La dictadura de la perfección, misoginia y Jeffrey Epstein: los ángeles y demonios de Victoria’s Secret

Un próximo documental de tres capítulos detalla el auge y la caída del imperio de la lencería que lanzó a la fama a modelos como Gisele Bündchen y Adriana Lima, pero que llegó tarde a la era del Me Too

El desfile de moda de Victoria's Secret de 2006 celebrado en el teatro Kodak de Los Ángeles.Foto: AXELLE WOUSSEN (CORDON PRESS)

La última década para Victoria’s Secret, la marca considerada durante años la reina del imperio de la lencería, ha sido turbulenta. Atrás quedó la época dorada en la que el mundo se paralizaba durante los minutos de su show anual para ver desfilar a sus ángeles, las modelos elegidas minuciosamente por la firma, aladas en brillos y purpurina y ataviadas con minúscula ropa íntima tallada en diamantes, que marcaban un canon de belleza, para la inmensa mayoría, inalcanzable.

Sus desfiles, que se celebraron durante 23 años, estaban considerados la Super Bowl de la moda, con actuaciones de cantantes de primera fila como Lady Gaga, Bruno Mars, The Weeknd, Taylor Swift o Beyoncé. Hasta su última edición celebrada en París en 2018, el espectáculo se había configurado como la muestra de la fantasía y la perfección irreal que Victoria’s Secret quería vender a sus clientes, a través de las figuras de Gisele Bündchen, Adriana Lima, Heidi Klum, Alessandra Ambrossio, entre otras, modelos a las que ayudó en su carrera a la fama.

Pero estas mujeres y el estereotipo que representaban, casi un físico más allá de lo humano, esculpido a base de exhaustivo entrenamiento y alimentado de apenas agua los días previos al desfile, ya no encajaban con una sociedad en la era del Me Too, dispuesta a reivindicar la cultura del body positive, la diversidad, la inclusividad y a denunciar el acoso sexual y la hipersexualización del cuerpo de las mujeres.

Contar estas sombras, además de las luces alrededor de Victoria’s Secret —fundada por Roy Raymond, en 1977, con el propósito de que los hombres no volvieran a sentirse avergonzados al entrar a una tienda de lencería a comprar—, es lo que promete el nuevo documental The Rise and Fall of Victoria’s Secret (El ascenso y la caída de Victoria’s Secret).

De izquierda a derecha, en primera fila, las modelos de Victoria's Secret Izabel Goulart, Selita Ebanks, Karolina Kurkova, Gisele Bündchen, Alessandra Ambrosio y Adriana Lima.
De izquierda a derecha, en primera fila, las modelos de Victoria's Secret Izabel Goulart, Selita Ebanks, Karolina Kurkova, Gisele Bündchen, Alessandra Ambrosio y Adriana Lima. Jon Kopaloff (Getty)

La película, que se divide en tres capítulos y se estrenó el pasado 18 de junio en el Festival de Cine de Tribeca de Nueva York (EE UU), cuenta con multitud de relatos de primera mano y una profunda investigación para revelar el funcionamiento interno de la marca. “La verdad no es lo que parece; a medida que se revela que el inframundo de la moda, la clase multimillonaria y Jeffrey Epstein están inextricablemente entrelazados con la caída de esta marca legendaria”, revela el resumen de la miniserie, dirigida por Peter Berg y Matt Tyrnauer. La producción se podrá ver en la plataforma Hulu a partir del próximo 14 de julio.

Cultura de la misoginia y caída a los infiernos

Este último detalle, la relación de la caída a los infiernos del imperio de la lencería con el depredador sexual Jeffrey Epstein, es uno de los elementos que la película promete destapar. En 2019, el diario The New York Times reveló que en la década de los noventa Leslie H. Wexner, un asesor financiero cercano al director ejecutivo de la compañía L Brands —matriz de Victoria’s Secret—, se presentaba como reclutador de modelos para la marca a cambio de conseguir favores sexuales y engrosar sus cuentas bancarias. Este asesor, más tarde, se descubriría que era Epstein, un millonario acusado de tráfico sexual que se suicidaría en la cárcel esperando un juicio. Posteriormente, Wexner ha declarado en multitud de ocasiones sentirse “avergonzado” por la relación de amistad con el pedófilo.

Pero la caída de la popularidad de Victoria’s Secret llegó antes de este escándalo: 2018 se convertiría en el punto de inflexión para la compañía, cuando perdió casi el 50% de su valor. Ese mismo año, el último con desfile, el show alcanzaría la audiencia más baja en su historia desde que se inauguró en 1995: 3,3 millones de espectadores frente a los 10 millones habituales.

No ayudarían tampoco a la mejora de la imagen de la empresa las polémicas declaraciones de Ed Razek, director de marketing, donde en una entrevista en la revista Vogue dejaba clara su oposición a la diversidad en la elección de las modelos. “¿Deberíamos incluir a modelos trans en el show? No, no lo creo, porque es una fantasía, un especial de entretenimiento de 42 minutos y es el único en su clase”, aseguraba el responsable, de 71 años, que en 2019 dimitiría de su puesto.

El acoso, la misoginia y el comportamiento machista de sus directivos sería la puntilla final para la credibilidad y popularidad de la firma de lencería, después de que The New York Times publicara una extensa investigación tituladaÁngeles’ en el infierno: la cultura de la misoginia dentro de Victoria’s Secret, en el que más de 30 ejecutivos, empleados, contratistas y modelos denunciaban las prácticas de la empresa.

Ángeles rebeldes y cambio de timón

Y la burbuja irreal que Victoria’s Secret quiso vender acabó explotando con la renuncia de varias de sus figuras más icónicas: Adriana Lima colgó sus alas en 2018 y no volvió a desfilar con Victoria’s Secret, asegurando estar harta de la dictadura de la perfección y de las presiones sobre su físico: “No volveré a quitarme la ropa por una causa vacía”, declaró.

Por su parte, Gisele Bündchen, que firmó su contrato con la marca a sus 19 años, confesó en una autobiografía que después de años desfilando en ropa interior empezó a sentirse incómoda. “Me sentía cada vez menos relajada cuando me fotografiaban caminando por la pasarela con solo un biquini o un tanga”, contó la modelo brasileña en el mismo libro en el que afirmaba haber sufrido ataques de pánico y tener pensamientos suicidas durante uno de los periodos más exitosos de su carrera.

El verdadero cambio de timón para Victoria’s Secret no comenzó hasta 2020, cuando L Brands vendió la marca al fondo Sycamore Partners por algo más de 1.000 millones de dólares (953 millones de euros), en un último movimiento agónico por salvar la firma ante su deriva.

Otros gestos que buscaban la salvación de su reputación fue la contratación de la modelo transgénero Valentina Sampaio tras la dimisión de Razek, además de incorporar a la modelo canadiense con vitíligo Winnie Harlow entre sus ángeles y a la española Lorena Durán.

Consciente de que la sociedad del siglo XXI no es la misma de hace tres décadas, la compañía anunció en 2021 la incorporación como embajadoras de la firma de mujeres influyentes del mundo de la cultura y el deporte, como son la futbolista estadounidense Megan Rapinoe, la actriz india Priyanka Chopra, la esquiadora china Eileen Gu y la modelo y activista Paloma Elsesser. Su último gran paso, el año pasado, ha sido anunciar que ya no usaría el término ángeles para referirse a sus modelos. Un gesto, este último, impensable y demasiado terrenal para aquel Olimpo en el que se convirtió Victoria’s Secret.

Sobre la firma

Belén Hernández

Redactora de Estilo de Vida, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en EL PAÍS, donde escribe sobre cultura y tendencias, pero también sobre infancia, medio ambiente y pobreza en países en desarrollo. Antes trabajó en El Mundo y Granada Hoy. Es granadina, licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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