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La ‘ola Bolsonaro’ lleva a Brasil a su Congreso más conservador desde el fin de la dictadura

La Cámara tendrá un 30% más de diputados de derechas, un movimiento que abre la puerta a la abolición de planes considerados de izquierdas

La Cámara de Diputados brasileña.
La Cámara de Diputados brasileña. Agencia Brasil

La ‘ola Bolsonaro’, que barrió en la primera vuelta de las elecciones en Brasil, ha impulsado el Congreso más conservador desde el fin de la dictadura (1965-1985) en el país más poblado de América Latina. De los 513 asientos en la Cámara de los Diputados, 301 estarán en manos de parlamentares de derecha a partir del 1 de enero de 2019, 63 a más que en la última elección. El Partido Social Liberal (PSL), del ultraderechista Jair Bolsonaro, por ejemplo, partía con ocho escaños y logró aumentar esa cifra hasta los 52 asientos -casi la décima parte de la nueva Cámara- en los comicios del pasado día 7 de octubre.

El PSL logró superar a partidos tradicionales de centro derecha, como el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), que vieron como perdían buen parte del poder acumulado en sus bancadas. El primero pasó de 49 asientos a 29 y el segundo, de 51 a 34. Pero globalmente, el empuje de las formaciones de derechas ha crecido y mucho. “Estamos viendo un movimiento de ampliación de los conservadores en el Congreso desde finales de la década pasada, pero ahora parece que tienen fuerza para, de hecho, imponer una agenda si Bolsonaro finalmente gana [en la segunda vuelta, en 12 días]”, analiza Oswaldo do Amaral, profesor de Ciencia Política de la Universidad Estatal de Campinas.

El candidato ultraconservador, que parte como gran favorito para convertirse en el próximo presidente de Brasil, cosechó 49 millones de votos en el primer turno, el 46% del total. Y su auge llevó en volandas a los candidatos a diputado que siguieron su bandera conservadora, anti-Partido de los Trabajadores (PT) y anticorrupción. Las consecuencias de este fenómeno todavía dependen de dos condicionantes: la confirmación de la victoria de Bolsonaro el próximo día 28 y las opciones estratégicas que el nuevo presidente tome si sale elegido. ¿Utilizará su capital político para intentar implementar complejas reformas económicas, como la de las pensiones, o concentrará sus fuerzas en aprobar proyectos relacionados con los usos y costumbres para satisfacer a los sectores más conservadores e el plano social?

La crecida conservadora en el Congreso trae consigo -esto sí es seguro- un incremento en la probabilidad de avance de proyectos conservadores, como la flexibilización del Estatuto del Desarme y de la Escuela Sin Partido, una polémica propuesta que altera las leyes de Directrices y Bases de la Educación y que establece que, en la enseñanza, los valores de orden familiar deben prevalecer en todo lo relacionado con la educación moral, sexual y religiosa. El alejamiento de cualquier traza de progresismo pasa, también, por revisar la forma en la que se enseña la dictadura militar, alabada por los partidarios de Bolsonaro. Ambos asuntos se tramitan como proyectos de ley, por lo que no requieren mayorías cualificadas en las votaciones, explica Antônio Augusto de Queiroz, director del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP).

Desde el fin del recuento de votos, el DIAP ha cruzado datos electorales para medir el tamaño de los frentes temáticos del Congreso, como el de la agroindustria, el evangélico o el de la seguridad pública. Los datos muestran, por ejemplo, que se ha producido una drástica reducción en el número de parlamentarios relacionados con el sindicalismo: solo 33 diputados tendrán algún tipo de vinculación con el mundo de los sindicatos, 18 menos que hasta ahora. Las bancadas agroindustrial y evangélica también han experimentado una “pequeña reducción” en estas elecciones, pero las propuestas que estos frentes enarbolan ganan fuerza al formar parte del discurso del propio Bolsonaro. Al contrario, se ha producido un fuerte aumento del número de los parlamentarios que defienden mano dura en seguridad pública, uno de los asuntos que marcaron la primera vuelta.

André Borges, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Brasilia, explica que el perfil de la Cámara es ahora “más extremo”, dado el bajo desempeño de los partidos de centro y el tímido desempeño de los partidos de izquierda –que se han quedado en 137 escaños, uno menos que los cosechados en 2014. Sin embargo, el académico considera que un eventual Gobierno de Bolsonaro no lo tendría tan sencillo para implementar su agenda, tanto en el área económica como moral.

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