La red invisible de la gestión inteligente de la energía

La transformación digital y la descarbonización de la economía hacen más necesaria que nunca una red de distribución sólida y flexible que responda a nuevos modelos de consumo eléctrico. Así es la de Iberdrola

La energética ha invertido 2.000 millones de euros en digitalizar su red eléctrica en España.
La energética ha invertido 2.000 millones de euros en digitalizar su red eléctrica en España.
Juan Pablo Zurdo

Imaginemos que durante los sucesivos confinamientos de España, la gestión en la nube, la banda ancha, el protocolo móvil y la capacidad de procesamiento hubieran sido los de 10 o 15 años atrás. ¿Qué habría pasado? Confirmado, las redes de comunicación online salvaron, y salvarán, buena parte de la economía. El mismo ejemplo se aplica siempre a esas otras redes imprescindibles, las de energía eléctrica, también para que las de comunicación funcionen, y aún más en este nuevo mundo en configuración.

Esta secuencia explica el porqué. Para frenar el calentamiento global hay que eliminar emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. Solo se reducen drásticamente esas emisiones descarbonizando la economía. “La descarbonización impone otro paradigma energético: la electrificación masiva basada en fuentes renovables (sol, viento, agua) y nuevas formas de consumo”, explica Eva Mancera, CEO de i-DE del grupo Iberdrola. Una electrificación masiva que solo puede lograrse con más inversiones y sobre un salto tecnológico en las redes de distribución.

No solo se relaciona a esas redes con el sistema cardiovascular del organismo económico, también con su sistema nervioso. Son cada vez más bidireccionales, flexibles e inteligentes. Y cada vez más digitalizadas y automatizadas para tejer un mapa interconectado por nodos que hacen de centros neuronales. Su gestión digital permite el análisis big data para controlar en tiempo real el estado de cada nodo, infraestructura, tramo de línea, terminal de consumo... y así, de todo el circuito como un sistema integrado.

Las redes son más robustas, para garantizar el incremento de la incorporación de más renovables. Y más flexibles, porque incorporan múltiples fuentes de generación distribuida (puntos de generación cercanos a los lugares de consumo) y usos emergentes como los sistemas de recarga de vehículos, electrodomésticos y dispositivos conectados, monitores y sistemas de almacenamiento.

El nuevo paradigma basado en energías limpias y nuevas formas de consumo no podrá lograrse sin más inversiones y digitalización en redes
Eva Mancera, CEO de i-DE del grupo Iberdrola

Y también son cada vez más inteligentes, después de inversiones como las realizadas por Iberdrola, que ha destinado 2.000 millones de euros en los últimos años a digitalizar 11 millones de contadores en España (más de 20 millones en los mercados en los que opera) y la infraestructura que los soporta, dotándola de telegestión y automatización. “Este proyecto, uno de los más avanzados en todo el mundo, se ha convertido en un motor de innovación tecnológica y en referente internacional de soluciones digitales escalables a otros países”, añade Mancera.

“Evitamos emisiones, mejoramos el suministro, reducimos pérdidas y riesgos de accidentes e incidencias”, continúa la directiva. “La telegestión permite al consumidor conocer la demanda de potencia, sus curvas de consumo y cómo se distribuye la energía”.

Ahorro millonario

Y mejora la resilencia frente a situaciones climatológicas extremas. Las redes digitalizadas de Iberdrola permitieron resolver el 70% de las incidencias en menos de 30 minutos durante el temporal Filomena y restablecer el servicio a 300.000 clientes de Murcia y la Comunidad Valenciana durante la gota fría de 2019.

Según Eurelectric y E.DSO (European Distribution System Operators), la transición energética podría ahorrar a la Unión Europea más de 175.000 millones de euros anuales en la factura de combustibles fósiles y reducir la media de los costes de la electricidad hasta 37.000 millones a largo plazo. Para ello, los expertos insisten en la necesidad de seguir invirtiendo en el despliegue, modernización y digitalización de las redes, para hacer posible la transición a un nuevo modelo energético más sostenible y para contribuir a la recuperación verde de la industria y el empleo.

Las redes digitalizadas se constituyen en la plataforma óptima para responder a las necesidades de una economía más sostenible: por ejemplo, la monitorización de las recargas de vehículos híbridos enchufables y eléctricos (smart charging) o programas como Vehicle to Grid (V2G) para que esos coches puedan inyectar electricidad en la red y el propietario cobre por ella. Estos sistemas de recarga inteligente adaptan la demanda a la capacidad de la red, especialmente en horas punta, para evitar congestiones.

Otro de los retos que afronta la red eléctrica se encuentran en el autoconsumo. Los contadores digitales convierten al usuario en una plataforma de compra-venta de energía en función de lo que demande y lo que genere en su casa o empresa, en base a una instalación fotovoltaica, que genera electricidad de forma competitiva. Además, puede gestionar ese flujo bidireccional de energía (lo que compra y lo que vende) a través de las páginas web y aplicaciones móviles de su distribuidora.

Archivado En: