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La transformación de Sheinbaum a favor del ‘fracking’

La presidenta rechazó durante su campaña el uso de esta técnica de extracción de hidrocarburos a la que hoy abre la puerta en nombre de la soberanía energética. Grupos ambientalistas acusan una traición al voto

Bombas de extracción en la cuenca del Pérmico, al este de Carlsbad, Nuevo México, el 20 de mayo de 2025.Susan Montoya Bryan (AP)

En su primer acto de campaña a la presidencia, ante un Zócalo repleto, Claudia Sheinbaum enumeró 100 compromisos. Eran comienzos de marzo de 2024. La candidata de Morena había heredado el “bastón de mando” del movimiento izquierdista de manos del entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador. A lo largo de la campaña, Sheinbaum se abrazó al legado del líder morenista y prometió darle continuidad. En aquel primer baño de masas en la gran plaza capitalina, como parte de su centenar de promesas, dijo: “No se va a permitir la explotación de hidrocarburos a partir del fracking”. Se trataba de una bandera tanto de Morena como de López Obrador, de la que ahora Sheinbaum, una física con formación en el área del cambio climático, se ha distanciado. Esta semana, la presidenta ha confirmado —como adelantó EL PAÍS— que su Gobierno explora la manera de utilizar la fractura hidráulica para extraer gas del subsuelo, con el objetivo de que México deje de depender de las exportaciones de Estados Unidos, al que se le compra entre el 70% y el 80% del recurso.

La mandataria aseguró que, de la mano de un grupo de expertos, se evalúan medidas amigables para que la aplicación del fracking no sea tan dañina con el medio ambiente y se favorezca la reutilización del agua. Este discurso contrasta con otro pasaje de la trayectoria política de Sheinbaum. En diciembre de 2023, todavía en el marco de la contienda interna de Morena por la candidatura presidencial, visitó San Luis Potosí, Estado que forma parte de los cinturones de yacimientos de gas. Allí dijo: “En nuestro Gobierno tampoco habrá fracking, así de sencillo, porque requiere grandes cantidades de agua, además de que el agua que se ocupa difícilmente se puede reutilizar, y justamente en la zona centro-norte del país es donde más escasez de agua hay”.

Grupos ambientalistas han encendido las alarmas frente al gran giro energético de Sheinbaum. La Alianza Mexicana Contra el Fracking, un colectivo de más de 40 organizaciones de varios Estados del país, acusó esta semana a la presidenta de “traicionar el voto popular”, tras la apertura de su Administración a evaluar la extracción de gas mediante la fractura hidráulica, la técnica que su antecesor prometió erradicar. El señalamiento tiene un peso simbólico particular. Morena construyó parte de su identidad política en oposición al fracking y Sheinbaum reforzó esa narrativa durante su campaña presidencial. El nuevo viraje obedece a que la mandataria ha priorizado la soberanía energética sobre los dogmas partidistas, según ha documentado este periódico.

En febrero de 2024, López Obrador, aún siendo presidente, envió al Congreso una baraja de reformas que él consideraba prioritarias para terminar de cimentar su sexenio, ante la incertidumbre de las elecciones que vendrían meses después, a mediados de ese año. Una de esas iniciativas proponía prohibir desde la Constitución la fractura hidráulica. No se le dio trámite de inmediato, porque Morena no tenía entonces la fuerza necesaria en las Cámaras del Congreso para aprobarla. Sheinbaum y el oficialismo tuvieron un triunfo arrollador en las elecciones del 2 de junio y se hicieron con la mayoría legislativa. Entonces sí, varias de las reformas de López Obrador se avalaron, pero la del fracking fue enviada a la congeladora. Un legislador de Morena confirmó a este periódico que, de manera intencional, su partido dejó morir esa iniciativa, para dejar abierta la ventana que ahora Sheinbaum busca aprovechar.

Los avances han sido sostenidos. En el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, elaborado para reflotar las finanzas tan comprometidas de la paraestatal, se habla de reactivar “la evaluación de yacimientos de geología compleja” mediante “esquemas contractuales que permitan la participación de inversión privada”. Un término indirecto al que ha recurrido el Gobierno para evitar la palabra fracking. Paralelamente, se ha asignado un presupuesto millonario de Pemex en rubros relacionados con este tipo de extracción.

El Gobierno requiere de esquemas de inversión público-privada, dado lo costoso que es obtener gas mediante la fractura hidráulica. La Secretaría de Energía sostuvo la semana pasada una reunión con el sector empresarial, donde se habló de inversiones en el desarrollo de yacimientos de gas no convencional, ubicados en Coahuila, Tamaulipas y Veracruz; también se abordó el marco regulatorio necesario para eventuales proyectos que implican inversiones mixtas. En este punto, la iniciativa privada espera beneficios fiscales que hagan rentables sus aportaciones.

Uno de los argumentos que ha dado pie al fracking descansa en la paradoja de que México rechaza aplicar la técnica en su territorio para aprovechar sus propias reservas mientras consume gas obtenido con esa misma técnica en Estados Unidos. Colectivos ambientalistas señalan que uno u otro camino solo confirman la dependencia de México respecto de los combustibles fósiles. Para Sheinbaum, la meta de la soberanía energética amerita enfrentar el desgaste político que representa ir a contracorriente de los movimientos progresistas de todo el mundo e incluso en contra de sus promesas de campaña.

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