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Los 16 discos de 2015

Cada uno de los críticos de Babelia elige su álbum favorito del año. En la selección, pop-rock sentido y cosmopolita, jazz con una mirada moderna, pianistas clásicos muy singulares, distintas formas de abordar el flamenco y canción con raíces

  • Cada uno de los críticos de Babelia elige su álbum favorito del año. En la selección, pop-rock sentido y cosmopolita, jazz con una mirada moderna, pianistas clásicos muy singulares, distintas formas de abordar el flamenco y canción con raíces
    1Los 16 discos de 2015 Cada uno de los críticos de Babelia elige su álbum favorito del año. En la selección, pop-rock sentido y cosmopolita, jazz con una mirada moderna, pianistas clásicos muy singulares, distintas formas de abordar el flamenco y canción con raíces
  • Fino cantautor de Misuri, Nathaniel Rateliff debió tener una revelación cegadora. Zas: ha reaparecido al frente de una banda musculosa, The Night Sweats. Para su lanzamiento, se ha recurrido a la etiqueta Stax, como si el logo del sello de Memphis proporcionara legitimidad a la aventura. En realidad, ni resulta adecuado: los primeros temas presentan a alguien que aprendió por libre en la Escuela del Soul. Olviden ese soul revivalista de los últimos tiempos, encajonado por las leyes de la autenticidad. Aquí estamos ante un eco de las extensas bandas hippies de finales de los 60, que tocaban con más alegría que precisión. Cuando Nathaniel prescinde de los metales en la segunda parte del disco, el tono se hace intimista, sin perder un ápice de tensión. Se concreta así un disco orgánico, de gratos contrastes, que podrían haber firmado unos vecinos listos de Van Morrison, cuando el irlandés vivía en Woodstock, o Marin County. Para que no haya dudas: ese es uno de los mejores encomios que se me ocurren. Por DIEGO A. MANRIQUE.
    2Soul musculoso y sin encajonar Fino cantautor de Misuri, Nathaniel Rateliff debió tener una revelación cegadora. Zas: ha reaparecido al frente de una banda musculosa, The Night Sweats. Para su lanzamiento, se ha recurrido a la etiqueta Stax, como si el logo del sello de Memphis proporcionara legitimidad a la aventura. En realidad, ni resulta adecuado: los primeros temas presentan a alguien que aprendió por libre en la Escuela del Soul. Olviden ese soul revivalista de los últimos tiempos, encajonado por las leyes de la autenticidad. Aquí estamos ante un eco de las extensas bandas hippies de finales de los 60, que tocaban con más alegría que precisión. Cuando Nathaniel prescinde de los metales en la segunda parte del disco, el tono se hace intimista, sin perder un ápice de tensión. Se concreta así un disco orgánico, de gratos contrastes, que podrían haber firmado unos vecinos listos de Van Morrison, cuando el irlandés vivía en Woodstock, o Marin County. Para que no haya dudas: ese es uno de los mejores encomios que se me ocurren. Por DIEGO A. MANRIQUE.
  • Sufjan Stevens le niega a su séptimo álbum de estudio, el más conmovedor de su carrera, la condición de proyecto artístico. Cierto, lo que ha salido es pura vida: 'Carrie & Lowell' le sirvió de espita para la tristeza por la muerte de su madre. Y para remover la olla de recuerdos de una infancia marcada por el abandono materno cuando tenía un año. Dolores nuevos y añejos en crudo, cruzados con la comprensión y el perdón (Carrie se apartó por problemas mentales y de adicciones). No había precedentes de tamaña transparencia emocional en su obra, y llevaba años sin cultivar la desnudez folk. Aquí no hay ni la 'grandeur' con orquesta ni el enfoque electrónico de otras ocasiones. Solo 'fingerpicking', pespuntes de banjo, algún teclado y voces dobladas alrededor de un cantautor más susurrante que nunca. Dicha ligereza encierra mil demonios, también el ansia de una figura paterna encarnada luego por Lowell, padrastro y cofundador de su sello. Un disco catártico, tan poderoso como la verdad. Por RAMÓN FERNÁNDEZ ESCOBAR
    3Dolor en crudo, pura vida Sufjan Stevens le niega a su séptimo álbum de estudio, el más conmovedor de su carrera, la condición de proyecto artístico. Cierto, lo que ha salido es pura vida: 'Carrie & Lowell' le sirvió de espita para la tristeza por la muerte de su madre. Y para remover la olla de recuerdos de una infancia marcada por el abandono materno cuando tenía un año. Dolores nuevos y añejos en crudo, cruzados con la comprensión y el perdón (Carrie se apartó por problemas mentales y de adicciones). No había precedentes de tamaña transparencia emocional en su obra, y llevaba años sin cultivar la desnudez folk. Aquí no hay ni la 'grandeur' con orquesta ni el enfoque electrónico de otras ocasiones. Solo 'fingerpicking', pespuntes de banjo, algún teclado y voces dobladas alrededor de un cantautor más susurrante que nunca. Dicha ligereza encierra mil demonios, también el ansia de una figura paterna encarnada luego por Lowell, padrastro y cofundador de su sello. Un disco catártico, tan poderoso como la verdad. Por RAMÓN FERNÁNDEZ ESCOBAR
  • Si 'Atlántico' (2012), el primer disco firmado con su nombre real, sirvió para que Xoel López reformulara su propuesta respecto al efervescente y exitoso periodo como Deluxe, en esta segunda entrega amalgama definitivamente su vertiente más pop y la más acústica, la más anglosajona y la más latinoamericana. Pese al giro, su esencia compositora permanece; lo que cambian son las tímbricas y la producción, la manera de poner las canciones en pie, de colorearlas. Y lo que queda es una colección de temas sentida e irreprochable, obra de un autor sin complejos, sensible, imaginativo y lúcido, alguien que ha sabido escapar de los lugares comunes (tan frecuentes en el mimético pop español actual) e ir por libre buscando, y encontrando, una puerta de salida sin ataduras ni ideas preconcebidas que le permita unir una visión cosmopolita y eléctrica de la canción con postulados acústicos y folk. Un álbum incandescente, de hermosa y arrebatadora música popular contemporánea apta para oyentes sin prejuicios ni manías. Por JUAN PUCHADES
    4Incandescencia cosmopolita Si 'Atlántico' (2012), el primer disco firmado con su nombre real, sirvió para que Xoel López reformulara su propuesta respecto al efervescente y exitoso periodo como Deluxe, en esta segunda entrega amalgama definitivamente su vertiente más pop y la más acústica, la más anglosajona y la más latinoamericana. Pese al giro, su esencia compositora permanece; lo que cambian son las tímbricas y la producción, la manera de poner las canciones en pie, de colorearlas. Y lo que queda es una colección de temas sentida e irreprochable, obra de un autor sin complejos, sensible, imaginativo y lúcido, alguien que ha sabido escapar de los lugares comunes (tan frecuentes en el mimético pop español actual) e ir por libre buscando, y encontrando, una puerta de salida sin ataduras ni ideas preconcebidas que le permita unir una visión cosmopolita y eléctrica de la canción con postulados acústicos y folk. Un álbum incandescente, de hermosa y arrebatadora música popular contemporánea apta para oyentes sin prejuicios ni manías. Por JUAN PUCHADES
  • Algo muy poderoso debe de haber en el agua de Glasgow para que en ese bendito enclave escocés sigan floreciendo tan inmensos melodistas. La tierra de Belle & Sebastian, Travis, Franz Ferdinand, The Blue Nile, Aztec Camera o Deacon Blue nos desveló esta temporada a este Christopher Duncan, una criatura de 26 años, hijo de músicos clásicos, que tras graduarse en piano y viola en el conservatorio se encerró en su habitación y aprendió por cuenta propia a tocar todo lo demás. A la manera de un talento renacentista (incluso la portada es suya, y son celebradas sus exposiciones pictóricas), Duncan compone, graba e interpreta hasta la última nota de este debut fascinante y enciclopédico, un compendio de pop etéreo, onírico, camerístico y ensoñador que supera los logros de Fleet Foxes y opta al cetro compositivo de Brian Wilson. Estamos, eso sí, ante un autor británico y no californiano, un muchacho introspectivo al que seguramente le influyan desde la tradición coral inglesa (Novices) hasta la electrónica sutil (For). Por FERNANDO NEIRA
    5El pop onírico de un renacentista Algo muy poderoso debe de haber en el agua de Glasgow para que en ese bendito enclave escocés sigan floreciendo tan inmensos melodistas. La tierra de Belle & Sebastian, Travis, Franz Ferdinand, The Blue Nile, Aztec Camera o Deacon Blue nos desveló esta temporada a este Christopher Duncan, una criatura de 26 años, hijo de músicos clásicos, que tras graduarse en piano y viola en el conservatorio se encerró en su habitación y aprendió por cuenta propia a tocar todo lo demás. A la manera de un talento renacentista (incluso la portada es suya, y son celebradas sus exposiciones pictóricas), Duncan compone, graba e interpreta hasta la última nota de este debut fascinante y enciclopédico, un compendio de pop etéreo, onírico, camerístico y ensoñador que supera los logros de Fleet Foxes y opta al cetro compositivo de Brian Wilson. Estamos, eso sí, ante un autor británico y no californiano, un muchacho introspectivo al que seguramente le influyan desde la tradición coral inglesa (Novices) hasta la electrónica sutil (For). Por FERNANDO NEIRA
  • El clavicémbalo con el que se abre este disco en una especie de 'macguffin' al que no hay que hacer demasiado caso como tal, pero que sirve como indicativo de cómo de aventurada puede ser la música de Julia Holter. 'Have You in My Wilderness' es el disco más pop de una cantautora que se ha movido por cauces cercanos a la música experimental y cuya delicadeza la conecta con Björk, Kate Bush y Robert Wyatt. Las melodías de ‘Lucette stranded on the island’ o ‘Feel you’ resultan propias de canciones pop, pero los envoltorios son atípicos para este tipo de formato. En ‘Sea calls me home’ y ‘Everytime boots’ sucede lo contrario, la canción parte de una estructura más convencional pero la manera de cantar de Holter la aproxima al jazz. Todo esto hace del cuarto álbum de la californiana una obra destacable, por su manera de arriesgar sin dejar en ningún momento de hacer música que llegue a quien la escucha. Y sí, el clavicémbalo vuelve a aparecer más adelante en el disco. Por RAFA CERVERA
    6Tan arriesgado como cercano El clavicémbalo con el que se abre este disco en una especie de 'macguffin' al que no hay que hacer demasiado caso como tal, pero que sirve como indicativo de cómo de aventurada puede ser la música de Julia Holter. 'Have You in My Wilderness' es el disco más pop de una cantautora que se ha movido por cauces cercanos a la música experimental y cuya delicadeza la conecta con Björk, Kate Bush y Robert Wyatt. Las melodías de ‘Lucette stranded on the island’ o ‘Feel you’ resultan propias de canciones pop, pero los envoltorios son atípicos para este tipo de formato. En ‘Sea calls me home’ y ‘Everytime boots’ sucede lo contrario, la canción parte de una estructura más convencional pero la manera de cantar de Holter la aproxima al jazz. Todo esto hace del cuarto álbum de la californiana una obra destacable, por su manera de arriesgar sin dejar en ningún momento de hacer música que llegue a quien la escucha. Y sí, el clavicémbalo vuelve a aparecer más adelante en el disco. Por RAFA CERVERA
  • Arrebato de electricidad Los arrebatos de electricidad desbocada del trío femenino de Olympia aún se antojan esenciales, diez años después de su última entrega. Su forma de pulir, universalizar y trascender la filosofía de aquel movimiento 'riot grrrl' para convertirse en la voz actual de los desclasados, de los marginados por las desigualdades del capitalismo sin bridas, se concreta en un gozoso muestrario de todas sus potencialidades, a la altura de sus mejores obras. Una suerte de punk rock sin manierismos pero también sin tosquedades, de alto voltaje y precisión milimétrica, que tiene aún una apabullante traducción a escena (su paso por el Primavera Sound fue de órdago) y reafirma por enésima vez que forman parte de ese escaso círculo de bandas de rock de guitarras que aún son de verdad necesarias. Su retorno, lejos de prolongar complacientemente la garantía de su marca, actualiza su discurso a los tiempos que corren y vuelve ratificar -otra vez- que lo suyo es acabar convirtiendo lo excepcional en norma. Por CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA
    7Arrebato de electricidad Arrebato de electricidad Los arrebatos de electricidad desbocada del trío femenino de Olympia aún se antojan esenciales, diez años después de su última entrega. Su forma de pulir, universalizar y trascender la filosofía de aquel movimiento 'riot grrrl' para convertirse en la voz actual de los desclasados, de los marginados por las desigualdades del capitalismo sin bridas, se concreta en un gozoso muestrario de todas sus potencialidades, a la altura de sus mejores obras. Una suerte de punk rock sin manierismos pero también sin tosquedades, de alto voltaje y precisión milimétrica, que tiene aún una apabullante traducción a escena (su paso por el Primavera Sound fue de órdago) y reafirma por enésima vez que forman parte de ese escaso círculo de bandas de rock de guitarras que aún son de verdad necesarias. Su retorno, lejos de prolongar complacientemente la garantía de su marca, actualiza su discurso a los tiempos que corren y vuelve ratificar -otra vez- que lo suyo es acabar convirtiendo lo excepcional en norma. Por CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA
  • Locura total es decidir grabar un disco al alimón con un músico que has conocido esa misma mañana. Le sucedió al argentino Fito Páez y al brasileño Paulhino Moska, que se aventuraron a componer juntos en ambos idiomas y fusionar sus dos mundos con costuras invisibles y una alquimia prodigiosa. Locura total es el viaje de excesos de ‘Milagros y heridas’, frenético hasta tal punto que “Breaking bad' era un cuentito de hadas”, pero sobre todo es un relajante paseo por Bahía, como sucede en la canción que titula el disco. Dos letras del mejor Páez rockero que, sin renunciar al frenesí de su lenguaje musical, se deja abrazar en gran medida por la samba, la bossa, el bolero y el tango. Entre las mejores imágenes de las doce canciones, las de ‘Garota muchacha’: “El amor siempre ronda por los camarines bebiendo y fumando”. Una combinación tan cálida, envolvente y placentera que, cuando el cedé acaba, sientes ganas de darle al play y que la música siga flotando por el salón. Por ARANCHA MORENO
    8Alquimia instantánea Locura total es decidir grabar un disco al alimón con un músico que has conocido esa misma mañana. Le sucedió al argentino Fito Páez y al brasileño Paulhino Moska, que se aventuraron a componer juntos en ambos idiomas y fusionar sus dos mundos con costuras invisibles y una alquimia prodigiosa. Locura total es el viaje de excesos de ‘Milagros y heridas’, frenético hasta tal punto que “Breaking bad' era un cuentito de hadas”, pero sobre todo es un relajante paseo por Bahía, como sucede en la canción que titula el disco. Dos letras del mejor Páez rockero que, sin renunciar al frenesí de su lenguaje musical, se deja abrazar en gran medida por la samba, la bossa, el bolero y el tango. Entre las mejores imágenes de las doce canciones, las de ‘Garota muchacha’: “El amor siempre ronda por los camarines bebiendo y fumando”. Una combinación tan cálida, envolvente y placentera que, cuando el cedé acaba, sientes ganas de darle al play y que la música siga flotando por el salón. Por ARANCHA MORENO
  • ‘’El jazz es como un telescopio, mientras que mucha otra música es más como un microscopio’’, razona este corpulento saxofonista californiano de erizada cabellera y negra tez. Su espectacular debut, un triple álbum, cuestiona mayestático el fragmentado modo en que hoy consumimos música. En su inventiva y amplitud, 'The Epic' nos sugiere que las mentes humanas se apagan entumecidas por la sobredosis de información. Washington, que aparece en el popular álbum de Kendrick Lamarr, invitó al estudio a jóvenes instrumentistas y juntos olvidaron las reglas, exploraron nuevos paisajes. Esta destilación de tres Terabytes de grabaciones retrotrae a los tiempos del jazz de fusión y la opulencia del soul psicodélico, al impulso de la improvisación y el hip-hop. Una vez captada la maravilla, Kamasi ingeniaba la trama de orquestación y voces que compactase este poliédrico ente. El efecto transversal que tal festín produce aproximará a los jóvenes a la música —dicen las estadísticas— menos apreciada hoy por los estadounidenses. Por IGNACIO JULIÁ
    9Un telescopio, un festín ‘’El jazz es como un telescopio, mientras que mucha otra música es más como un microscopio’’, razona este corpulento saxofonista californiano de erizada cabellera y negra tez. Su espectacular debut, un triple álbum, cuestiona mayestático el fragmentado modo en que hoy consumimos música. En su inventiva y amplitud, 'The Epic' nos sugiere que las mentes humanas se apagan entumecidas por la sobredosis de información. Washington, que aparece en el popular álbum de Kendrick Lamarr, invitó al estudio a jóvenes instrumentistas y juntos olvidaron las reglas, exploraron nuevos paisajes. Esta destilación de tres Terabytes de grabaciones retrotrae a los tiempos del jazz de fusión y la opulencia del soul psicodélico, al impulso de la improvisación y el hip-hop. Una vez captada la maravilla, Kamasi ingeniaba la trama de orquestación y voces que compactase este poliédrico ente. El efecto transversal que tal festín produce aproximará a los jóvenes a la música —dicen las estadísticas— menos apreciada hoy por los estadounidenses. Por IGNACIO JULIÁ
  • Sencillamente, hermoso. 'Cada 5 segundos (5 segundoro', en euskera) atrapa a la primera oída, y ya no hay quien se lo quite de encima. Un disco de una belleza serena y cristalina. Música de hoy, de ahora. Lo mejor, que Mikel Andueza no pretende señalar nuevos caminos al jazz: nunca se lo agradeceremos lo suficiente. 'Cada 5 segundos' es, también, algo que el jazz no suele ser: un trabajo de grupo. Ensembles cuidados al detalle, melodías de un lirismo arrebatador: ‘Cada 5 segundos’, ‘Zortziko para Mauro’, ‘Underground’, ‘Ponle letra’… Acompañan al saxofonista y compositor los muy inspirados Chris Kase, trompeta; Iñaki Salvador, piano; Gonzalo Tejada, contrabajo; y Gonzalo del Val, batería, más Dani Pérez, a la guitarra; una presencia que marca la diferencia. Cada 5 segundos toma su nombre del espacio de tiempo que marca la muerte por inanición de un niño en el continente africano: “Cada 5 segundos aparece una nueva nota”, escribe Andueza, “después se van juntando, llega el caos, las notas pierden importancia y se olvidan”. Por CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ
    10Belleza serena y cristalina Sencillamente, hermoso. 'Cada 5 segundos (5 segundoro', en euskera) atrapa a la primera oída, y ya no hay quien se lo quite de encima. Un disco de una belleza serena y cristalina. Música de hoy, de ahora. Lo mejor, que Mikel Andueza no pretende señalar nuevos caminos al jazz: nunca se lo agradeceremos lo suficiente. 'Cada 5 segundos' es, también, algo que el jazz no suele ser: un trabajo de grupo. Ensembles cuidados al detalle, melodías de un lirismo arrebatador: ‘Cada 5 segundos’, ‘Zortziko para Mauro’, ‘Underground’, ‘Ponle letra’… Acompañan al saxofonista y compositor los muy inspirados Chris Kase, trompeta; Iñaki Salvador, piano; Gonzalo Tejada, contrabajo; y Gonzalo del Val, batería, más Dani Pérez, a la guitarra; una presencia que marca la diferencia. Cada 5 segundos toma su nombre del espacio de tiempo que marca la muerte por inanición de un niño en el continente africano: “Cada 5 segundos aparece una nueva nota”, escribe Andueza, “después se van juntando, llega el caos, las notas pierden importancia y se olvidan”. Por CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ
  • En 1735, Johann Sebastian Bach, quizá para comprender el porqué de la magnitud de su propio genio, escribió una genealogía de todos sus antepasados y descendientes músicos. Quien sale mejor parado es su tío Johann Christoph, definido como “un compositor profundo”. Vox Luminis, que obtuvo en 2012 el justísimo premio al Mejor Disco del Año de la revista 'Gramophone' por su grabación de las 'Exequias musicales' de Heinrich Schütz, imponiéndose a instrumentistas, cantantes y orquestas de campanillas, vuelve ahora a demostrar su afinidad con la música alemana del siglo XVII. Procedentes de varios países, formados en La Haya y radicados en Bélgica, sus jóvenes cantantes poseen voces excepcionales que Lionel Meunier ha sabido moldear en un todo íntimo y expresivo que irradia cohesión sin que se pierda una sola de sus individualidades. Estos motetes de los Bach ayudan a comprender la grandeza de Johann Sebastian, que los admiró y atesoró en su archivo personal. Música de primerísima, apenas conocida, soberbiamente interpretada. Por LUIS GAGO
    11Para entender a Bach En 1735, Johann Sebastian Bach, quizá para comprender el porqué de la magnitud de su propio genio, escribió una genealogía de todos sus antepasados y descendientes músicos. Quien sale mejor parado es su tío Johann Christoph, definido como “un compositor profundo”. Vox Luminis, que obtuvo en 2012 el justísimo premio al Mejor Disco del Año de la revista 'Gramophone' por su grabación de las 'Exequias musicales' de Heinrich Schütz, imponiéndose a instrumentistas, cantantes y orquestas de campanillas, vuelve ahora a demostrar su afinidad con la música alemana del siglo XVII. Procedentes de varios países, formados en La Haya y radicados en Bélgica, sus jóvenes cantantes poseen voces excepcionales que Lionel Meunier ha sabido moldear en un todo íntimo y expresivo que irradia cohesión sin que se pierda una sola de sus individualidades. Estos motetes de los Bach ayudan a comprender la grandeza de Johann Sebastian, que los admiró y atesoró en su archivo personal. Música de primerísima, apenas conocida, soberbiamente interpretada. Por LUIS GAGO
  • Cada nuevo disco de Grigory Sokolov —un pianista de culto al que le gusta muy poco grabar— se convierte en una referencia. Lo es la grabación en directo del emocionante recital que ofreció en el Festival de Salzburgo el 30 de julio de 2008. Casi siete años ha tardado en ver la luz el doble disco que recoge la memorable velada que el pianista ruso consagró a Mozart y Chopin. Del salzburgués interpreta las Sonatas K 280' y 'K 332' y lo hace recreando el juego de contrastes y tensiones que animan unas partituras de aspecto galante, pero de inesperados acentos dramáticos. Sokolov mantiene el pulso narrativo sin violentar el equilibrio natural. No hay extravagancias ni efectos de cara a la galería tampoco en su interpretación de los geniales 24 'Preludios, op. 28' de Chopin, ciclo que ya grabó en París en 1990, también en directo. La lectura es ahora más expresiva, lenta, pero sin afectación ni sobrecarga dramática. Un colosal recital que acaba con piezas de Chopin, Bach, Rameau y Scriabin como gloriosas propinas. Por JAVIER PÉREZ SENZ
    12Memorable velada en Salzburgo Cada nuevo disco de Grigory Sokolov —un pianista de culto al que le gusta muy poco grabar— se convierte en una referencia. Lo es la grabación en directo del emocionante recital que ofreció en el Festival de Salzburgo el 30 de julio de 2008. Casi siete años ha tardado en ver la luz el doble disco que recoge la memorable velada que el pianista ruso consagró a Mozart y Chopin. Del salzburgués interpreta las Sonatas K 280' y 'K 332' y lo hace recreando el juego de contrastes y tensiones que animan unas partituras de aspecto galante, pero de inesperados acentos dramáticos. Sokolov mantiene el pulso narrativo sin violentar el equilibrio natural. No hay extravagancias ni efectos de cara a la galería tampoco en su interpretación de los geniales 24 'Preludios, op. 28' de Chopin, ciclo que ya grabó en París en 1990, también en directo. La lectura es ahora más expresiva, lenta, pero sin afectación ni sobrecarga dramática. Un colosal recital que acaba con piezas de Chopin, Bach, Rameau y Scriabin como gloriosas propinas. Por JAVIER PÉREZ SENZ
  • En un mundo abarrotado de brillantísimos y espectaculares jóvenes devoradores de teclas aburridamente clónicos, el tocar a menudo quedo, ensimismado, siempre reflexivo, casi siempre introvertido de Javier Perianes es una lección, un consuelo, un aliciente a seguir escuchando aún una vez más una nueva versión de piezas archigrabadas. Tras unos discos excepcionales dedicados a Schubert o a Mendelssohn aparecidos en años anteriores, el de Nerva, el mejor pianista español del momento y una figura destacada en el panorama internacional aborda la figura del noruego Edvard Grieg a través de su obras más célebres para piano: el 'Concierto para piano en La menor', en donde es acompañado por la orquesta de la BBC dirigida con tino por el finlandés Sakari Oramo y una selección de las Piezas líricas para piano solo. Como era de esperar en Perianes, si todo el disco es bueno, la excelencia, el momento se alcanza en el 'Adagio' central del concierto y en las Piezas líricas. Por XAVIER PUJOL
    13El pianista ensimismado En un mundo abarrotado de brillantísimos y espectaculares jóvenes devoradores de teclas aburridamente clónicos, el tocar a menudo quedo, ensimismado, siempre reflexivo, casi siempre introvertido de Javier Perianes es una lección, un consuelo, un aliciente a seguir escuchando aún una vez más una nueva versión de piezas archigrabadas. Tras unos discos excepcionales dedicados a Schubert o a Mendelssohn aparecidos en años anteriores, el de Nerva, el mejor pianista español del momento y una figura destacada en el panorama internacional aborda la figura del noruego Edvard Grieg a través de su obras más célebres para piano: el 'Concierto para piano en La menor', en donde es acompañado por la orquesta de la BBC dirigida con tino por el finlandés Sakari Oramo y una selección de las Piezas líricas para piano solo. Como era de esperar en Perianes, si todo el disco es bueno, la excelencia, el momento se alcanza en el 'Adagio' central del concierto y en las Piezas líricas. Por XAVIER PUJOL
  • Hay un Niño de Elche de cante arrebatador y flamenco de oblicua ortodoxia morentiana en 'Mis primeros llantos' (2007); un Niño de Elche de apuntalada heterodoxia en Sí, a 'Miguel Hernández' (2014), y hay un Niño de Elche perturbador, catártico y canalla, deshaciendo límites y arrumbando fronteras, en Voces del extremo (2015). El título lo toma del encuentro anual de la llamada poesía de la conciencia, que se celebra en Moguer (Huelva) desde 1999, y que dirige Antonio Orihuela, autor del texto de ‘Miénteme’. Poesía de la conciencia y músicas periféricas para una revulsiva declaración de intenciones que, manteniendo ecos de coloratura flamenca, reniega de los padres y las madres de lo jondo y se adentra en territorios más propios de una rave que de un escenario. 'Voces del extremo' es paradigma de búsqueda y ruptura en continente y contenido; es un artefacto que rechaza taxonomías y desestabiliza arquetipos: justamente como la teoría 'queer', de la que Niño de Elche es deudor. Y es el punto de partida para los agitadores directos de su autor. Por JAVIER LOSILLA
    14Búsqueda y ruptura Hay un Niño de Elche de cante arrebatador y flamenco de oblicua ortodoxia morentiana en 'Mis primeros llantos' (2007); un Niño de Elche de apuntalada heterodoxia en Sí, a 'Miguel Hernández' (2014), y hay un Niño de Elche perturbador, catártico y canalla, deshaciendo límites y arrumbando fronteras, en Voces del extremo (2015). El título lo toma del encuentro anual de la llamada poesía de la conciencia, que se celebra en Moguer (Huelva) desde 1999, y que dirige Antonio Orihuela, autor del texto de ‘Miénteme’. Poesía de la conciencia y músicas periféricas para una revulsiva declaración de intenciones que, manteniendo ecos de coloratura flamenca, reniega de los padres y las madres de lo jondo y se adentra en territorios más propios de una rave que de un escenario. 'Voces del extremo' es paradigma de búsqueda y ruptura en continente y contenido; es un artefacto que rechaza taxonomías y desestabiliza arquetipos: justamente como la teoría 'queer', de la que Niño de Elche es deudor. Y es el punto de partida para los agitadores directos de su autor. Por JAVIER LOSILLA
  • El pianista sevillano y el contrabajista francés son músicos de reconocida elocuencia expresiva. En este proyecto común ambos parecen haber cedido espacios propios para transitar un sendero nuevo lleno de complicidades y dentro de una atmósfera intimista que facilita el diálogo instrumental. En él se escuchan ecos de inspiración muy variada: de la mejor tradición pianística española al barroco o a la música experimental, con composiciones compartidas y mucha libertad para recrearlas. Y siempre al servicio del flamenco más genuino. García-Fons abarca toda la tonalidad de un cuarteto con su contrabajo de cinco cuerdas y con el arco ejerce de voz cantaora. Dorantes lo arropa en su vuelo, cubre todos los espacios y lo acompaña como guitarrista para cantaor. Pero su piano también canta. Los dos pueden 'romperse' con jondura en la interpretación de cada uno de los estilos flamencos que abordan: bulería, malagueña, soleá, seguiriya, tangos... Música para un universo nuevo donde los límites se diluyen en pura fantasía. Por FERMÍN LOBATÓN
    15Flamenco genuino y sin límites El pianista sevillano y el contrabajista francés son músicos de reconocida elocuencia expresiva. En este proyecto común ambos parecen haber cedido espacios propios para transitar un sendero nuevo lleno de complicidades y dentro de una atmósfera intimista que facilita el diálogo instrumental. En él se escuchan ecos de inspiración muy variada: de la mejor tradición pianística española al barroco o a la música experimental, con composiciones compartidas y mucha libertad para recrearlas. Y siempre al servicio del flamenco más genuino. García-Fons abarca toda la tonalidad de un cuarteto con su contrabajo de cinco cuerdas y con el arco ejerce de voz cantaora. Dorantes lo arropa en su vuelo, cubre todos los espacios y lo acompaña como guitarrista para cantaor. Pero su piano también canta. Los dos pueden 'romperse' con jondura en la interpretación de cada uno de los estilos flamencos que abordan: bulería, malagueña, soleá, seguiriya, tangos... Música para un universo nuevo donde los límites se diluyen en pura fantasía. Por FERMÍN LOBATÓN
  • La trayectoria de Toti Soler en otro país hubiera merecido hace tiempo unos cuantos cum laude y otros reconocimientos a la vista del balance artístico de un músico que ha escrito algunas de las páginas más bellas de la música popular de estos últimos cincuenta años fuera de modas o imperativos. Más que un músico a contracorriente, un creador al dictado siempre de una sensibilidad extrema. 'El temps que s’atura', su último trabajo, coincide con la celebración de su medio siglo de trayectoria profesional y señala ese grado de clasicismo y excelencia que ha ido depositando en todas estas décadas solo o en compañía, desde la música o canción de autor y en diferentes encuentros. Para gozar de ese tiempo detenido las voces de Gemma Huguet y Laia Soler se funden de nuevo con la música y con la propia voz de Soler. Cuando el término “mediterráneo” salpica tantos trabajos, la obra de Toti Soler reescribe con elegancia esa geografía musical a partir de la contemporaneidad sumando al festín la otra música, la lírica de los poetas. Por CARLES GÁMEZ
    16Mediterráneo contemporáneo La trayectoria de Toti Soler en otro país hubiera merecido hace tiempo unos cuantos cum laude y otros reconocimientos a la vista del balance artístico de un músico que ha escrito algunas de las páginas más bellas de la música popular de estos últimos cincuenta años fuera de modas o imperativos. Más que un músico a contracorriente, un creador al dictado siempre de una sensibilidad extrema. 'El temps que s’atura', su último trabajo, coincide con la celebración de su medio siglo de trayectoria profesional y señala ese grado de clasicismo y excelencia que ha ido depositando en todas estas décadas solo o en compañía, desde la música o canción de autor y en diferentes encuentros. Para gozar de ese tiempo detenido las voces de Gemma Huguet y Laia Soler se funden de nuevo con la música y con la propia voz de Soler. Cuando el término “mediterráneo” salpica tantos trabajos, la obra de Toti Soler reescribe con elegancia esa geografía musical a partir de la contemporaneidad sumando al festín la otra música, la lírica de los poetas. Por CARLES GÁMEZ
  • Cinco años después de su debut con Chamber Music –grabado en el estudio de Salif Keita-, el maliense Ballaké Sissoko y el francés Vincent Segal se reencuentran en este luminoso álbum. La kora y el violoncello se alternan en improvisaciones que recuerdan la cálida noche maliense. Grabado en la azotea de la casa de Ballaké en Bamako, esta conversación instrumental recoge el espíritu de la música mandinga y fusiona la tradición rural con la urbana. Diversos estilos se conjugan como la post-bossa-nova brasileña –Passa Quatro-, la música de danza –Samba Tomora-, e incluso aporta algunas tonalidades clásicas –Prelude-; en Balanzando incorpora tambores tribales y balidos de cabras; el ritmo de N’kapalema sugiere una caravana de camellos cruzando el Sahara; Diabaro es el único tema en el que se añade la voz de Babani Koné, en un tema de la tradicional canción griot. El disco se cierra con Musique de nuit. A lo largo de los nueve temas, la improvisación y claridad del discurso transportan a la geografía del Sahel recorrida por el Níger. Y es que Mali rezuma musicalidad. Un pueblo que, invadido por el fundamentalismo islamista, es capaz de jugar al fútbol sin balón y de hacer música sin emitir sonidos al exterior, merece todo el respeto. Por AMELIA CASTILLA
    17La cálida noche de Malí Cinco años después de su debut con Chamber Music –grabado en el estudio de Salif Keita-, el maliense Ballaké Sissoko y el francés Vincent Segal se reencuentran en este luminoso álbum. La kora y el violoncello se alternan en improvisaciones que recuerdan la cálida noche maliense. Grabado en la azotea de la casa de Ballaké en Bamako, esta conversación instrumental recoge el espíritu de la música mandinga y fusiona la tradición rural con la urbana. Diversos estilos se conjugan como la post-bossa-nova brasileña –Passa Quatro-, la música de danza –Samba Tomora-, e incluso aporta algunas tonalidades clásicas –Prelude-; en Balanzando incorpora tambores tribales y balidos de cabras; el ritmo de N’kapalema sugiere una caravana de camellos cruzando el Sahara; Diabaro es el único tema en el que se añade la voz de Babani Koné, en un tema de la tradicional canción griot. El disco se cierra con Musique de nuit. A lo largo de los nueve temas, la improvisación y claridad del discurso transportan a la geografía del Sahel recorrida por el Níger. Y es que Mali rezuma musicalidad. Un pueblo que, invadido por el fundamentalismo islamista, es capaz de jugar al fútbol sin balón y de hacer música sin emitir sonidos al exterior, merece todo el respeto. Por AMELIA CASTILLA