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Ocho islas, ocho historias

Un paseo por las ocho islas canarias a través de distintas personas muy vinculadas a la vida en el archipiélago

El Parque Nacional del Teide, en la isla de Tenerife.
El Parque Nacional del Teide, en la isla de Tenerife.

Isabel Morales, propietaria de Quesadillas Adrián Gutiérrez e hijas: “El Hierro es un pequeño paraíso por descubrir”

El Hierro es una joya en sí misma. Declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, la naturaleza es el sello de identidad de esta isla. No es casualidad que sea el primer geoparque de Canarias, con unos fondos submarinos que cada año atraen a más buceadores en busca de paisajes llenos de color y vida. Hay más tesoros en El Hierro. Es aquí donde se elabora de forma artesanal, desde hace más de un siglo, uno de los manjares imprescindibles de la gastronomía canaria. El queso herreño es el ingrediente principal de las quesadillas, un dulce que nació en el año 1900 en la Fábrica de Quesadillas Adrián Gutiérrez e hijas.

Hoy regenta este negocio familiar Isabel Morales, nieta de los fundadores de un obrador que mantiene la misma receta original y el cocido del postre en un horno de leña. “El Hierro es un pequeño paraíso por descubrir, un lugar que transmite paz y que es perfecto para descansar y disfrutar de la naturaleza”, afirma Isabel. La belleza de contrastes que hay en la isla y la amabilidad de sus gentes son, para esta herreña, motivos más que suficientes para acercarse a este rincón de las Islas Canarias.

“La Palma deja una huella que no se olvida”, Andrés Hernández (Salinas de Fuencaliente)

No es casualidad que a La Palma se la conozca como la Isla Bonita. Toda en sí es Reserva de la Biosfera, así que la mejor fórmula para conocerla es recorrer alguno de sus mil kilómetros de senderos. Caminos que se adentran por bosques de vegetación prehistórica, como Los Tiles, y otros tan espectaculares como los que atraviesan el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. Los cielos limpios y protegidos de esta isla la convierte, además, en un privilegiado observatorio astronómico. Al sur de La Palma se ubica uno de sus rincones más pintorescos y hermosos, sobre todo al atardecer. A orillas del océano, entre paisajes volcánicos, las salinas de Fuencaliente atrapan al viajero por su atmósfera tan especial, repleta de contrastes entre el blanco de la sal, el negro de la lava volcánica y el azul del mar. Lugar de descanso de miles de aves migratorias, Andrés Hernández es el propietario de este complejo en el que también se encuentra el restaurante temático El Jardín de la Sal. En este laboratorio de olores y sabores se elaboran platos que acercan al proceso de producción de este producto, que aquí es excelente.

“La belleza de La Palma deslumbra y deja una huella que no se olvida. La isla tiene todo lo que cualquiera puede buscar en sus días de descanso y desconexión: playas de arena negra, senderos de montaña, bosques y un cielo cautivador que muestran todo su esplendor natural”, apunta Andrés. Los contrastes son la seña identidad de esta isla. En el norte, sus paisajes son verdes. El negro volcánico es el color del sur. “En este pequeño territorio se levantan lugares de selvas y bosques de tiles y helechos que bordean una caldera por donde corre un agua cristalina que te invita a zambullirte después de una larga caminata; se suceden pueblos cargados de aventuras de migración, de enamoramientos en los bailes y fiestas por los santorales y patrones de cada lugar, de buscar la luna y las estrellas entre montañas volcánicas, o de pararse y cruzar los dedos para ver el rayo verde durante el atardecer”, concluye el salinero.

“Lanzarote es respirar placer”, Arminda García (La Finca de Uga)

El negro volcánico es el color de Lanzarote, una isla que es Reserva de la Biosfera desde 1993 y que está repleta de peculiares paisajes en los que se suceden los volcanes, las grutas y las playas vírgenes. Aquí se encuentra el Parque Nacional de Timanfaya, uno de los espectáculos visuales más impresionantes de las Islas Canarias. Recorrer las sendas que atraviesan este paraje de volcanes nos trasladará a la Luna. Lanzarote es también la tierra de César Manrique, cuya obra arquitectónica es de una belleza única. Lo comprobarás cuando te acerques a los Jameos del Agua o ael Mirador del Río, donde se conjuga una armonía perfecta entre el arte y la naturaleza. Enclavada entre paisajes de lava negra se ubica también la Finca de Uga, una explotación ecológica única en Europa en la que viven en pleno contacto con el campo alrededor de mil animales, entre ellos razas autóctonas como el cochino negro canario, la gallina campera negra canaria, la oveja canaria o la cabra majorera.

Vale la pena visitar sus instalaciones, donde se elabora una amplia gama de quesos de gran calidad y se apuesta por los productos de kilómetro cero. “Lanzarote es como un sinfín de detalles que se extienden de norte a sur. La isla tiene una gran belleza, con paisajes que van desde Haría y La Geria hasta Las Salinas, El Golfo… No sabría cuál elegir. Lanzarote es respirar placer”, confiesa Arminda García, directora-veterinaria de la Finca de Uga. Otro de los tesoros de Lanzarote, según Arminda, son los atardeceres desde alguna de sus playas, como Famara o Playa Quemada. “Es impresionante ver cómo sus cielos se visten de rosa y anaranjado, y cómo se mezcla esa explosión de color con la silueta de las montañas, con los reflejos del mar, con la brisa en la cara. Y para rematar el momento, qué mejor que con una copa de alguno de nuestros vinos”, concluye.

Simeón Páez, policía local: “La Graciosa es un lugar idílico en el Atlántico”

Una estrecha franja de mar separa Lanzarote de La Graciosa, una pequeña isla de apenas 30 kilómetros cuadrados que forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo. Se trata de la mayor reserva marina de Europa, con unos fondos marinos ideales para sumergirse y descubrir especies únicas. La Graciosa atrapa al visitante por su costa llena de calas y arenales salvajes, como la playa La Francesa. Un destino ideal para desconectar de todo y olvidarse del estrés, disfrutar de paradisiacas playas en un ambiente de paz y sosiego, y practicar deportes acuáticos. En sus calles de arena, sin asfaltar, parece que el tiempo se ha detenido y que no pasan las horas. “La Graciosa es un lugar idílico perdido en el Atlántico, una maravilla de la naturaleza. Aquí ni tienes horarios ni existen las prisas, sobre todo en invierno”, reconoce Simeón Páez, policía local en esta isla desde hace 20 años. En verano la cosa cambia, con mayor número de visitantes que llegan a diario atrapados por la belleza de sus playas.

Una buena manera de conocer la isla es recorriéndola en bicicleta, ya que es prácticamente llana, a través de sus pistas de arena, pues tampoco existen las carreteras asfaltadas. Las sorpresas se suceden en el camino: los rincones pintorescos de Caleta de Sebo, uno de los dos únicos núcleos poblados de la isla; las puestas de sol desde cualquier punto de su costa; la parte norte de la playa de Las Conchas o la tranquilidad que desprende la playa de La Cocina, bajo las faldas de Montaña Amarilla. “Allí solo escuchas las gaviotas y el mecer de las olas, un sonido relajante y maravilloso”, resume Simeón.

Domingo Rodríguez El Colorao, maestro de timple: “Fuerteventura es más que sus playas paradisiacas”

Más de 150 kilómetros de playas de aguas cristalinas, algunas tan espectaculares como la de Cofete o Costa Calma; un mar de dunas en el Parque Natural Dunas de Corralejo; el impresionante conjunto histórico de la Villa de Betancuria… Son algunas de las sorpresas que esperan en Fuerteventura, Reserva de la Biosfera y un paraíso para los amantes de los deportes náuticos gracias a los días largos y soleados y las excelentes condiciones de viento y olas para la práctica del windsurf y el kitesurf todo el año. Igualmente ideal para aquellos que buscan naturaleza en su austero paisaje volcánico y en la pureza de sus playas, y también para quienes quieren relajarse y recargar energías, ya que la brisa marina es la mejor fórmula para acabar con el estrés y evadirse del mundo.

“Los paisajes de Fuerteventura te invitan al relax, a la evasión de la vida cotidiana. Su mar, sus pueblos, su gente, su gastronomía... todo. Vale la pena conocer la isla más allá de sus playas paradisíacas”, señala Domingo Rodríguez El Colorao, una referencia absoluta del timple, el instrumento musical más característico del folclore canario. Domingo define el timple como “el corazón del pueblo canario”. “Lo oigo desde la cuna y con él puedo tocar la música con la que me crie, la música que hacían mis padres y mis abuelos de forma libre, la que llevo impresa en el alma”, cuenta. Criado “entre cabras, juegos y amigos” en la Vega de Tetir, donde se despertaron sus inquietudes musicales, El Colorao lleva a Fuerteventura metida en el alma. “En mí están sus áridos paisajes, sus tonalidades ocres a los que el sol les da cada día matices diferentes, su gente relajada y afable”, reconoce.

“Gran Canaria te enamora y envuelve en su magia”, Víctor Lugo (Bodega Los Berrazales)

Gran Canaria es como un pequeño continente en miniatura. Con casi 60 kilómetros de playas a lo largo de su costa, esta isla es el destino ideal para relajarse en alguna de ellas, o para descubrir los tesoros naturales que se ocultan en su parte occidental, declarada Reserva de la Biosfera. Hay tanto por ver que no sabrás por dónde empezar: la inmensidad de las dunas de Maspalomas, el encantador y pintoresco Puerto de Mogán, la tranquilidad en las calles de Agaete, la arquitectura tradicional del casco histórico de Vegueta, las panorámicas naturales más increíbles en el Parque Rural del Nublo, un día entre las calles y avenidas comerciales de una ciudad cosmopolita como su capital, Las Palmas de Gran Canaria, o disfrutar de modernos spas y centros de bienestar y belleza... “Gran Canaria es una isla diversa y llena de marcados contrastes que van desde el desierto de sus dunas a sus verdes pinares. Sin olvidar la belleza de sus valles, la luminosidad de sus playas, la hospitalidad de su gente y una capital donde se mezclan Europa, América y África”, apunta el empresario Víctor Lugo.

Al frente de la Bodega Los Berrazales, la familia Lugo-Jorge cultiva el café de Agaete, uno de los más exóticos del mundo, pues es el único que se produce en Europa. Visitar esta finca selvática, en la que también se suceden los naranjos y viñedos, es una experiencia que vale la pena. En su opinión, Gran Canaria “es una isla que te envuelve y te enamora”. “Es muy completa, con playas únicas y paisajes montañosos donde contemplar unas puestas de sol asombrosas, como las del Parque Natural de Tamadaba. Su gastronomía, con una gran mezcla de sabores, es otro de sus secretos. Esta isla te enamora y te envuelve en su magia. Cuando la visitas, ya no la quieres abandonar. Siempre tiene cosas que te sorprende”, añade Víctor.

“La isla de Tenerife lo tiene todo”, Carlos Guevara (Bodegas Platé)

Mil experiencias en una sola isla, la más extensa de Canarias. Es lo que el visitante encontrará en Tenerife, donde, al igual que en el resto de este archipiélago atlántico, el sol y el buen clima reinan durante todo el año. La naturaleza es una de las señas de identidad de este destino. Aquí encontramos el Parque Nacional del Teide, con el tercer volcán más alto del mundo (y el pico más elevado de España). Sus 3.715 metros de altura son imponentes, y su ascensión a través de paisajes llenos de contrastes es algo irrepetible. Pero hay más espacios naturales espectaculares, como los bosques de laurisilva del Macizo de Anaga, declarado Reserva de la Biosfera. Además, la costa suroeste de la isla es un lugar privilegiado para observar ballenas en libertad, con hasta 26 especies diferentes de cetáceos.

El patrimonio cultural es otro de los tesoros de Tenerife. La arquitectura colonial del casco histórico de La Laguna es Patrimonio de la Humanidad. También se respira una atmósfera de épocas pasadas por las calles de la Villa de La Orotava. Y si te gusta el golf, estás de enhorabuena: la isla cuenta con varios campos en los que poner a prueba tu swing cualquier día del año. “Tenerife ofrece muchas posibilidades, porque es una isla que tiene de todo: playas volcánicas y de arena dorada, piscinas naturales, senderismo por los bosques de Anaga o las cañadas del Teide, ciudades llenas de historia como San Cristóbal de La Laguna, el Puerto de la Cruz o Icod de los Vinos… Y después está su clima, templado y suave tanto en verano como en invierno. Por algo se la conoce como la isla de la eterna primavera”, sostiene Carlos Guevara. En sus bodegas, Carlos produce Platé, un vino que se obtiene a partir de la fermentación natural del plátano. Quienes no lo han probado nunca, piensan que se trata de una bebida muy dulce, espesa y con mucho sabor a plátano. “Y para nada es así. Sabe a vino y recuerda a otras frutas, como sucede con el vino elaborado con uvas. También puede maridarse con cualquier comida”, explica.

Kiko Correa, maestro de silbo gomero: “La Gomera es un pequeño manjar para saborear despacio”

Hasta 650 kilómetros de senderos atraviesan La Gomera de punta a punta. Caminos que trasladan al visitante a barrancos que se lanzan al mar, valles cubiertos de verdes palmeras, playas de arena negra y aguas cristalinas, frondosos bosques milenarios con manantiales que invitan a refrescarse… Este conjunto natural conforma una Reserva de la Biosfera con especies vegetales ya desaparecidas en otras partes del mundo, como la laurisilva milenaria que conforma los bosques del Parque Nacional de Garajonay, un entorno mágico único en el planeta. Desde lo alto del Mirador de los Roques, las panorámicas de la isla son un espectáculo visual. Algo similar sucede en Valle Gran Rey, donde el océano Atlántico y el verde de las palmeras confluyen frente a un espectacular barranco. Pero hay más excursiones. Dos son imprescindibles: la que nos lleva a Los Órganos, todo un monumento natural formado en un acantilado volcánico, y la que recorre las pintorescas calles de Agulo, cuyo casco histórico es una delicia. Desde el pueblo se puede admirar, como telón de fondo, el Teide y la isla de Tenerife. Y si puedes, escucha alguna exhibición de silbo gomero. Es un lenguaje ancestral, que ya practicaban los antiguos habitantes de la isla, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Aunque no te lo creas, todavía hay gente que se comunica con silbidos.

“Este patrimonio ha encontrado otros usos que antes no tenía: se silba en los colegios, en concursos, en exhibiciones para los turistas, en reportajes y documentales para todo el mundo, en el arte sonoro y performances artísticas, en publicidad, en el cine… Tenemos silbo gomero para rato”, afirma Kiko Correa, maestro de este lenguaje que nació para comunicarse a través de barrancos en los tiempos de los primeros pobladores de la isla. “La Gomera es un pequeño manjar que tienes que saborear despacio, pisando sus senderos, conociendo su gastronomía y cultura, sintiendo la amabilidad de sus gentes y descubriendo lugares mágicos y maravillosos”, cuenta Kiko. Su terreno escarpado ha determinado la forma de vida, la cultura y la forma de ser de los gomeros y gomeras. “Su riqueza natural es impresionante. Tiene un Parque Nacional, ocho monumentos naturales, tres sitios de interés científico, un paisaje protegido, una reserva natural integral y otra especial, un parque natural…”, enumera. Y añade: “Simplemente, no te la puedes perder”.