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Yolanda Díaz: “Esté donde esté, voy a hacer lo imposible para que Abascal no gobierne”

La vicepresidenta explica sus razones para renunciar al liderazgo: “Lo importante de la política está fuera de los partidos”. No apoyará a ningún candidato a sucederla: “No voy a hacer lo que han hecho conmigo”

Yolanda Díaz, retrata en la sede del ministerio de Trabajo el pasado jueves. Foto: Álvaro García

“Serena”, contesta sin pensarlo Yolanda Díaz cuando se le pregunta por su estado de ánimo. La vicepresidenta segunda del Gobierno (Fene-A Coruña, 54 años) llevaba un año madurando su decisión de renunciar al liderazgo del espacio a la izquierda del PSOE. Pocas horas después de hacerlo público, se le nota relajada mientras se...

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“Serena”, contesta sin pensarlo Yolanda Díaz cuando se le pregunta por su estado de ánimo. La vicepresidenta segunda del Gobierno (Fene-A Coruña, 54 años) llevaba un año madurando su decisión de renunciar al liderazgo del espacio a la izquierda del PSOE. Pocas horas después de hacerlo público, se le nota relajada mientras se toma un café en su despacho del Ministerio de Trabajo. No trasluce intención de ajustar cuentas con nadie y reparte buenas palabras: para los suyos, para el PSOE y hasta para Pablo Iglesias. Eso sí, avisa de que no se implicará en el debate sobre su sucesión para no repetir lo que Iglesias le hizo a ella: designarla públicamente sin contar con su autorización. En su primera entrevista tras el anuncio, Díaz reafirma su intención de continuar en el Gobierno y deja entrever que su futuro personal será lejos de la primera línea política.

Pregunta. ¿Por qué renuncia?

Respuesta. Por dos motivos. El primero, personal. Quiero dedicarme a mi vida privada, a mi hija y a mi familia, a la que hace muchísimo tiempo que la tengo menos atendida de lo que me gustaría. Y, sobre todo, después de la muerte de mi padre. Y la segunda, por razones políticas, que también son dos. Quiero cuidar el Gobierno de coalición progresista, un faro hoy en el mundo, y me voy a dejar la piel para que sigamos avanzando en derechos. Y segundo, porque se abre una época nueva, en la que voy a estar de otra manera y, por supuesto, dando esperanza a la gente.

P. ¿Y por qué ahora?

R. Estamos en mitad de la legislatura, se abre una época nueva y hay que empezar un proceso para ganar las siguientes elecciones. Lo he meditado mucho, tomé una decisión hace ya mucho tiempo y ahora la hago pública. No se trata solo de ganar las elecciones, de lo que va es de ganar el país, el relato del país. La agenda pública no la puede determinar la extrema derecha, que no quiere que hablemos de salario mínimo, de contratos a tiempo parcial, de vivienda…

P. ¿Deja la política?

R. La política con mayúsculas, la buena, se hace desde todos los sitios. Es la toma de decisiones en cualquier espacio.La democracia es un proceso. Y yo soy una militante de la democracia.

P. ¿Pero va a dejar la política con minúsculas, la orgánica?

R. Nunca fui mucho de política partidista. Los partidos son herramientas de transformación, necesarios para presentarse a las elecciones. Pero lo importante está fuera, lo sabemos desde el 15-M. Y yo me debo más al fuera que al dentro.

P. Siempre ha mostrado esa renuencia a la política orgánica y ha acabado escapando de ella. Ya le pasó en Galicia.

R. Comprendo las dinámicas partidistas, pero no me interesan. No voy a disputar jamás nada en un partido. Me apasiona pensar, discutir, proyectar un país. Para las cosas orgánicas hay que ser de una manera especial y yo no lo soy.

No me siento cuestionada. Si quisiera ser candidata, daría un paso adelante y me presentaría a unas primarias

P. ¿Está desencantada?

R. Noooo…En absoluto. Lo que quiero es que la política partidaria sea útil. Si somos herramientas de transformación, nos tenemos que poner al servicio de la gente. Lo único importante es el proyecto que nos une. En este país faltan muchas ideas. Y hay cabezas brillantes, pero están como aplastadas, alejadas de la cosa pública. De lo único que se habla es de temas que no le interesan a la ciudadanía. Cuando veo a gente en política que se odia o se deja de hablar, no salgo de mi asombro. He tenido diferencias políticas con muchísima gente, pero nunca he hecho de la cosa personal un elemento político. Y de esto, por desgracia, hay mucho.

P. ¿Ha influido en su decisión que algunos la cuestionasen?

R. En absoluto. No me siento cuestionada. Si quisiera ser candidata, daría un paso adelante y me presentaría a unas primarias. Es que nunca quise ser candidata. No lo quise ser el 23 de julio [de 2023].

P. ¿No le molestaron algunos pronunciamientos?

R. Jamás voy a hablar de nadie en política. Hablo de propuestas.

P. Usted llegó a ser la política española más valorada, pero ha sufrido una erosión en su imagen. ¿A qué lo atribuye?

R. Eso le toca valorarlo a la ciudadanía, no a mí.

P. ¿Pero asume errores?

R. Por supuesto, muchísimos.

P. ¿Será por su papel orgánico, no por su gestión como ministra?

R. Me gusta gestionar, cambiar la vida de la gente. Lo otro me interesa menos. Pero no tiene mucho sentido que yo haga esa valoración.

P. ¿No la han desgastado las batallas internas?

R. Sí, pero yo no he dado ninguna. Y en junio del 24, después de las europeas, ya di un paso atrás.

P. Hubo una batalla con Podemos.

R. Pero yo no la he dado. Podemos, en las elecciones generales, participó en este proceso junto a 14 formaciones políticas. Cada uno tiene que rendir cuentas de lo que hace.

P. ¿Va a continuar como interlocutora de su espacio en el Gobierno?

R. Soy la vicepresidenta, sin lugar a dudas.

El Gobierno de coalición estuvo en bastantes ocasiones a punto de romperse

P. ¿Qué le dice el presidente?

R. Tuvimos una larga conversación. Tengo una relación muy afectuosa con él, a quien respeto mucho y aprecio. No recibí más que cariño y creo que también reconocimiento. Es todo lo que puedo decir.

P. No siempre fue así.

R. Siempre tuve muy buena relación con el presidente y eso que he dado batallas tremendas. Hemos tenido discusiones durísimas… ¡durísimas!. El Gobierno de coalición estuvo en bastantes ocasiones a punto de romperse, no solo por el salario mínimo, por la reforma laboral… De las leyes que he hecho no hubo ninguna que no fuera polémica. Pero le he reconocido que siempre se puso del lado creo que correcto de la historia: defender a los trabajadores.

P. Con otros ministros del PSOE ha sido más difícil.

R. Sí, claro. Los ministros no van por partidos, van por competencias. En estas batallas he tenido ministros de mi espacio político que no me apoyaban [en la anterior legislatura] y ministros del PSOE que sí me apoyaban. Y a algunos les tengo un enorme cariño.

P. Dice que la política es dura, especialmente para las mujeres. ¿Ha sentido el machismo?

R. En todas las circunstancias. Interactúo con espacios de poder, no me he callado jamás en ninguna reunión, pero las mujeres ahí tenemos más problemas. Y soy cuestionada siempre en dos direcciones: o soy una mujer muy dura, porque soy una negociadora dura; o estoy permanentemente enjuiciada por cómo me visto o por mi vida privada.

P. ¿La política partidista expulsa a las nuevas generaciones?

R. El bipartidismo está en mínimos, lleva impugnado muchos años y la ciudadanía busca alternativas. El relato que se hace de la juventud española no es correcto. No es un bloque reaccionario. Es una generación atravesada por distintos conflictos, principalmente el de la vivienda. Y con un enorme compromiso climático, también feminista, aunque se crea lo contrario.

P. Más de la mitad de los varones jóvenes considera el feminismo una manipulación política.

R. Estamos viviendo un momento de reacción en el mundo que lidera Trump. Es una crisis de época, con una extrema derecha fortísima. Su proyecto no supone algo revolucionario, está canalizando una frustración. Ha sabido identificar muy bien las crisis de identidad, que son plurales. Pero su proyecto es regresivo, en términos sociales, laborales y democráticos. Hay una agenda de la desregulación y el desmantelamiento de los derechos laborales sin precedentes. La primera orden ejecutiva de Trump tiene que ver con el mundo del trabajo. Las fuerzas progresistas tenemos que ir a la ofensiva y saber afrontar esta crisis. Y esta es la interlocución que no tenemos. ¿Cómo es posible que las políticas que hago sean muy bien valoradas por votantes del PP y de la extrema derecha, pero un joven de un barrio obrero pueda votar a Vox? La organización del odio está funcionando. Es más fuerte la pulsión de odio hacia el Gobierno que el éxito de las políticas que hacemos. Si hoy votaran los jóvenes, el partido mayoritario sería la abstención. La mitad de la juventud española no vota porque no se siente interpelada por la democracia. Tenemos que hablar el lenguaje de los jóvenes.

P. ¿La izquierda no lo habla?

R. Vivimos en una crisis de la socialdemocracia desde hace mucho tiempo. ¿Dónde está el proyecto a la ofensiva de país? Hay que salir a ganar. Y no es ganar las elecciones, es ganar el país, ser conscientes de que tenemos que resolver la vida de la gente.

P. ¿Su paso atrás favorece un acuerdo con Podemos?

R. Le tengo un gran aprecio a Pablo Iglesias y soy ministra porque se empeñó en que lo fuera. Por tanto, agradecimiento absoluto. Ahora bien, hay que darle esperanza a la gente. Sé que sumando más no se gana, pero también que la circunscripción electoral es la provincia. La gente sabe cómo opera la ley cuando vota. Entre los compañeros de las distintas formaciones progresistas estoy segura de que somos capaces de entendernos. Lo que quiere la gente fuera es un clamor popular.

P. ¿Cómo ve la propuesta de Rufián, una vez que ERC, EH Bildu y BNG la han rechazado?

R. Todo el aire fresco que sirva para movilizar el país, bienvenido sea. He apoyado lo que ha hecho Rufián y todo lo que hagan las formaciones políticas.

P. ¿Lo ve de líder ahí?

R. No me compete a mí decirlo. Todo el respeto a Rufián y a todas las personas que tengan esa ambición, que es muy sana. Para ser líder hay que querer serlo.

P. ¿Los mejores líderes tienen que querer serlo?

R. Decía Lenin que hay líderes positivos y negativos. No lo sé.

P. Usted no quería ser líder y lo fue.

R. Pero desde Roma existen la auctoritas y la potestas. Hay gente que se mata por las cosas y yo no. Es un problema no tener ambición para esto.

P. ¿Y tiene un candidato?

R. ¡Ni de broma! No voy a hacer jamás lo que han hecho conmigo. Jamás, jamás.. Porque sé lo que he vivido. No voy a decir nada a partir de este momento. Y tengo opinión propia… Pero no. Por convicciones democráticas profundas y por respeto personal. Recuerdo aquella anécdota de Santiago Carrillo y Gerardo Iglesias. Carrillo quería seguir ejerciendo de secretario general [del PCE] y en un ascensor, recién elegido Iglesias, le estaba dando instrucciones. Y entonces Gerardo miró a Carrillo, que era don Santiago Carrillo, y le dijo “Santiago, a partir de ahora el secretario general soy yo”.

P. No quiere que pase lo que le pasó a usted con Pablo Iglesias.

R. Estoy bastante cansada de que me digan lo que hay que hacer. Mi padre se retiró de la política con una enorme dignidad. Esto es lo que debo hacer. Suso [su padre] se fue a Oleiros [municipio coruñés] y yo me iré a mi casa y más tranquila que un ocho.

P. ¿Qué opinión tiene de Pablo Bustinduy?

R. Magnífica. Me costó mucho que fuera ministro y lo quiero con locura. Pero, para ser consecuente con lo que he dicho antes, no voy a decir nada más

P. ¿Tiene sentido una vez que usted no esté un partido como Movimiento Sumar?

R. Sin Movimiento Sumar es imposible que haya cambio en España. Porque es un proyecto de país diferente. Es lo que estamos haciendo en el Gobierno con respeto absoluto a fuerzas políticas que llevan muchos años con nosotros. Es la prestación universal por hijo a cargo, que se impida deslocalizar industrias con un proyecto industrial potente, sostenible, ecológico y a la ofensiva. Sin esa savia hay muchísima gente que queda huérfana, porque las militancias partidarias que hay ya están organizadas.

Junts tiene un proyecto racista y clasista

P. ¿La dependencia de Junts no ha diluido el papel de su espacio político?

R. No me preocupa nada eso. Me preocupa lo siguiente.

P. Necesita el Congreso para aprobar medidas. A usted le tumbaron la reducción de jornada.

R. Están cometiendo el mismo error que Feijóo. Ambos trabajan para la extrema derecha catalana y española. Junts tiene un proyecto que no solo es racista, es que es clasista. No está defendiendo al poble catalá, está defendiendo los intereses de clase de los empresarios, de los grandes magnates españoles, la cartera de la patronal española. Yo fui a visitar a Puigdemont con una convicción democrática profunda y lo volvería a hacer. Cuando alguien tiene siete votos, le da la legitimidad para negociar y ser respetado. Pero no para cambiar completamente un acuerdo de investidura y condicionar la política del país de arriba a abajo. Están jugando el papel del bloqueo permanente, es la antipolítica.

P. ¿Y así es viable agotar la legislatura?

R. Vamos a agotarla y a seguir ganando derechos. No tengan la menor duda.

P. Sin mayoría.

R. Sin mayoría y con mucha calma y mucha tranquilidad y sabiendo bien qué representamos. Cuando he desfallecido, me he aislado y me he dicho: “Lo hago por la gente trabajadora, que es una fuerza enorme”. A paciente no me gana nadie ¿Cómo lo vamos a hacer? Buscando todos los mecanismos para poder seguir ganando derechos.

P. ¿No es una anomalía un Gobierno que no logra aprobar ningún Presupuesto?

R. Creo que tenemos que presentar los Presupuestos, por un principio de respeto constitucional. Lo que hemos hecho con la jornada laboral: llevar el debate, aunque se vaya a perder, y que España lo sepa. Tenemos que presentar el proyecto de país que queremos y que expliquen por qué lo tumban. Y que cada uno rinda cuentas. Han abofeteado a dos millones y medio de personas trabajadoras en Cataluña. ¿O es que ellos no son pueblo catalán? Es verdad que todo resulta muy complejo, porque no es una legislatura a favor, es una legislatura en contra.

P. Todo apunta a una ola derechista, también en España ¿Todavía es posible revertirla?

R. La ola es una metáfora de un elemento imparable. Pero no es una ola: ya la paramos el 23 de julio, cuando todo estaba perdido. Llamamos a la gente progresista a que se movilice, que coja la democracia en su mano y volvamos a hacerlo.

P. ¿Y usted se va a implicar?

R. No quiero pensar un país en el que Abascal dirija la política sanitaria, educativa o de trabajo. Sé muy bien lo que nos estamos jugando. De lo que de mí dependa, esté donde esté, en mi despacho profesional, en mi casa o donde esté, voy a hacer lo imposible para que esto no pase, que no gobiernen. Pero desde una posición diferente.

P. Dice que quiere dedicarle más tiempo a su hija y también que las mujeres deben dar un paso adelante en la política. ¿Qué lección le gustaría que se llevase de cómo su madre se ha conducido en la política?

R. Tengo una enorme suerte, una hija que me cuida, aunque no lo parezca, y yo la cuido a ella. Carmela se ha llevado una alegría y no porque tenga una lectura negativa, al revés. Me acompaña a todas partes y por la calle ve que de verdad no tengo más que reconocimiento. He pasado un año de enfermedad con mi padre volcada en la cosa pública y no se lo deseo a nadie. Quiero ser un poco feliz. Soy una mujer moderadamente feliz, pero quiero dedicarme a ella. Estoy segura de que si la entrevistan, estará muy orgullosa de lo que hace su madre. Esto le va a corresponder a ella, no a mí, pero creo que va a decir que la política es muy importante. Necesitamos muchas mujeres en política. Faltan mujeres. En la izquierda, en la derecha, en el mundo. Son las mujeres las que han parado a Feijoo y Abascal. Son las mujeres las que tienen un proyecto intelectual absolutamente revolucionario que, ese sí, es imparable y está cambiando el mundo.

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