La FIL pone una vela al libro y otra al balón

Amazon utiliza su pequeño stand para retransmitir el Mundial en pantalla grande

Asistentes a la FIL observan el partido México-Argentina en los pasillos de la Feria.Foto: ROBERTO ANTILLON | Vídeo: EPV

El estand más pequeño, la pantalla más grande. Así es la presencia de Amazon en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara (México), que el sábado abrió sus puertas a lo grande tras un 2020 estrictamente virtual por la pandemia y un 2021 al 50% de aforo por precaución. A lo grande en la FIL significa que en los próximos nueve días, el recinto de la Expo de Zapopan (la Ifema local) espera a los 800.000 visitantes de los años normales. Si pensamos que la última Feria del Libro de Fráncfort, la mayor del mundo, recibió hace dos meses 73.500 (eso sí, durante cinco días), nos haremos una idea de la mastodóntica dimensión popular de la cita mexicana.

La FIL mide 43.000 metros cuadrados, es decir, como seis campos de fútbol. La equivalencia no es baladí, y menos este año. A la una de la tarde, minutos después del solemnísimo acto inaugural, la pantalla de Amazon conectó con Qatar para retransmitir el partido entre Argentina y México (2-0). Sabemos que Jeff Bezos quiere comprar los Washington Commanders, un equipo de fútbol americano, pero su empresa se jacta de darle al cliente lo que pide. Y el sábado pedía balón. Como atrezo colgaban del techo réplicas gigantes de varios libros. Los de moda, por supuesto: El señor de los anillos, Cien años de soledad y ―milagros del dios del fútbol, es decir, de Maradona― la edición de la editorial Herder de El hombre en busca de sentido, el ensayo escrito por Viktor Frankl tras su paso por Auschwitz. Los hinchas de la psicología comenzaron a buscarlo masivamente en internet después de que Luis Enrique, el seleccionador español, declarase que había sido una lectura decisiva para él.

Amazon manda en el mundo del libro, pero en la FIL se refugia, discretamente, en un pasillo lateral. Quien ostenta el poder no necesita hacer ostentación. A unos metros del pabellón del país invitado, el emirato árabe de Sharjah, el protagonismo se lo llevan los estands de Planeta y Penguin Random House, verdaderos condominios flanqueados por Fondo de Cultura Económica, el gigante de la edición pública, y Sexto Piso, el gigante de los pequeños: su espacio da cobijo a 30 sellos independientes de América y España (de Tumbona a Minúscula pasando por Astiberri o Godot).

Si Penguin presume de contar ―a medias con Siruela―, con la edición de bolsillo del título más citado en la inauguración ―El infinito en un junco, de Irene Vallejo―, Planeta aprovecha una curiosa excepción mexicana. En 2006 compró la editorial Diana, cuyo catálogo tiene su propio dios: Gabriel García Márquez. Por eso, y para celebrar los 40 años de la concesión del Nobel al autor colombiano, ha colmado sus estanterías de reediciones y mariposas amarillas mientras se dispone a llenar la piel de los visitantes de calcomanías con el famoso lepidóptero. En el resto del mundo hispano, los derechos de esos mismos libros pertenecen a su gran rival: la multinacional del pingüino. No se había visto nada parecido desde que Di Stéfano fichó a la vez por el Barça y por el Real Madrid.

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Javier Rodríguez Marcos

Es coordinador de la información literaria en 'Babelia', suplemento cultural de EL PAÍS. Antes trabajó en 'ABC'. Licenciado en Filología, es autor de la crónica 'Un torpe en un terremoto' y premio Ojo Crítico de Poesía por el libro 'Frágil'. También comisarió para el Museo Reina Sofía la exposición 'Minimalismos: un signo de los tiempos'.

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