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Liz Rosenberg, el chaleco antibalas de Madonna

La agente se retira tras 45 años velando por la imagen de estrellas

Madonna y Liz Rosenberg, en el estreno de la cinta 'Evita'. Ampliar foto
Madonna y Liz Rosenberg, en el estreno de la cinta 'Evita'. FilmMagic,

"¿Quieres casarte conmigo?" "Sí, pero este año no puede ser, que tengo la gira de Madonna". Esa fue la respuesta de Liz Rosenberg al que terminaría siendo su marido, Phil Citron (agente de contratación de artistas como Tom Jones o Julio Iglesias), que no tuvo otra ocurrencia mejor que pedirle matrimonio en 1990, con el Blond Ambition Tour de la reina del pop a punto de empezar. Citron tendría que esperar a 1992 para casarse con Rosenberg, que durante esos dos años se enfrentó a los mayores retos profesionales como publicista de una Madonna que en aquel momento era la mujer más famosa del mundo y portada en los periódicos de todo el mundo casi a diario por sus escándalos sexuales, como el lanzamiento del libro Sex.

Liz consiguió sacar medio viva a Madonna de aquello, como había hecho tantas veces antes y como ha seguido haciendo hasta esta semana, cuando ha anunciado que se jubila cumplidos los 67. Lo hace tras 45 años como jefa de prensa de grandes estrellas como Cher, Stevie Nicks, The Pretenders o Michael Bublé, y de trabajar para otros muchos como Liza Minelli, Prince o Dave Stewart. Pero desde hace 32 años su ocupación principal ha sido la de chaleco antibalas de Madonna. “¿Alguien se imagina la locura que supone ser mi publicista durante 25 años?”, preguntaba la cantante al público durante su discurso de investidura en el Rock & Roll Hall of Fame en 2008, en el que dedicó parte de sus agradecimientos a “la cabeza pensante detrás de mi imagen durante toda mi carrera”. Esas palabras fueron una prueba de que Rosenberg ha cumplido con su deber. Pero también le han llovido palos. Muchos periodistas la han acusado de lianta y mentirosa, y siempre le han acompañado rumores de ganarse el favor de los editores de las principales revistas a base de regalos. Cuatro décadas junto a la artista femenina más exitosa y polémica dan para muchos aciertos, errores, y sobre todo, grandes anécdotas.

Madonna y Liz Rosenberg, en 2011.
Madonna y Liz Rosenberg, en 2011. CORDON PRESS

 “Creo que Liz se estaba fumando un porro la primera vez que la vi. Entré en su despacho y ella lo dejó delicadamente en el cenicero. No creo que pensase que yo me había dado cuenta, pero era un poco obvio. En cualquier caso seguimos adelante. Era mi tipo de chica: dura, irreverente y divertida”, cuenta Madonna de su primera toma de contacto con Rosenberg en 1983, en su oficina de la planta 20 del edificio Time Warner en Manhattan. Madonna no era aún famosa, apenas había sacado dos canciones, pero vio en Rosenberg a la persona perfecta para ayudar a construir el mito. Una publicista de la vieja escuela, experta en fomentar la inaccesibilidad de las estrellas, de construir un muro de separación entre ellas y los medios, y al mismo tiempo capaz de alimentarles continuamente. El primer consejo que le dio a Madonna fue que jamás respondiese con un ‘no comment’, sino que crease la ilusión de transparencia a los periodistas. No tardaron en enfrentarse a la primera prueba. En 1985 Playboy publicó unas fotografías de Madonna desnuda cuando posaba para fotógrafos artísticos para ganarse la vida en Nueva York. Madonna fue a ver a Liz angustiada, creyendo que su incipiente carrera se iría al traste. Ella le respondió: “No es un asunto importante y no vamos a permitir que lo sea”. De forma inmediata consiguieron que Madonna actuase en los conciertos benéficos Live Aid, con el pelo oscuro, tapada hasta las orejas y cantando canciones de amor ante una audiencia planetaria. Fin de la historia. El llamamiento al boicot del Vaticano tras el lanzamiento de Like a Prayer, su noviazgo con Warren Beatty o el idilio lésbico con Ingrid Casares. Los divorcios de Sean Penn y Guy Ritchie, o el rumor de que Madonna era seropositiva, que Rosenberg resolvió con el siguiente comunicado: “Si esto es lo que tengo que sufrir por luchar contra esta epidemia, lo acepto”. Los comentarios cesaron.

Liz Rosenberg, con sus características diademas, en una fiesta con Madonna en 2008. ampliar foto
Liz Rosenberg, con sus características diademas, en una fiesta con Madonna en 2008.

Durante los 32 años de trayectoria de Madonna, Liz Rosenberg ha peleado con uñas y dientes por defenderla. Ha sabido mantener contentos a los periodistas, pero también se ha ganado enemigos. Principalmente por desmentir informaciones que terminaron siendo ciertas, como el deseo de Madonna de adoptar un hijo en Malaui, o que Madonna y Guy Ritchie iban a divorciarse. Rosenberg lo negó, y tres meses después se oficializaba la ruptura. Pero en general siempre fue la favorita de la prensa rosa estadounidense, que echará de menos sus tocados imposibles en las alfombras rojas y fiestas de Hollywood. Orejitas de gato, de conejo o antenas de mariposa. Ella aseguraba que se las ponía para “recordar que no hay que tomarse ese mundillo tan en serio”, aunque las malas lenguas decían que Madonna le obligaba a llevarlas para tenerla localizada en todo momento. Lo que nadie puede negar es que consiguió que una maniática del control como Madonna le diese la potestad de hablar por ella. También su lealtad. Dejó Warner cuando la cantante abandonó la discográfica. Montó su propia empresa, Liz Rosenberg Media, con unos labios con el pintalabios corrido como logo de la compañía. Una imagen perfecta de lo que ha sido su labor: pelear en la sombra, como si de una batalla se tratase, para mantener intacto el glamour.