“H de hecho”: así se organizan los grupos de activistas de Vox en Twitter

El partido cuenta con una telaraña de usuarios que se comunican a través de mensajes directos

El presidente de Vox, Santiago Abascal durante un acto electoral celebrado hoy en Oviedo.
El presidente de Vox, Santiago Abascal durante un acto electoral celebrado hoy en Oviedo.EFE

La telaraña de Vox en Twitter va más allá de sus 204.000 seguidores. Sus simpatizantes han creado una red de círculos paralelos a través de mensajes directos, una especie de grupos de WhatsApp. Este periódico creó una cuenta falsa hace unos días y en solo 24 horas recibió de golpe 1.000 seguidores. El crecimiento fugaz funciona de la siguiente manera: los usuarios teclean la etiqueta #SiguemeYTeSigoVox con un mensaje de apoyo al partido. Al instante, los perfiles comienzan a seguirse entre ellos. Seguir. Te sigo. Seguir. Te sigo. Pasado un par de días, algunos usuarios te añaden a grupos privados. Esta cuenta fake se añadió directamente a “Grupo ActiVOX 2” y “Grupo de Trabajo Vox13”.

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Los círculos de mensajes directos de Twitter se anunciaron a finales de enero de 2015. Cualquier usuario puede crear uno en pocos minutos. En un principio el límite de los miembros era de 20 cuentas, ahora son 50. La actividad es muy parecida a los grupos de WhatsApp. El Grupo Activox2 lo forman 42 miembros. Son cuentas reales manejadas por usuarios. Su administrador es el gallego Ramón Maceiras López. Según su perfil de Twitter, con 6.000 seguidores: “Conservador y consultor en Comunicación en Redes Sociales”. Maceiras militó en el Bloque Nacionalista Galego (BNG) hasta 2004. “Su viraje a VOX ha sorprendido en algunos círculos de Santiago”, se lee en un perfil publicado en La Voz de Galicia el pasado febrero. La mayoría de los miembros de este grupo tiene más de 2.000 seguidores y sigue a otros 2.000 gracias a la estrategia #SiguemeYTeSigoVox.

La cuenta @Valkiria642 envió un mensaje a este grupo el miércoles. “Si en el debate electoral de ayer por la noche hubiera estado presente Abascal, Sánchez se hace caca encima”. A continuación el resto de miembros responde: “H”. “H”. “H”. Significa hecho. Es decir, que los usuarios del grupo le han dado un retuit para amplificar la idea entre sus seguidores. Otro tuit privado: “Esta última semana centraros en el mensaje de Vox y de nuestros líderes, eso no quita de seguir dándole hasta en el cielo de la boca a golpistas, PSOE-Podemos, pero no nos podemos retroalimentar, todos tenemos seguidores que ya están convencidos en no votar a PSOE-Podemos y demás canallas…”.

“Esta estrategia es novedosa. Siempre había visto que los grupos se organizaban por Telegram, pero no por aquí”, apunta Mariluz Congosto, doctora en Telemática e investigadora de datos sociales. “Estos grupos de 50 personas quizá sirvan para crear una red que no se pueda detectar. Les hace inmunes a una batida de Twitter. Me suena mucho a artimaña de agencias de comunicación”.

La práctica no solo ocurre en España, donde usan Twitter cinco millones de usuarios. “Es una especie de voluntariado al partido. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner tenía una estrategia muy similar en Argentina. Se trata de ampliar los mensajes de manera masiva”, apunta Gustavo Entrala, creador de la cuenta del Papa en Twitter. Pese a mandar mensajes coordinados durante las 24 horas al día, no se transforma en un efecto masivo en la red. No llega a tanta gente como en los grupos cerrados de Facebook de los partidos políticos. Durante esta campaña electoral solo han conseguido ser tendencia en España en tres ocasiones, según Trendinalia: #SíguemeYTeSigoVox, #GolpistasaPrisión y #Nohablesenminombre

La experta Congosto destapó hace dos meses un caso de astroturfing en Twitter: acciones concretas en redes que tienen el objetivo de manipular o apoyar masivamente una idea. La cuenta —ya suspendida—pertenecía a una usuaria falsa que se hacía llamar Maria Dupla (@DuplaMaria). Tras eliminar su cuenta, se expresaba así en una conversación de Telegram: “Por suerte creé 15 grupos de Vox en Twitter de 50 personas muy activos. Eso no podrán cerrarlo y es más gente conectada. Y promoví el #siguemeytesigovox”. Hablaba de los grupos de mensajes directos.

Twitter

Dani Remigio está en varios de ellos. Hoy cuenta con 204.000 seguidores en Twitter—Santiago Abascal tiene 220.000—. “Tener siempre la razón a veces me trae problemas”, dice en su biografía. Remigio tiene 25 años, es madrileño e informático. En 2013 salió en un reportaje junto a cuatro chavales para los informativos de La Sexta: “Los influenciadores de Twitter”. Allí comentaba: “Tengo unos 200.000 seguidores. Me paran por la calle”. Por aquel entonces se lo rifaban las marcas para que colocara sus tuits como anuncios publicitarios. Lógico. Un tuit suyo podría convertirse entre los más comentados de la red en unas horas.

Ahora su perfil es distinto. Nada de empresas ni de publicidad, solo opinión. Remigio asegura que el PP y Vox no les ha llamado para que promocione gratuitamente sus actos. “Todo lo que cuelgo son opiniones. A mí nadie me dice qué es lo que tengo que poner. No voy a poner nada que yo no piense”, cuenta por teléfono.

Las entradas para el acto de Cañas por España de Vox en el teatro Barceló de Madrid se agotaron en pocos días. Remigió puso un tuit y rápidamente le respondieron: toma la entrada. "Como agradecimiento, pero en ningún momento ellos me han dicho que les apoye. Aquí ponemos nuestras opiniones, sin más. Estos grupos lo organiza la gente y que yo sepa no hay nadie del partido”. Fuentes del equipo de redes sociales de PSOE, Ciudadanos y Podemos dicen que no las usan. A la hora de elaborar este reportaje el PP no había ofrecido una respuesta. Y Vox no contesta a este periódico. 

Mientras, en el Grupo de Trabajo Vox 13 no paran de enviar vídeos de Santiago Abascal. El usuario El Castigador lanzaba un mensaje: "Cada hora que pasa coge más fuerza la opción PSOE-Ciudadanos. Mucho cuidado con esto". El resto de miembros responde al instante: "H". "H. "H".  

Sobre la firma

Manuel Viejo

Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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