinero. Lo he hecho por amor al arte. Y lo seguiré haciendo, porque me encanta esta cultura, este lenguaje único que se ha creado en la página en estos siete años y medio".

"No hice dinero con 4Chan, ni respondo por el libre comportamiento de sus usuarios"

La historia de moot empieza sin moot. En 2000, en Japón arrasaba 2Channel. Una web cuyos usuarios organizaban bromas de mal gusto y publicaban imágenes de peor calaña. Uno contó cómo pensaba secuestrar un autobús. Terminó por hacerlo. Y matando a una persona en el proceso. Tales fueron las visitas que los servidores se colapsaron. Así que nació una copia, 2ch. De puro éxito, terminó por colapsarse también. Pero ahí estaba Poole, que no quería prescindir de su web favorita de porno y anime. Copió y pegó el código fuente y creó su propia versión, 4Chan.org. El 1 de octubre de 2003 nacía moot. En silencio.

Poole no se lo contó a nadie. Ni padres, ni amigos. Ni siquiera cuando, a los pocos años, 4Chan aparecía en los titulares del Wall Street Journal por lo viral y lo ofensivo de su contenido. Muchos usuarios colgaban imágenes racistas, de pedofilia (animada) o de zoofilia. Pero con tal ingenio que se convertían en muletillas de las conversaciones multimedia de la Red. Todas empapadas del mismo estilo. Las fabricaban millones de personas que actuaban como una. "4Chan no va de compartir fotos", aclara Poole. "Va de sentir que uno pertenece a una comunidad que tiene su propia identidad, su propio lenguaje".

Hablar con Poole de 4Chan es como hablar con un camarero del salvaje Oeste de su saloon. El lugar es magnífico, oiga, pero no me pregunte por la clientela. Durante años, esa clientela (hoy, 12 millones al mes) actúa como mente colmena que manipula la Red para bien o para mal. Justin Bieber pide online a sus fans que decidan dónde dar su próximo concierto y 4Chan le manda a Corea del Norte. Pero luego tanto llevan a depredadores cibernéticos a las autoridades, como rescatan gatos de dueños abusivos, como organizan cumpleaños para veteranos de guerra.

Poole y moot divergieron en 2008. Con tres años de vida, 4Chan ya tenía la peor reputación de la Red. Una llamada de la revista Time motivó que abandonara su seudónimo. "Un tipo de la redacción me dijo que yo estaba entre los sospechosos de haber creado 4Chan. Había llegado el momento de decir: 'Tengo 19 años y no soy normal'. La revista me incluyó en su encuesta de los 100 personajes más influyentes del año. La elección del ganador dependía de los internautas. Y los usuarios de 4Chan se coordinaron para que yo fuera el primero". En una muestra de humildad, o asumiendo el signo de los tiempos, o en reconocimiento al poder de 4Chan, Time dio por válida la votación, admitiendo que estaba amañada. Con 19 años, Poole superó a Carlos Slim y Angela Merkel. Y sobre todo, quedó por encima de moot.

Pero su creación también cambió en 2008. Se filtró un vídeo interno de la Iglesia de la Cienciología en el que Tom Cruise alentaba a los nuevos miembros a "pararse ante los accidentes de coche porque somos los únicos que podemos ayudar". 4Chan reaccionó con la sorna de siempre. Colapsó su web. Los cienciólogos amenazaron con demandarles.Y a los pocos días se encontraron con miles de personas frente a sus iglesias, manifestándose contra tal "naturaleza litigante". Eran los usuarios del foro. Se habían hecho a la calle. Con máscaras de Guy Fawkes, la misma que sale en V de vendetta. Había nacido Anonymous. Poole empezó a aplicar las normas de 4Chan con más vigor que antes. A echar a usuarios. "Gente de cientos de ciudades por todo el país. Tiene mérito. ¿Has intentado alguna vez hacer una cena para 20 personas y tratar que todos lleguen al mismo tiempo? Te reto a ello", reflexiona hoy. Aunque añade con prudencia: "Pero no puedo sentirme orgulloso de su creación porque nunca tuve nada que ver con ello. Yo solo fundé la comunidad. Soy solo un eslabón en su cadena".

Hoy, que Anonymous se sabe el grupo de activistas cibernéticos más grande jamás conocido, casi parece predecible este cambio. El foro se basa en el anonimato de sus 12 millones de usuarios mensuales. Casi parece el anti-Facebook. "Sí... pero no. Facebook tiene una visión perfecta del mundo. Todo el mundo interactúa con su nombre real, con su foto real. Pero hay circunstancias donde lo contrario es preferible. ¿Prefieres aprender a montar en bicicleta donde nadie te vea o ante 30.000 personas? La gente prefiere fracasar en privado. Y en privado es donde experimentan. Con comentarios salidos de tono, con fotografías rancias. Y ahí es donde 4Chan triunfa. ¿Soy el anti-Marc Zuckerberg? No. Soy el Marc Zuckerberg alternativo".

Y sin embargo, el nuevo proyecto de Poole, Canvas, contradice en gran parte a 4Chan. Es un nuevo foro, solo que con el patrocinio de un fundador del poderoso periódico digital Huffington Post. Es legal. Honrado. Y exige un registro. A través de Facebook, nada menos. "Los foros no han cambiado mucho en los últimos 20 años. El software es idéntico", explica. "Pensé en cómo mejorarlos. Con audio, vídeo, enlaces más integrados...". Pero ¿por qué empezar de cero teniendo 4Chan? Ahí es donde la divergencia entre el creador y su creación toca su cenit: "A estas alturas, 4Chan no me iba a permitir meter esos cambios. No iban a aceptarlos".

Las mentes malpensantes (y basta consultar Google para ver que son muchas) dicen que se ha vendido al sistema. Pero Poole, consejero delegado de una empresa y jefe de otras tres personas con 23 años, no lo ve igual. "¿Cómo empezó Zuckerberg? Con Facemash, una web para votar a las tías buenas de cada campus. Pueril, ofensiva. Pero que llamó la atención. Y creó la web más popular de la Red. Limpia. Decorosa. O mi amigo Peter Sunde, fundador de PirateBay, principal web de descargas de los últimos tiempos. Ha pasado por varios juicios de violación de copyright. Ahora está creando una plataforma para asegurar que cada creador recibe el copyright que merece. Yo, que he aprendido tanto con 4Chan, hago lo razonable: aplicarlo a algo más legal. La Red está llena de gente que aprendió con algo no muy limpio y que se asentó con otra cosa más legítima".

<b>Christopher Poole, alias <i>moot,</i> ocho años después de fundar 4Chan.org</b>
Christopher Poole, alias moot, ocho años después de fundar 4Chan.orgNICK BILTON (THE NEW YORK TIMES)

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_