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Destituido un alto cargo militar chileno por el homenaje a un genocida

El coronel Germán Villarroel, director de la Escuela Militar, rinde honores al brigadier Miguel Krassnoff, condenado por 71 crímenes cometidos durante la dictadura de Pinochet

Coronel Germán Villarroel, exdirector de la Escuela Militar de Chile.
Coronel Germán Villarroel, exdirector de la Escuela Militar de Chile. Ejército de Chile

El Ejército chileno ha pasado a retiro al coronel Germán Villarroel, que hasta el lunes se desempeñaba como director de la Escuela Militar, por “las responsabilidades de mando” en el homenaje que se le rindió en las dependencias de la institución al genocida Miguel Krassnoff Martchenko, preso por 71 crímenes contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). En medio de la ceremonia de premios de una competencia deportiva en la Escuela Militar, donde son educados los oficiales, el 6 de octubre tomó la palabra su hijo, el coronel Miguel Krassnoff Bassa, para agradecer públicamente “el cariño, la lealtad y la hombría que ha tenido el director de la Escuela Militar, con el subdirector y toda su gente (…) de poder acordarse del soldado, porque no todos se acuerdan”. “Para nosotros es súper importante que nuestros padres, que dieron la cara y la vida por Chile y sus familias, estén siempre presentes en el corazón de todos ustedes”, agregó Krassnoff Bassa. “Les tocó combatir y dieron el aire que respiramos en nuestra querida patria”.

La decisión del Ejército llegó tras una oleada de repudio transversal al homenaje, que se hizo público este domingo a través de un vídeo. El ministro de Defensa, Alberto Espina, señaló que el hecho era “inaceptable” y fijó un plazo de 24 horas para realizar una investigación y determinar responsabilidades. Mientras, dirigentes de la izquierda opositora y las agrupaciones pro derechos humanos pidieron la salida de Villarroel. La directora de Instituto de Derechos Humanos, Consuelo Contreras, había señalado que “actos como este, realizados en dependencias de una institución del Estado, constituyen una nueva afrenta a la dignidad de las víctimas, con acciones de carácter negacionista contrarias al derecho internacional”.

Junto con el llamado a retiro del director de la Escuela Militar, el Ejército destituyó al coronel Krassnoff Bassa, que era director de la Escuela de Idiomas. Como se encontraba próximo a finalizar su servicio, porque antes del homenaje había pedido su retiro voluntario, se le solicitó “la entrega inmediata” del mando del instituto. Para el Ejército, los dos militares provocaron “un gravísimo daño” a la institución, según señaló el general Miguel Alfonso Bellet, comandante de Educación y Doctrina, que esta tarde leyó una declaración pública. “Nuestra institución es y será siempre respetuosa de las resoluciones de la justicia”, dijo el general.

El golpe de Estado de 1973 sigue siendo una herida abierta en Chile y, a propósito de distintas efemérides, nuevamente se ha encendido el debate sobre el pasado reciente del país. El 11 de septiembre se cumplieron los 45 años del quiebre democrático, el 5 de octubre se festejaron los 30 años del plebiscito de 1988 –donde triunfó el no a Pinochet–, mientras que este martes se conmemoran las dos décadas de la detención del dictador en Londres, del 16 de octubre de 1998. En agosto pasado, las críticas al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile –que relata la asonada militar de 1973 y la dictadura a través de la experiencia de las víctimas–, le costaron el cargo al historiador Mauricio Rojas, que alcanzó a liderar el ministro de Cultura apenas cuatro días.

El brigadier en retiro Miguel Krassnoff Martchenko, que cumple penas por 668 años de cárcel en el recinto Punta Peuco, es hijo y nieto de cosacos que en 1947 fueron fusilados en el patio de la Cárcel de Lefortovo tras ser condenados por el tribunal supremo de la URSS por crímenes de guerra, traición a la patria y colaboración con el enemigo. En el golpe de Estado de 1973, el militar chileno dirigió el asalto a la casa del presidente Salvador Allende. Luego fue destinado a la Dirección Inteligencia Nacional (DINA), el órgano represivo de la dictadura, donde se convirtió en uno de los más feroces torturadores. Sus víctimas recuerdan que era uno de los pocos a quien no le importaba decir su nombre real.

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