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24 horas de explotación en las seis habitaciones del terror de un chalé de Móstoles

La Policía Nacional desmantela un prostíbulo en un adosado en el que 18 mujeres vivían hacinadas en un sótano y eran controladas hasta cuando dormían

01:32
Desarticulada una red criminal liderada por mujeres dedicada a la prostitución en Móstoles (Madrid)
Imagen de la grabación que la policía nacional hizo al entrar en el chalet en el que se explotaba a mujeres. Foto: Policía Nacional | Vídeo: EPV

En el sótano de ese chalé de Móstoles nunca se apagaba la luz. El control no acababa jamás. Las 18 mujeres que vivían hacinadas en esa estancia eran monitorizadas cuando se lavaban, cuando comían y cuando dormían. Y, por supuesto, cuando eran explotadas sexualmente. Para garantizar que nunca se escapaban al ojo de sus captores, estaba prohibido apagar la luz del sótano, en el que se acumulaban las literas para garantizar que tenían el máximo número de mujeres posibles. El narcoprostíbulo se anunciaba en páginas especializadas de explotación sexual.

En octubre, una mujer acudió a ser atendida al hospital universitario de Villalba, al norte de la Comunidad de Madrid. Allí pidió ayuda a los médicos porque aseguró ser víctima de explotación sexual. Dos agentes de la policía nacional fueron a tomarle declaración. Ella les contó el maltrato al que había sido sometida desde que llegó a España y del que le era imposible escapar.

Los agentes comenzaron a tirar del hilo para recopilar pruebas con las que un juez les permitiera entrar en ese chalé y desmantelar el negocio consistente en aprovecharse de la vulnerabilidad de las mujeres. “Pensábamos encontrar entre 15 y 25 mujeres, no teníamos claro cuántas podía haber porque el número varía mucho. Las diferentes organizaciones las van moviendo de un lugar a otro”, explica el subinspector de la Brigada Central de trata de seres humanos de la Comisaría General de Extranjería que ha trabajado en la investigación.

El trasiego de hombres que iban a contribuir a esta esclavitud y de mujeres que entraban y salían era constante. “No tienen más remedio que aceptar las condiciones porque están solas, en un país en el que no conocen a nadie y en una situación muy vulnerable”, indica el investigador. Han sido detenidas siete personas, cinco de ellas mujeres y dos hombres, todos de nacionalidad española. Las mujeres eran las que gestionaban a los clientes, las entregas de droga, la contabilidad y los horarios. Los dos hombres se encargaban del control de las mujeres, en turnos de 24 horas, y también de hacer fotos a las víctimas y colgarlas en páginas en las que se anuncian este tipo de locales.

El sótano en el que metían a las mujeres estaba en condiciones lamentables. Las víctimas apenas tenían espacio para dormir y mucho menos para moverse con normalidad, no tenían apenas hueco para guardar sus pertenencias, vivían entre humedades y goteras y solo disponían de un raquítico baño para todas.

En las plantas superiores, estaban las seis habitaciones del terror. Dos en la planta principal, tres en la segunda y una más en la buhardilla. Sexo fruto de la explotación de mujeres 24 horas. Ellas tenían que hacer todo lo que los consumidores querían, incluido consumir droga. Si los hombres declaraban querer cocaína y que ella también lo hiciera, no podían negarse, algo que llegaba a crear en ellas una enorme dependencia. “Todo estaba diseñado para obtener el máximo beneficio”, subraya el policía.

La documentación intervenida no deja lugar a dudas del dominio al que eran sometidas estas víctimas. “Las dividían por nombres, los servicios que hacían, el dinero que generaban... Ejercían un control muy minucioso”, apunta el investigador. En el registro se intervinieron 10.000 euros en efectivo. Solo podían salir del domicilio dos horas al día y siempre previa autorización. Cuando incumplían alguna de las normas eran sometidas a vejaciones, insultos e incluso deudas económicas que prolongan el secuestro al que están sometidas estas mujeres en este tipo de organizaciones.

La organización había incluso creado cuatro empresas para gestionar los beneficios de su actividad ilícita. Las detenidas habían conseguido crear un entramado para ocultar el origen del dinero.

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