Tres neuronas y un corazón
Entre todo el Consell de Carlos Mazón no fueron capaces de juntar esas tres neuronas

En 2016, tras ocho décadas enterrados en una fosa común, decenas de cerebros y un corazón vieron de nuevo la luz del día en La Pedraja, Burgos. Habían resistido el paso del tiempo y la descomposición y, de esta inusual conservación de órganos blandos, nació la canción 45 cerebros y 1 corazón, de María Arnal y Marcel Bagés. Es un himno que enraíza en lo más hondo de unas heridas que siguen sin cerrarse porque algunos, los herederos de quienes ejecutaron a aquellas personas, no dejan de pasear su rencor y su odio en gobiernos, tribunas y leyes, aunque la disfracen de concordia y de hipócrita reconciliación.
En marzo de 2026, tras declarar ante la jueza Nuria Tobarra, los geógrafos Alejandro Pérez Cuevas y Rafael Armengot Serrano dijeron a la prensa que sólo hacían falta tres neuronas para prever lo que iba a pasar el 29 de octubre de 2024. Según ellos, se trataría de la neurona que permite comprender procesos meteorológicos e hidrológicos, la que se encarga del conocimiento del territorio y la que permite tomar decisiones políticas. Estas declaraciones, efectistas pero precisas, no hicieron sino constatar lo evidente una vez más.
Entre todo el Consell de Carlos Mazón no fueron capaces de juntar esas tres neuronas. Ni la que permitía saber que aquellos avisos indicaban una absoluta excepcionalidad, como avisó Aemet e insistieron durante el día anterior y especialmente durante la mañana del 29 la meteoróloga Victòria Rosselló y su equipo de À Punt. Tampoco la que, a través del conocimiento del paisaje y de la realidad física, permitía anticipar el resultado de las lluvias, como sí hizo el alcalde de Utiel, Ricardo Gabaldón. Por último, tampoco fueron capaces de dar con una neurona capaz de impelerles a tomar decisiones rápidas y difíciles, como sí hizo Ana Carreres, la directora de la escuela infantil Xip i Xop, en un episodio particularmente impactante que recordaba hace pocos días el climatólogo de Aemet José Ángel Núñez en el Congreso de los Diputados.
“Mira tu corazón”, le suplica John Turturro a Gabriel Byrne en Muerte entre las flores, la película de los hermanos Joel y Ethan Coen. “¿Qué corazón?”, responde Byrne. La cita es actual y puede aplicarse al caso valenciano. ¿Dónde estuvo y dónde está el corazón en el gobierno autonómico? La ausencia más dolorosa e incomprensible ha sido la de este órgano vital. La de un corazón, uno sólo, capaz de bombear sangre y también dolor. Un corazón que mostrase arrepentimiento y desazón, que condujese la sangre hacia una garganta y unos labios capaces de pronunciar palabras de consuelo y de pesadumbre, de remordimiento y reparación.
En vez de ello, hemos visto imágenes de Carlos Mazón en la playa, desatendiendo sus tareas de diputado, pero no por ello sufriendo recorte alguno en el generoso sueldo con el que el Partido Popular le ha premiado. Nos desgarró la frialdad de Nuria Montes, como también es un bofetón a nuestra dignidad colectiva la victimización performativa que ejecuta con precisión Salomé Pradas. No había corazón tras las palabras del entonces conseller de Educación, José Antonio Rovira, cuando exigió su derecho a “conciliar” a las pocas horas de la muerte de un operario en un colegio de Massanassa. No hay neuronas y tampoco corazón en quien, como el conseller Martínez Mus, se atreve a afirmar en el Congreso que no se preveía una dana “tan grave”, negando una y otra vez una realidad a la vista de todo el mundo.
No es casual que hayan sido dos geógrafos, gremio cuyo cometido es conocer el territorio y las fuerzas que actúan sobre él, los que mejor hayan captado cómo de incomprensible fue la ausencia de respuesta del Consell en octubre de 2029. Ha pasado un año y medio, pero todo sigue igual; el cambio de cromos en presidencia de la Generalitat es únicamente estético. La maquinaria que permitió la tragedia sigue en su sitio. Las venas del Consell continúan vacías, sin un corazón que bombee. Las neuronas siguen desaparecidas. Lo único que podemos hacer los valencianos y valencianas es rogar que no vuelva a llover como lo hizo en octubre de 2024 mientras sigan gobernando quienes no supieron proteger nuestras vidas. Y, mientras tanto, asistimos perplejos al esperpéntico auto del TSJCV en el que, para justificar su decisión de no investigar al expresident Mazón, dice que éste “no tenía la obligación de actuar”.


























































