A solas con la obesidad

Convivir con esta enfermedad crónica es una carrera de obstáculos. Para ellos viajar, desplazarse o comprar ropa es más complicado y caro que para el resto de la población y la asistencia sanitaria que reciben carece de los cuidados multidisciplinares que requerirían

Isa Galán, de 36 años, en su apartamento de Madrid.
Isa Galán, de 36 años, en su apartamento de Madrid.Asia Martín

La experiencia de una persona con obesidad severa es un viaje en soledad con 40, 50 o 60 kilos de más que se prolonga, en ocasiones, durante décadas. Esos kilos son una pesada carga porque los recursos para que su vida sea lo más normal posible son escasos. Algo tan sencillo para el resto de la población como comprarse una camisa o un vestido se convierte para alguien que vista una talla 50 o superior en todo un reto. Por otra parte, la prevención y el tratamiento de esta enfermedad crónica tiene, según los especialistas y las asociaciones de pacientes, un amplio margen de mejora.

Existen importantes lagunas en el día a día de la asistencia que reciben los pacientes, apuntan los propios sanitarios. “La atención está poco estructurada. A la persona obesa casi siempre solo se le presta atención cuando aparecen enfermedades asociadas, como diabetes o problemas en las articulaciones”, explica Susana Monereo, responsable de la Unidad de Obesidad, Metabólico y Endocrino del Hospital Ruber Internacional de Madrid.

No corren mejor suerte las personas en las que está indicada la cirugía de reducción de estómago, aquellas en las que la dieta y el ejercicio físico no han surtido el efecto deseado y presentan al menos un Índice Masa Corporal (IMC) de 30 con patologías asociadas o de 35 sin estas. La lista de espera para esta operación supera en muchas comunidades autónomas los dos años, según la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO).

Pasar por el quirófano es la opción de la que podrían beneficiarse 400.000 personas en España, pero la obesidad afecta 21% de la población y sobre la mayor parte de la población afectada, unos nueve millones de personas, apenas se interviene, según la SECO. El motivo lo señala la doctora Monereo: “La percepción de la obesidad como enfermedad crónica es escasa entre la gente, pero también en el mundo sanitario”. Los especialistas son partidarios de elaborar para la población general una estrategia similar a la que existe en otras enfermedades como el cáncer o los problemas cardiovasculares.

Dentro de esa estrategia deseable ya existe un plan para la obesidad infantil. “Hay que aprender que la obesidad es una enfermedad desde pequeño”, dice Susana Monereo. El Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil fue presentado por el Gobierno en junio y recoge 200 medidas para prevenir y tratar la obesidad en niños y adolescentes. La estrategia implica a profesionales de distintos ámbitos y administraciones. El plan propone, entre otras medidas, favorecer fiscalmente los alimentos saludables, garantizar el acceso universal al deporte, incorporar la educación sobre salud en los planes de estudios, mejorar el etiquetado de los alimentos o incluir el cuidado sobre la salud mental en el currículo educativo (la obesidad es más frecuente en grupos vulnerables).

Isa Galán, de 36 años, se sometió a una intervención de reducción de estómago hace un mes tras cuatro años en lista de espera. Con 1,65 de estatura, llegó a pesar 137 kilos. Al quirófano entró con diez kilos menos, que corresponden a un Índice de Masa Corporal de 46 (a partir de 30 se considera obesidad). Empezó a acumular kilos en la adolescencia a pesar de las dietas controladas por nutricionistas que siguió y del ejercicio intenso que realizaba. Ni la natación ni la gimnasia artística ni el béisbol le ayudaron a perder peso. Su trabajo no es precisamente sedentario. Estudió Turismo, trabajó en el Circo del Sol durante ocho años por todo el mundo y ahora es coordinadora de eventos en una agencia de viajes en Madrid.

El exceso de peso condiciona cada actividad de la vida de una persona, desde las relaciones sexuales hasta los viajes. En ocasiones se convierte en un hándicap imposible de superar. Si alguien con un grado de obesidad severa que limite su movilidad tuviera que moverse en Madrid en taxi, le resultaría imposible hacerlo porque no hay ningún vehículo adaptado. Por Madrid circulan 16.000 taxis. En tres de las cooperativas que prestan este servicio en la capital la única opción que ofrecen para el desplazamiento de una persona con 140 kilos de peso es una minifurgoneta con más plazas que un coche normal pero no con asientos más grandes.

Ropa y accesorios un 50% más caros

Viajar en tren, autobús o avión también es una carrera de obstáculos. Isa Galán, que viaja con frecuencia en avión, tiene localizadas las filas en las que no puede sentarse. En las que sí puede hacerlo le resultaba imposible abrocharse el cinturón de seguridad. Resolvió el problema comprando a través de Amazon un extensor que ha incorporado a su equipaje habitual. Internet ha hecho la vida de las personas con obesidad un poco más fácil, lo que no se encuentra en un establecimiento convencional puede adquirirse en la tienda global.

Isa Galán tiene, además de obesidad, hipertrofia mamaria. En España no encontraba sujetadores de su talla y los compra en Inglaterra. Por internet compra también ropa, aunque las posibilidades de adquirirla en tiendas físicas se ha ido ampliando en los últimos años. Uno de los inconvenientes en la compra suele ser el precio, de media un 50% más caro que en el resto de tallas, que se ve incrementado si el paquete tiene que pasar por aduanas.

Sin embargo, no es el principal de los problemas. Isa Galán habla de maltrato en algunas tiendas físicas por la falta de sensibilidad de los dependientes. “Los hay que te miran y te dicen que no hay nada para ti en su tienda o justifican que no tienen tallas grandes porque no les resulta rentable”. Ese tipo de expresiones, repetidas una y otra vez, minan con frecuencia la autoestima.

Por ese motivo, las asociaciones de pacientes y los especialistas insisten en la necesidad de incorporar la atención psicológica al seguimiento de los pacientes.

El poder de las palabras

Un primer paso para luchar contra los prejuicios consiste en modificar el lenguaje prescindiendo de expresiones con una carga negativa. Los especialistas en cirugía de la obesidad lo han hecho, explica Antonio José Torres, jefe del Servicio de Cirugía General del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, borrando del lenguaje médico el término obesidad mórbida. “Es muy negativo, preferimos hablar de obesidad grave o severa porque las personas obesas están muy estigmatizadas y luchamos por borrar esa huella”.

Vivir con una mochila de 40 o 50 kilos de más afecta a todos los ámbitos de la vida de una persona, influye en su salud física e impacta profundamente en su salud psicológica. Parte de la atención integral que reclaman especialistas y pacientes pasa por la educación en salud que ayude a derribar los muchos mitos que rodean la obesidad y a quien la sufre. Suele partirse de una idea preconcebida. Eso conduce, apunta Isa Galán, “a que muchos piensen que una persona obesa es una vaga o alguien que come por tres, y de alguna manera es culpable de la situación que atraviesa”.

Tras la operación, en la mente de Isa Galán se dibuja ya la cifra que espera ver en la pantalla de la báscula dentro de unos meses. “Para mí ya será un logro pesar menos de 100 kilos, pero sé que probablemente llegaré más lejos y bajaré hasta los 80 kilos”.

Dejar atrás los kilos de más marca un punto de inflexión en la vida de una persona con obesidad porque incide en su bienestar físico y emocional. Los pacientes que arrastran enfermedades asociadas ven, además, cómo mejoran. De ahí que los especialistas insistan en la necesidad de no escatimar recursos. En este sentido, Susana Monereo comenta que “los fármacos para perder peso que han demostrado su eficacia, no están financiados por la Seguridad Social”, por lo que se tendría que iniciar un debate sobre la necesidad de invertir en estos tratamientos.

La evidencia científica demuestra que la pérdida de peso aumenta la esperanza de vida y lo hace especialmente en las personas con obesidad severa. “Se estima que aquellas personas con obesidad con indicación de cirugía que no se operan viven diez años menos de media que las que lo hacen”, añade el especialista del Clínico San Carlos.

En el caso de Isa Galán no había patologías asociadas a su obesidad que pudieran corregirse con la cirugía, pero con frecuencia sí existen y requieren tratamiento farmacológico u otro tipo de intervenciones que incrementan el gasto sanitario. La cirugía bariátrica es, además de la mejor opción terapéutica para muchas personas, una inversión para los sistemas sanitarios porque ahorra costes a largo plazo. “Los estudios macroeconómicos que hicimos las sociedades científicas en España, Francia e Italia demuestran el beneficio brutal de la operación. A partir de los tres años las curvas del coste de la intervención y del ahorro en otros tratamientos se entrecruzan”, apunta Antonio José Torres.

La filial española de la red mundial OPEN (Obesity Policy Engagemet Network) presentó en mayo en el Congreso de los Diputados el Decálogo de Derechos de las Personas con Obesidad que plantea un giro de 180º en el abordaje de la enfermedad y reclama en su primer punto el acceso de los pacientes “a la información, formación, diagnóstico y tratamiento en todos los ámbitos (psicológico, emocional, educacional, social y terapéutico).

El objetivo, apuntan especialistas y asociaciones de pacientes, es parar la progresión de la epidemia de obesidad y atender a las personas que la sufren de forma adecuada. Asegurarles una atención integral ayudaría a que su viaje con la enfermedad sea lo más liviano posible y en ningún caso se convierta en un itinerario con la soledad como compañía. “Es una cuestión de todos”, apunta Antonio José Torres. “El centro tiene que ser el paciente. Todos tenemos que volcarnos con él para conservar su salud, aumentar su esperanza y calidad de vida”.

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