CRÓNICA PARLAMENTARIACrónica
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Guerra de posiciones

ERC usa la palabra “diálogo” saboreándola con fruición, y Quim Torra se siente cómodo con los exabruptos de Ponsatí

29/02/20 Acto del Consell per la Republica Catalana con el lema La republica al centre del mon con la presencia del expresidente catalan, Carles Puigdemont y los exconsejeros Toni Comin y Clara Ponsati. Perpinan, 29 de febrero de 2020 [ALBERT GARCIA]
29/02/20 Acto del Consell per la Republica Catalana con el lema La republica al centre del mon con la presencia del expresidente catalan, Carles Puigdemont y los exconsejeros Toni Comin y Clara Ponsati. Perpinan, 29 de febrero de 2020 [ALBERT GARCIA] Albert Garcia

Como todos los partidos con un mínimo de presencia pública, en ERC también sus dirigentes tienen en cierto modo los papeles públicos repartidos. Pere Aragonès, por ejemplo, representa al hombre de gobierno, gestor pragmático, tratando de sobrevolar las polémicas. En cambio, Gabriel Rufián se mete en el barro y azota a los rivales, por riguroso turno de coyuntura política: a veces al PSOE, a veces a Podemos, últimamente a Puigdemont, siempre al PP o a Ciudadanos. De Sergi Sol, ex jefe de comunicación, se dice que es el Mr. Hyde de Oriol Junqueras. Y el presidente del grupo parlamentario, Sergi Sabrià, ha ejercido en el hemiciclo el papel de mantener viva la llama de la épica, la retórica procesista clásica, incluso cuando ERC estaba pasando pantalla; era el republicano que hablaba como los de Junts per Catalunya, aunque en la junta de portavoces hubiera zafarrancho entre los socios.

Por eso, el president Quim Torra en el pleno, y otros jefes de Junts per Catalunya en los pasillos, estaban sinceramente sorprendidos de la intervención de Sabrià de ayer. No esperaban que un diputado normalmente contemporizador echara en cara a Torra los ataques a la mesa de diálogo que lanzó la ex consejera Clara Ponsatí el sábado pasado en Perpiñán (Perpiñán, meca perpetua de la catalanidad, destino válido para ver porno, dialogar con ETA o coreografiar una apoteosis irredentista. Aunque, El último tango dejaba frío y a Carod ya sabemos cómo le fue… veremos el resistencialismo cómo termina.

Se sorprendió Torra y lo hizo explícito, sí, pero lo cierto es que debería saber que ya no hay tregua, cada uno juega sus cartas a la espera de que, precisamente él, ponga fecha al final de la legislatura. Hay una carrera por la hegemonía independentista en el horizonte, y es momento de maximizar las diferencias. ERC usa la palabra “diálogo” saboreándola con fruición, como si quisiera recuperar el tiempo perdido de cuando lo menospreciaba, y cuando habla de “movilización”, por el contrario, lo hace con sordina. Y JuntsxCat, a la inversa: Torra se siente cómodo con el exabrupto de Ponsatí y no duda en plantarse ante el presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), y exigirle que le restituya el escaño por las presuntas irregularidades descubiertas en la Junta Electoral Central. En cambio, siempre que cita la mesa de diálogo lo hace con desgana y recelo, luciendo escepticismo con expresiones como no anem amb el lliri a la mà.

Es época de guerra de posiciones, y el regate corto produce paradojas. Por ejemplo, que Junts per Catalunya vote en el Congreso de los Diputados contra el aumento del techo de déficit —ni un gesto más de concesión a Pedro Sánchez— y una semana después, en Barcelona, el conseller Damià Calvet (JxCat) anuncie, en sede parlamentaria, a qué quiere destinar los 26 millones de euros extra para vivienda que recibirá gracias a ese aumento.

Otra paradoja permanente es que Ciudadanos siga interviniendo en la sesión de control a un presidente al que considera destituido. Bueno, lo cierto es que ayer, su portavoz, Carlos Carrizosa, se olvidó de formular ninguna pregunta, ni siquiera un interrogante de compromiso que justifique la andanada habitual.


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