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Claudia Sheinbaum toma las riendas de la Ciudad de México cobijada por López Obrador

La nueva jefa de Gobierno anuncia que eliminará el cuerpo de granaderos, un reclamo del movimiento del 68, en memoria de los muertos en la matanza de Tlatelolco

Claudia Sheinbaum junto a López Obrador en el Congreso. FOTO: AP | VIDEO: Capital 21

Claudia Sheinbaum (Ciudad de México, 1962) ha tomado posesión este miércoles como nueva jefa de Gobierno de la capital mexicana. Su presencia al frente de la ciudad más grande de habla hispana del mundo —por la que circulan diariamente más de 20 millones de personas— supone un hecho histórico, pues esta licenciada en Física y doctora en Ingeniería Energética se ha convertido en la primera mujer electa en lograrlo. Y su Gobierno impone una nueva era: el poder local y el de todo el país estarán controlados por el mismo partido por primera vez desde que se celebraran los primeros comicios en el entonces Distrito Federal, en 1997. Pero en el acto de investidura compartió protagonismo. A su derecha, sobre la tarima, la figura de López Obrador captó mucha de la atención del primer acto oficial como jefa de la capital.

Sheinbaum había llegado unas horas antes, pero su entrada no supuso tanto alboroto como la irrupción del nuevo presidente de México en mitad del acto. "¡Viva Andrés Manuel! ¡Es un honor estar con Obrador!", gritó la mayoría de asistentes, unos minutos antes de que la nueva jefa de la capital pronunciara las palabras que la convertían oficialmente en la primera mujer electa en la historia que lo hace. López Obrador solo acompañó desde la tribuna a Sheinbaum y al presidente de la Cámara sin dar ningún discurso. El poder federal también ha estado representado desde la platea por la nueva secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. A su salida, los fotógrafos, acostumbrados a esquivar codazos cuando cubren a López Obrador, buscaban desesperadamente su foto.

AL figura de López Obrador estuvo presente en el discurso de los diputados al inicio del evento. Algunos, como el representante del conservador Partido Acción Nacional, lanzó un mensaje claro a la nueva jefa de Gobierno: "Esperemos que sepa decirle que no al presidente cuando la ciudad lo necesite". Sheinbaum asintió con una media sonrisa a sus espaldas.

El anuncio más importante ha sido también el más emotivo. Sheinbaum ha querido rendir homenaje a una de las tragedias sin resolver de la capital: la matanza del Tlatelolco de 1968. Y en memoria de quienes fueron asesinados y desaparecidos por la represión policial durante aquel movimiento ha anunciado la desarticulación del cuerpo de granaderos (antidisturbios). "La Policía está para cuidar al pueblo y no se requieren cuerpos para reprimirlo", ha manifestado Sheinbaum ante una grada de pie. El cuerpo de granaderos cuenta con alrededor de 6.000 efectivos, según señaló en una conferencia de prensa el anterior secretario de Seguridad, Hiram Almeida. Y, aunque la nueva jefa de Gobierno ha anunciado que se integrarán en otros grupos policiales —incluso en uno nuevo especializado en protección civil— no ha explicado todavía quién desempeñará las funciones que estos realizan. Además de estar presentes en las manifestaciones, controlan la seguridad de grandes eventos como partidos masivos de fútbol o la peregrinación a la Basílica de Guadalupe cada 12 de diciembre. A partir del 1 de enero de 2019 se hará efectiva su retirada.

Sheinbaum, con la sobriedad que le caracteriza, ha pronunciado un discurso aséptico, sin grandes promesas y con propuestas centradas en la planeación, más que en la improvisación. "En medir bien antes de tomar decisiones", ha insistido cuando ha mencionado sus medidas enfocadas en combatir la desigualdad, la discriminación —especialmente a mujeres, comunidad LGBTTI y pueblos indígenas—, la falta de agua, el acceso a una educación para todos, la inseguridad. Una cautela en el lenguaje que representa estos días toda una rareza. La nueva jefa de Gobierno, que ha sido leal al presidente mexicano durante los peores años —tras su primera derrota en las presidenciales de 2006 y hasta ahora— supone, al menos en las formas, una antítesis de su figura.

Para despedir el acto, de casi tres horas, ha querido invocar el espíritu solidario de los habitantes de la capital, manifestado especialmente en catástrofes como los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017. "Dos veces hemos sido testigos de lo que es capaz este pueblo. En especial nuestros jóvenes", ha declarado. "Vamos a hacer todo, todo, todo, lo que esté en nuestras manos para estar a la altura de este pueblo solidario y generoso al que tenemos el orgullo de pertenecer. No les vamos a fallar", como también dijo el pasado sábado el presidente López Obrador, de nuevo protagonista del día en México.

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