Catherine e India Oxenberg | Supervivientes de NXIVM

Una víctima de la secta sexual NXIVM: “Me dio mucho miedo escuchar que me iban a matar si iba a México”

Catherine e India Oxenberg rompen el silencio sobre su escape del grupo, las amenazas que recibieron, el juicio contra el líder y el papel de la actriz Allison Mack en el grupo de acólitas

India Oxenberg, supervivente de la secta NXIVM, en un fotograma de su serie.STARZPLAY

India Oxenberg (Los Ángeles, 1991) fue la primera en ser marcada en su grupo de esclavas. Había estado cinco años en NXIVM (se pronuncia Nexium), una organización señalada por la Justicia estadounidense como una secta sexual, que se vendía bajo la fachada de la superación personal. La promesa de DOS, una sororidad secreta dentro del culto, era empoderar a las mujeres, ayudarlas a conquistar el éxito, mejorar sus vidas. En 2016, mientras el bolígrafo cauterizador quemaba la piel de su pelvis con las iniciales KR, ella recuerda que el olor era tan intenso que llenó toda la habitación. Un año después, un artículo de The New York Times expuso la patraña: todo había sido orquestado por Keith Raniere, el líder y fundador, para tener un harén a su disposición.

Cuando explotó el escándalo, India, hija de la actriz Catherine Oxenberg (Nueva York, 1961), perdió el control de su vida. Su madre recurrió a la prensa y lanzó un grito desesperado para rescatarla. Funcionó. El FBI decidió tomar cartas en el asunto, pero los periódicos se llenaron de titulares como “esclava” y “exnovia de Raniere”. Ahora quiere ser ella la que cuente su historia: “Fue una pesadilla, pero estaba tan apegada en ese momento a NXIVM que no veía que estaba en ella”. En esta entrevista, madre e hija rompen el silencio sobre el precio que pagaron por escapar de los engaños de Raniere —que será sentenciado este próximo martes en Nueva York—; el papel en la trama de Allison Mack—actriz de la serie Smallville y su ama en DOS—, y su propio proceso de confrontación y autoperdón.

La caída de Raniere, detenido en México en marzo de 2018 y declarado culpable de explotación sexual y otros seis cargos en junio del año pasado, no hubiera sido posible sin la ayuda de un grupo de miembros, sobre todo mujeres, que decidieron exponer la estafa cuando se enteraron de la existencia de un grupo de esclavas. Catherine Oxenberg, que acompañó a su hija al primer curso de NXIVM en 2011 pero lo abandonó poco después, se sumó a actrices como Sarah Edmonson y Bonnie Piesse para presionar a las autoridades estadounidenses a que tomaran cartas en el asunto. Nadie las tomaba en serio al principio. NXIVM llegó a amasar unos 18.000 seguidores, principalmente en México, EE UU y Canadá, y no solo se daba el lujo de limpiar su imagen con eventos como conferencias con el Dalai Lama, sino que acosaba con demandas y amenazas a sus desertores.

“Me mandaron documentos legales amagando con acusarme de muchos delitos y con meterme a la cárcel”, relata la madre, quien ha asegurado que el hijo de un expresidente mexicano fue directamente quien la amenazó. “Me dio mucho miedo escuchar que me iban a matar si iba a México, esta gente era muy poderosa”, agrega la mayor de las Oxenberg.

“Los mexicanos eran muy importantes en el grupo, gente de estatus y familias prominentes y eran quienes, probablemente, aportaban más dinero, más que los de Estados Unidos y los de Canadá”, dice su hija. El halo de exclusividad, con cursos que costaban miles de dólares, se vendía como pan caliente en México, bajo la idea de que si los familiares de tres expresidentes, empresarios y miembros de la farándula lo avalaban, debía merecer la pena.

“Durante mucho tiempo quise endulzar las cosas para sentirme mejor y ahora me doy cuenta de que es mejor aceptar lo que fue: un abuso de poder”, señala. El perfil de India Oxenberg, entonces una chica de 19 años con vínculos con la realeza europea y Hollywood, la hacía un blanco perfecto para Raniere. El patrón era explotar las vulnerabilidades, la fama y la riqueza de sus seguidores, que desembolsaban grandísimas cantidades de dinero para un gurú incuestionable que se presentaba como “el hombre más inteligente del mundo”. Eso se repite una y otra vez en la industria de la autoayuda, valorada en más de 11.000 millones de dólares tan solo en Estados Unidos, según la consultora Market Data.

A finales de 2015, Raniere instruyó a mujeres de su círculo cercano para que crearan DOS, una estructura paralela dentro de NXIVM formada solo por mujeres, y prepararan a otras para tomar un juramento vitalicio, que incluía ser marcadas sin anestesia, sufrir humillaciones y participar en actos sexuales con el gurú, que se vendían como retos de “superación personal”. Se decía que la marca era “una runa”. En realidad eran las iniciales del líder.

Antes de llegar a ese punto había un largo proceso de adoctrinamiento, empapado de misoginia. “Las mujeres tienen el peor orgullo de todos”, dice uno de los materiales del curso para mujeres de NXIVM, centrado en la obediencia femenina para evitar que se conviertan en “princesas”.

El grupo de esclavas partía de un esquema piramidal, en el que las mujeres eran reclutadas por amas y después metían a otras seguidoras bajo su jerarquía. La cima de la pirámide estaba reservada para el líder, el único hombre, algo que la inmensa mayoría no sabía. Además de ser marcadas, las reclutas debían entregar “colaterales”, como fotografías íntimas o títulos de propiedad para evitar que divulgaran la existencia del grupo.

El control era total. India Oxenberg debía pedir permiso a Mack para dormir o salir a la calle y someterse a una dieta de 500 calorías al día, el equivalente a una rebanada gruesa de pastel. Los abusos hicieron que dejara de menstruar y que se le cayera el cabello. “Quiero que lo condenen a cadena perpetua”, afirma la joven y confiesa que está muy nerviosa a unos días de conocer la sentencia y de confrontar a su agresor en la corte. “Nadie ha dejado NXIVM mejor que como llegó, la gente se va sin dinero, sin trabajo o termina siete años en la cárcel”, dice, en referencia a Clare Bronfman, la heredera del imperio licorero Seagram, condenada a principios de mes.

La compleja estructura de la sororidad secreta dentro de NXIVM, en la que una misma persona era víctima y también perpetraba el abuso, ha hecho mucho más complejo el hecho de aceptar y superar lo sucedido para quienes pasaron por el grupo.

—Siento pena por Allison porque era una persona rota que fue abusada por Keith, pero también sé que hizo cosas criminales y crueles. Tiene que enfrentar las consecuencias.

—¿Siente culpa por sus esclavas?

—Sí, me siento culpable de haber metido a otras personas a NXIVM y de haber metido a otras mujeres a DOS. Pero sé que lo hice con buenas intenciones. En verdad creía que eran cosas buenas y no trataba de lastimar a nadie, pero todavía me duele. Todavía es difícil. Yo tomé estas decisiones y tengo que confrontarlo conmigo misma. Tengo que hablar de esto con las mujeres que recluté. Gracias a Dios, ninguna fue marcada y ninguna tuvo relaciones sexuales con Keith.

Le tomó siete años dejar la secta. En el verano de 2018, Oxenberg se mudó de Albany (Nueva York), la sede principal del grupo, a la casa de su madre en Malibú. En sus cajas había memorias USB y cosas personales de Mack, que no confiaba dejar en una bodega. Ahí encontró grabaciones que incriminaban a la actriz y a Raniere, en las que detallaban lo que realmente sucedía tras bambalinas. “Eso me abrió los ojos”, recuerda. A partir de ese momento, colaboró nueve meses con el FBI.

Fue entonces también cuando comenzó un proceso de terapias para combatir el lavado de cerebro y reconciliarse con su familia. “Fue muy doloroso”, explica su madre: “La habían programado en mi contra y cualquier cosa que saliera de mi boca, ella lo rechazaba”. “Durante mucho tiempo pensé que había perdido a mi madre”, cuenta la hija, “lo que ella hizo por mí fue extraordinario, me devolvió la vida”.

El escándalo mediático que desenmascaró a NXIVM se produjo semanas después del primer mensaje en redes sociales del movimiento #MeToo y días después de las primeras revelaciones sobre el productor Harvey Weinstein. Fue como abrir las compuertas de una presa: la marea de denuncias empujó a mujeres a hablar de lo que habían vivido dentro de la secta, en un momento en que la sociedad empezaba a mirar de frente a los depredadores sexuales. “Es una coreografía divina”, dice Catherine Oxenberg, “si esto no hubiera pasado, la prensa nunca hubiera contado esta historia e India tal vez seguiría en NXIVM”. “Le debemos mucho al #MeToo”, agrega su hija.

Su odisea ha quedado documentada en Seduced, una serie que se estrenó el pasado 18 de octubre en Latinoamérica y que llegará a España a mediados de noviembre. El documental, producido por Starz, ahonda en la espiral descendente de varias mujeres que pasaron por la secta y da dignidad a sus historias. A diferencia de otros proyectos fue encabezado por mujeres, como la directora Cecilia Peck, quien también fue blanco del grupo. Tras pasar por una sororidad que esclavizaba mujeres, la serie ayudó a Oxenberg a confiar en personas de su sexo otra vez.

Hoy, la chica que era catalogada como una esclava más tiene esperanzas en el futuro, se ha tatuado un mandala sobre su antigua marca y quiere alzar la voz. “El miedo hace que las personas nunca hablen de lo que vivieron, pero eso es exactamente lo que busca un depredador”, dice antes de cortar. “Mi mensaje para otras mujeres que siguen dentro, quieren abandonar una secta o se han ido es que no las juzgo y espero que puedan salir y vivir sin pena, recuperar sus vidas”.

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