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De la patera al CIE

Más del 80% de los internos desembarcó en España en una patera. Su destino depende de su nacionalidad: para los marroquíes es la salida de España; para los subsaharianos, la entrada

Interior del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.
Interior del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.

Los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) siguen perfilándose más como una puerta de entrada a Europa que de salida. Especialmente para algunas nacionalidades. Los altos índices de repatriación se producen solo en los casos de inmigrantes de algunos países como Marruecos, Colombia, Rumanía o Albania. Para ellos, el CIE es la antesala del regreso a su país: el porcentaje de devoluciones y expulsiones supera el 70%.

Los internos de Argelia tienen un índice de devolución de entre el 50% y el 60%, el mismo que los internos de Georgia o de la República Dominicana. Para los subsaharianos, a los que suele ser difícil identificar y devolver a sus países, los centros de internamiento son un encierro —de hasta dos meses inútil. No se repatria a prácticamente nadie, según los datos del Ministerio del Interior, recogidos en el último informe sobre los CIE del Servicio Jesuita a Migrantes.

Los números revelan que, mientras el 86% de los casi 1.600 marroquíes internados el año pasado ven en el CIE un paso previo a su repatriación gracias a los acuerdos en materia de inmigración de España con su país, hay inmigrantes de otras nacionalidades a los que se interna para luego ponerlos en libertad y dejarlos en un limbo. No se los expulsa de España pero tampoco se les facilita la regularización, condenándolos a un bucle de ilegalidad. De hecho, el primer motivo de baja de los CIE en 2017, el 62% de los casos, fue la puesta en libertad.

Es el caso de ciudadanos de Burkina Faso, República del Congo y República Democrática del Congo, Gambia, Guinea, Guinea Bissau, Mauritania, Senegal, Camerún, Costa de Marfil, Sierra Leona y Malí. En 2017 hubo 3.774 internos de esos países en los CIE españoles y solo se repatrió forzosamente a 48, normalmente en un procedimiento de devolución. “En la segunda mitad de 2017, cuando aumentó considerablemente la entrada de personas argelinas y marroquíes, apenas se internó a la población subsahariana, posiblemente por el cálculo de probabilidad de eficacia de la medida. De verdad, ¿tiene sentido infligir tanto sufrimiento inútil?”, cuestionan los jesuitas.

Precisamente, otra tendencia que se revela en el informe es cómo los CIE se han llenado de inmigrantes que se enfrentan a un expediente de devolución por entrada ilegal en España, especialmente por la costa. En 2016 fueron 6.000 internos con este perfil, un número que aumentó hasta 7.320 en 2017. Más del 80% del total de los 8.814 internos del año pasado habían alcanzado España en patera.

Este crecimiento se explica porque la llegada irregular de extranjeros en 2017 duplicó la de 2016. Aunque el número de internos en los CIE crece desde 2015, aún es una pequeña fracción de los 28.572 inmigrantes que entraron irregularmente en España en 2017. Un año más y a pesar de ser ilegal, se registró la presencia de menores, un colectivo considerado vulnerable frente a los solicitantes de asilo. Fueron 48 menores, frente a los 51 de 2016 y los 19 de 2015.

Los números del informe revelan también que el año pasado fueron más los inmigrantes repatriados desde los CIE que en 2016. El dato acerca estos centros a la que se supone que es la finalidad para la que fueron creados, una medida cautelar antes de enviar al interno a su país. En 2016 hubo 9.241 repatriaciones, pero solo en 2.205 casos, el 23%, se trataba de inmigrantes internados. En 2017 ese número parece duplicarse, aunque en el Servicio Jesuita a Migrantes piden cautela porque los números ofrecidos por el Ministerio del Interior “son fragmentarios y parecen tener lagunas”.

Según esos datos de las 9.626 repatriaciones de 2017, el 41% afectó a internos del CIE. “La nota más característica de 2017 es el aumento de inmigración irregular marroquí y argelina por vía marítima”, explica Pep Buades, autor del informe. “La facilidad con la que se los identifica y devuelve permite comprender el triste aumento de ‘eficacia’ del internamiento en CIE”.

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