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Brasil, un paraíso tropical para la siguiente cepa de ‘fake news’

El mayor país de América Latina se ha convertido en un caldo de cultivo para conocer el poder destructor de las herramientas de desinformación

Un indígena Araweté toma una foto en un centro de informaciones de Altamira, en Parná, a finales de 2017
Un indígena Araweté toma una foto en un centro de informaciones de Altamira, en Parná, a finales de 2017

Si queda algo por descubrir del poder destructivo de las noticias falsas, Brasil es lugar perfecto para que lo exhiban. El mayor país de América Latina celebra este año elecciones presidenciales tras años de deriva e inestabilidad, culpa de un traumático impeachment producido, en 2016, en mitad de una crisis económica enorme. La investigación del caso Petrobras ha llevado a juicio a buena parte de la clase política, de concejales al expresidente Lula da Silva, pasando por ministros. También el actual presidente, Michel Temer, ha sido denunciado. Por eso, quizá resulte inevitable que en este país crispado y aturdido, haya perfiles falsos en redes sociales que lleven años ya difuminando mentiras, con la única esperanza de afectar estos comicios. Y según se acerca la fecha, la maquinaria se va acelerando.

En los últimos meses, lo único más delirante que la actualidad brasileña han sido los titulares falsos con los que se intenta deformarla. En la vida real, el presidente Michel Temer se ha convertido en el primero en ser acusado, varias veces, por corrupción. En la falsa, el hijo que tiene con su mujer, 43 años más joven que él, es en realidad del empresario que le firma los cheques. Los seguidores del extremista de derechas Jair Bolsonaro provocaron en el mundo real el cierre de varias exposiciones de contenido LGTBQ por vincularlo a la pedofilia. En la de mentira, Bolsonaro aparecerá en las latas de Pepsi porque en las de Coca-Cola ya sale la drag queen Pabllo Vittar, el mayor fenómeno pop de los últimos años. El 24 de enero, la segunda instancia endureció la condena de cárcel que pesa sobre el expresidente Lula por corrupción. En aquella tarde de enorme consumo informativo, el segundo portal que a más lectores informó era Jovens Cristãos, una página que no tiene nada que ver con el periodismo profesional.

“Ahora mismo en Brasil hay una guerra de información travestida de periodismo”, alerta Pablo Ortellado, fundador de Monitor Do Debate Politico No Meio Digital, que sigue el recorrido de las noticias políticas por las redes. “Hay páginas de noticias que no están oficialmente haciendo campaña política , pero sí comparten informaciones en un ecosistema enorme. Uno que parece diverso pero que no lo es. Una misma persona puede tener decenas de páginas. De nada sirve desactivar las páginas, hay que desactivar a las personas”.

En pocos países estos titulares campan con tanta libertad como aquí. “Porque es un país muy dividido, y no solo políticamente, sino también en asuntos culturales y sociales”, alerta Claire Wardle, una periodista estadounidense que lleva más de dos años estudiando cómo se propagan las noticias falsas en cada país. “En escenarios así la gente es menos crítica con la información que se encuentra. Si algo reafirma tus creencias, es probable que te lo creas y lo compartas. Y a los brasileños, grandes usuarios de redes sociales, les gusta compartir”.

Y no es solo cuestión del ánimo, sino de la infraestructura: “El uso de WhatsApp en Brasil es increíblemente alto”, prosigue Wardle. De los 200 millones personas que hay en el país, 120 usan esta aplicación. “Las aplicaciones de mensajería son lugares donde se distribuye la desinformación y, al estar encriptados, es más difícil que los periodistas o los verificadores de la información sepan lo que anda circulando. Cuesta más desmentir las noticias falsas a tiempo”.

Por último, Wardle cita la facilidad con la que se mueven los bots, programas capaces de mover cientos de cuentas en redes sociales que en apariencia son de personas pero que en realidad solo están para diseminar mentiras. “Ya sabemos que hay bots en Brasil, pero lo que es más preocupante es que hay brasileños dispuestos a trabajar como ciborgs, o sea, persona que actúa como bots, pasando el día entero compartiendo contenido para dar voz a ciertos mensajes. La amplificación prefabricada es una gran preocupación”.

Esas personas que hacen el trabajo de bots son la mayor preocupación para quienes están siguiendo las elecciones. Son cientos personas a cargo de miles de perfiles de redes sociales con perfecta apariencia de normalidad. Se quejan de su día a día, comparten las cosan que les gustan y, entremedias, critican o alaban al partido político que toque o usan el hashtag que les recomiendan sus jefes. Según reveló BBC Brasil, los trabajadores que hacen estas farsas llevan en ello desde 2012, ganando 200 euros al mes por el trabajo. En época de campaña ganarán 500 euros. El coordinador de una de estas redes, Eduardo Trevisan, ha recibido 300.000 euros de los principales partidos brasileños.

Los brasileños deberían estar más preocupados que el resto de países, según Wardle. “No es solo porque haya páginas web diseñadas para hacer noticias legítimas", comienza. "Es que hay redes de bots, amplificación prefabricada, intentos de manipular a periodistas para que escriban piezas basadas en hashtags cuya relevancia ha sido inflada, son fotos manipuladas, vídeos inventados, textos micro-diseñados para votantes en según qué distritos… Los brasileños deberían estar preocupados y deberían darse cuenta de lo importante que es no compartir información falsa en sus cuentas sociales en los próximos medios”.

Wardle es la directora ejecutiva de First Draft News, un proyecto de la Universidad de Harvard especializado en buscar estrategias para combatir las fake news. En algunos países, ha obrado el milagro de unir a varias cabeceras periodísticas, enemigas enconadas, en un esfuerzo conjunto por verificar y desmentir los rumores. En Francia sirvió. En Alemania y en el Reino Unido. Ahora intenta hacer lo mismo con los principales periódicos de Brasil (EL PAÍS entre ellos). Antes de que lleguen los comicios en octubre y sea demasiado tarde: “Las elecciones deberían consistir en votantes que toman decisiones con información corroborada. Si no, la democracia está en peligro”.

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