López Obrador condena en La Habana el embargo de EEUU y pide a Cuba que “la revolución sea capaz de renovarse”

El presidente mexicano recibe en Cuba la Orden José Martí durante una visita de alto simbolismo político

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, saluda a Andrés Manuel López Obrador, en La Habana.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, saluda a Andrés Manuel López Obrador, en La Habana.YAMIL LAGE (AFP)

Hasta qué punto el viaje a La Habana del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se traducirá en hechos concretos que hagan avanzar las relaciones bilaterales, la historia dirá. De momento, este domingo el mexicano fue condecorado en Cuba con la Orden José Martí, la más alta distinción que conceden las autoridades de la isla a una personalidad extranjera, y con eso queda dicho casi todo. Más allá de los acuerdos que suscribieron ambos países, que fueron sobre todo declaraciones de buenas intenciones, para el Gobierno de Miguel Díaz-Canel la visita fue importante por el apoyo político que representó, pues en tierras cubanas López Obrador volvió a denunciar con toda contundencia el embargo norteamericano contra la isla, que dura ya seis décadas y La Habana considera la principal causa de sus males económicos.

El presidente mexicano criticó a EEUU por su política de asfixia contra la isla para tratar de forzar un empeoramiento de la situación económica que lleve a la población a levantarse contra el Gobierno, “algo que no parece probable”, señaló, aunque advirtió que si ello ocurriese sería “un triunfo vil y canalla” de Washington. Se ofreció a usar sus buenos oficios con el presidente estadounidense, Joe Biden, para que entienda que “es tiempo de diálogo” con Cuba y no de confrontación, y que deben restablecerse relaciones normales entre ambos países. “Es el momento de una nueva convivencia”, aseguró, en un largo discurso en el que repasó los vínculos bilaterales y mencionó a los grandes próceres de la independencia de Cuba y el apoyo que recibieron de México para lograrla.

“Nunca he apostado ni apostaré al fracaso de la Revolución cubana, a su legado de justicia y a sus lecciones de independencia y dignidad”, afirmó, pero al mismo tiempo lanzó un mensaje a La Habana de que era necesario hacer cambios: “prefiero seguir manteniendo la esperanza de que la Revolución renazca en la Revolución, de que la Revolución sea capaz de renovarse para seguir el ejemplo de los mártires que lucharon por la libertad”. Dijo que creía que “se están haciendo las cosas con ese propósito”, y que eso sería “la segunda gran lección de Cuba para el mundo”.

López Obrador también rechazó la exclusión de Cuba (y de Nicaragua y Venezuela) de la próxima Cumbre de Las Américas, convocada por Joe Biden el próximo mes de junio en la ciudad de Los Ángeles, y se comprometió a insistir con el presidente norteamericano para que no haya países vetados. En estos momentos este tema pesa mucho en La Habana, más después de los pronunciamientos de varios países de la Comunidad del Caribe (Caricom), que se han plantado y advertido a Washington que si persiste en las exclusiones ellos no acudirán. Son 14 países, y que López Obrador esté firmemente al lado de la isla en este asunto es relevante, ya que México no es un país latinoamericano cualquiera.

Tras las palabras del mexicano, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, le agradeció sus “firmes y reiteradas declaraciones a favor del cese del bloqueo genocida”. En vísperas de la visita, ya había saludado al presidente mexicano por su persistente defensa de la revolución y su elogios a la “dignidad y espíritu de resistencia” del pueblo cubano. “Esos son los pilares más sólidos en los que se asientan nuestras relaciones”, dijo entonces Díaz-Canel.

El viaje no solo fue importante para Cuba, sino también para López Obrador, que ha hecho una bandera de su política de respaldo activo a La Habana frente a EEUU. A diferencia de otros presidentes mexicanos –todos han visitado Cuba desde 1959, pero la mayoría lo han hecho al terminar su mandato, de un modo protocolar-, López Obrador llegó a mitad de legislatura y después de haber visitado tres veces Estados Unidos, escenificando que quiere dar el máximo nivel a las relaciones entre los dos países en consonancia con la tradición que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantuvo durante décadas, siguiendo la filosofía de que “al defender a Cuba se defiende también a México y sus principios”.

En qué medida los resultados del viaje superan su simbolismo, que es mucho, se verá. Durante su estancia -de 24 horas- en La Habana, López Obrador sostuvo conversaciones oficiales con Miguel Díaz-Canel y asistió junto a él a la firma de dos documentos bilaterales: uno en el sector de la salud, en el que ambos países expresaron su voluntad de fortalecer la cooperación para “promover la capacitación de sus recursos humanos y de estimular la investigación y la asistencia en diferentes áreas de la salud”, pero sin mencionar la posible adquisición por México de medicinas y vacunas contra la covid-19 desarrolladas por los laboratorios cubanos, que se está valorando; y otra declaración, de carácter político, rubricada por los propios Díaz-Canel y López Obrador, en la que escuetamente expresaron su interés por “continuar fortaleciendo los históricos vínculos de hermandad y fraternidad entre ambos países” y “consolidar una nueva etapa en la relación bilateral”.

Nada se dijo públicamente de la posibilidad de que instituciones financieras mexicanas puedan asistir a sus inversores y fortalecer el comercio bilateral –en estos momentos los intercambios rondan los 400 millones de dólares anuales, cifra que sitúa a México entre los 10 primeros socios de La Habana-, y tampoco de ampliar las capacidades del Consulado en La Habana, en momentos de gran presión migratoria. En los últimos dos meses, 67.000 emigrantes ilegales cubanos han entrado a EEUU por la frontera mexicana, un récord absoluto. A México le interesa promover una emigración legal y segura, no que estos emigrantes vayan cruzando fronteras y caigan en manos de mafias, pero para ello es indispensable que el consulado pueda recuperar el ritmo anterior a la pandemia –en 2018 se concedieron 24.000 visados a ciudadanos cubanos, este año cuando más se llegará a 18.000-. Aunque el tema migratorio fue el eje de la gira centroamericana de López Obrador, en La Habana el tono fue otro y ni salió en las declaraciones oficiales.

Algunos analistas destacaron que no era casualidad el hecho de que López Obrador viajara a La Habana con una pequeña comitiva que incluyó al canciller, Marcelo Ebrard, y a los secretarios de Defensa, Luis Crescencio Sandoval, y de Marina, José Rafael Ojeda. Según declaró a la revista Proceso Arturo López-Levy, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Holy Names, de California, “López Obrador quiere que sus militares intercambien ideas y conceptos doctrinales con militares de izquierda y que vean cómo los militares cubanos se han insertado en lógicas de seguridad nacional que van más allá de la defensa e incluyen temas como la lucha contra la pobreza, el manejo de empresas estratégicas y el desarrollo económico”. Sea esta apreciación acertada o no, sí quedó clara la gran carga simbólica y política de la visita para ambos países. Antes de regresar a México en la noche del domingo, el presidente mexicano tenía previsto encontrarse con intelectuales y artistas cubanos con los que guarda una relación de amistad desde hace tiempo, como los cantantes Silvio Rodríguez y Amaury Pérez Vidal. Otro guiño más al imaginario común.

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