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Revista de verano

Enrique de Inglaterra recuerda los horrores vividos en Afganistán

“Fue algo para lo que nunca estuve preparado”, escribe el príncipe en una carta publicada en un medio británico

Enrique de Inglaterra, durante su segunda misión en Afganistán, en noviembre de 2012.
Enrique de Inglaterra, durante su segunda misión en Afganistán, en noviembre de 2012.

Cuando Enrique de Inglaterra evoca los horrores vividos por los soldados patrios en la guerra de Afganistán, con el objetivo de auspiciar un torneo paralímpico de veteranos en Londres, casi nadie osa rechistarle la causa. Pero cuando uno de los queridos nietos de Isabel II, el cuarto en la línea de sucesión al trono, publica una carta en la prensa británica sobre su propia y trágica experiencia en combate –reciclada en reportaje por el Sunday Times- hasta el sector más promonárquico atisba una operación de relaciones públicas. El díscolo Enrique intenta redimirse ante la opinión pública por enésima vez, cual soldado que ha atestiguado de primera mano –aunque fuera altamente protegido a tenor de su estatus- el sufrimiento de sus colegas en armas.

Probablemente lo consiga, porque el hijo menor del príncipe Carlos y la fallecida Diana de Gales, siempre ha encarnado con todas sus debilidades ese toque humano del que han adolecido los Windsor, incluido su hermano Guillermo, tan correcto y apuesto ante las cámaras como en el fondo distante. “Nunca había visto algo así de primera mano, las lesiones causadas en gran parte por artefactos explosivos improvisados”, escribe Enrique en una misiva que quiere resumir las dos tandas en las que sirvió para el ejército británico en Afganistán: la primera, en 2008, tan publicitada que obligó a evacuarlo anticipadamente de la zona ante los temores por su integridad física; la segunda, a finales de 2012, al mando de un helicóptero Apache cuyas operaciones no trascendieron hasta concluida la misión.

De esta última experiencia y una vez cumplidas sus obligaciones militares, quemando discotecas y novias al paso, el príncipe relata: “La pérdida de la vida es tan trágica y devastadora de por sí, pero ver a jóvenes, mucho más jóvenes que yo, envueltos en plástico y sin extremidades, con cientos de tubos saliendo de ellos, fue algo para lo que nunca estuve preparado”. Enrique cumplirá los 30 años coincidiendo con la celebración de los llamados Invictus Games, un torneo paralímpico en el que participarán soldados británicos, estadounidenses, canadienses, incluso iraquíes y afganos -lo que la organización denomina “fuerzas aliadas”- en nueve disciplinas deportivas, desde el arco hasta el baloncesro en silla de ruedas.