Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Supremo brasileño abre la caja de los truenos del ‘caso Odebrecht’

La presidenta del tribunal da validez a las declaraciones de 77 ejecutivos de la constructora que podrían implicar a la élite política del país

El caso Petrobras, la inmensa trama de corrupción que amenaza con hacer temblar los cimientos de toda la clase política de América Latina, va quemando etapas. La última, este lunes, puede significar un importante punto y aparte. El Tribunal Supremo brasileño ha otorgado validez a la confesión de 77 ejecutivos de la multinacional Odebrecht sobre los supuestos sobornos otorgados a representantes políticos. Aunque la confesión está bajo secreto de sumario, los nombres de Lula da Silva, Dilma Rousseff y Michel Temer han salido a la luz.

Logo de Odebrecht en una construcción en Caracas.
Logo de Odebrecht en una construcción en Caracas. REUTERS

El arsenal del caso Petrobras albergaba, entre las muchas armas políticas y judiciales con las que en los últimos años se han venido destapando cientos casos de corrupción en la política brasileña, una mecha y un polvorín. Lo primero era la llamada Confesión del fin del mundo, como se conoce a la delación de 77 ejecutivos de la multinacional brasileña Odebrecht: han detallado a la policía a qué políticos sobornaron durante años, con cuánto dinero, y qué favores consiguieron a cambio de participar en el entramado de contratos fraudulentos de Petrobras. El polvorín era el Tribunal Supremo, el único órgano que puede procesar a los políticos que gocen de aforamiento; es decir, el presidente del Gobierno, sus ministros y otros miembros de la élite política. Este 30 de enero, los dos elementos entraron en contacto: la presidenta del Supremo, Cármen Lúcia, otorgó validez jurídica a La confesión del fin del mundo. Ahora, si se llega a producir la explosión, nada impedirá que alcance a la cúpula del país.

La confesión se encuentra bajo secreto de sumario pero los detalles que se han ido filtrando al público se leen como un registro de nombres clave en la política brasileña. Si los rumores son ciertos, se ha nombrado al actual presidente, Michel Temer y a sus antecesores Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva. Están también muchos de los nombres más potentes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), la agrupación más popular en las últimas elecciones, las municipales del pasado octubre: de José Serra, actual ministro de Exteriores, a Geraldo Alckmin, gobernador de São Paulo y hombre fuerte de cara a las elecciones generales de 2018.

La decisión de si el Supremo aceptaba o no La confesión del fin del mundo había tenido en vilo al país en las últimas semanas. La intriga se multiplicó hace 10 días, cuando el juez encargado de pronunciarse al respecto (y de dirigir toda la rama del caso Petrobras en el Supremo), Teori Zavascki, murió repentinamente en un accidente de avión en Paraty (Río de Janeiro).

El incidente disparó los rumores que se oían en las calles sobre la presión que, imaginaban muchos, debía existir para evitar que la delación acabara en la primera instancia. Al final ha sido la presidenta del Supremo, Cármen Lúcia, quien ha dado esta luz verde antes de anunciar su candidato para heredar el trabajo del difunto Zavascki. El nombre de ese nuevo juez se debería conocer el miércoles, cuando el Tribunal Supremo vuelva a abrir sus puertas tras las vacaciones de verano.

La policía calcula que de los 20.000 millones de reales (6.400 millones de dólares) desviados de la petrolera estatal Petrobras, 7.000 (2.250 millones de dólares) fueron a parar a Odebrecht, generalmente por el método de hinchar el montante de las facturas. Se cree que la multinacional accedió a esa fuente de dinero pagando hasta 1.000 millones de reales (320 millones de dólares) en sobornos a políticos y otros agentes públicos, generalmente en forma de donaciones para campañas electorales.

Siempre según las informaciones filtradas, los principales beneficiados habrían sido el Partido de los Trabajadores (la agrupación de Lula y Dilma, que estuvo en el poder durante 13 años hasta el impeachment que acabó con la presidencia de esta última), el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (el de Michel Temer, que ahora ocupa el gobierno) y el PSDB. La empresa había profesionalizado el soborno hasta tal punto que tenía un departamento solo para ese fin, camuflado bajo el nombre Sector de Operaciones Estructuradas.