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"Desde el primer día sospeché de él"

El padre de Mari Luz, la niña de Huelva hallada muerta el pasado 7 de marzo, pide "calma y prudencia" en una multitudinaria rueda de prensa

"Desde el primer día sospeché de él por las sensaciones que tenía". Juan José Cortés, el padre de Mari Luz, la niña hallada muerta el pasado 7 de marzo, declaró la tarde del miércoles que no le desea "ni uno sólo de los 54 días" que estuvo su hija desaparecida al hombre detenido ayer en Cuenca, Santiago V.G., de 52 años. Para Cortés, "hoy se ha dado un paso importante pero no definitivo para hacer justicia a Mari Luz". Este padre ha pedido que el detenido, "que tanto ha burlado a la justicia, no vuelva a hacerlo", en alusión a que fue interrogado en Granada y puesto en libertad por falta de pruebas.

Cortés ha recurrido a un símil del boxeo para explicar cómo se sintió durante la desaparición de su hija: "Era como un boxeador que recibe golpes y está grogui, sin poder defenderse". Pero ahora "hay que luchar para que cumpla por lo que ha hecho, le estoy hablando a España entera, a quienes tienen en sus manos que no vuelva a pesar lo que le ha ocurrido a mi hija". Cortés se ha mostrado "convencido de que tiene que haber más implicados, pronto sabremos más cosas y se podrá hablar con más seriedad". En este sentido ha asegurado que la mujer de Santiago V.G. lo encubrió y que por lo tanto "es partícipe, si no cómplice".

De la búsqueda de su niña, desde el 13 de febrero, ha dicho que indagaron por todas partes, "quizás pasé cerca de ella sin encontrarla", ha lamentado. "Sólo pido a la justicia rotundidad para que nadie pase por lo que yo he pasado, y que quede claro que este hombre no está loco".

Conocía los antecedentes del detenido

El padre de Mari Luz ha asegurado que desconocía los antecedentes por pederastia del acusado "hasta el día en que desapareció la niña y fuimos a su casa porque mi hermano Diego sí los conocía". En ese momento y cuando supo que el detenido "había abusado" de su propia hija y "había protagonizado delitos similares, supe que no iba a ver más a mi hija con vida", ha sentenciado Cortés.

Tampoco sabía, hasta la desaparición de su hija, que el acusado "se había apuntado al colegio de la pequeña para recibir clases y que había sido expulsado por la cercanía a las niñas, lo mismo que había hecho en Gijón, ciudad de la que provenía cuando llegó a Huelva hace unos meses". Cortés ha insistido en que el acusado "puede ser tonto -tiene una minusvalía-, pero no está loco y, si antes no ha recibido tratamiento, ahora lo que toca es que pague por lo que ha hecho".

Cuando fue a casa del sospechoso con su hermano, "sólo para buscar a la niña y sin hacer daño a nadie", le llamó la atención su "imagen de asesino con la puerta abierta buscando la protección policial y diciendo que no iba a cargar con este marrón". Además, destacó que la hermana "dijo que su coche estaba en la puerta" cuando "estaba en otro lugar", y había "unos pañuelos que ellos vendían apilados junto a un carrito que estaba vacío".

Cortés quiso dejar claro que los detenidos "no son gitanos" y, a los que "hablaron de un posible ajuste de cuentas", ha precisado que "las cuentas nunca se ajustan así, nunca se utilizan a los niños pequeños", tras lo que resaltó que los acusados "no tenían nada contra la familia, simplemente la niña ha pagado las psicopatías de un desquiciado que son crónicas y no se curan".

"Calma y paciencia"

En una rueda de prensa multitudinaria, el padre de la pequeña ha pedido "calma y paciencia" y ha agradecido la labor de las Fuerzas de Seguridad. Tras la declaración ante los periodistas, varias decenas de vecinos congregados han empezado a gritar: "¡Queremos justicia!".

Las palabras de Cortés han llegado horas después de que se hiciera pública la detención de Santiago V.G. y su mujer, arrestados ayer en la estación de autobuses de Cuenca procedentes de la localidad de Pajaroncillo, donde vivía la pareja. Santiago V.G., tras una primera confesión del crimen, rectificó sus palabras para decir que la muerte de la pequeña -desaparecida el 13 de enero de la barriada onubense de El Torrejón cuando iba a comprar chucherías- fue accidental.

Desde que se halló en la ría de Huelva el cadáver de Mari Luz, su padre se mostró siempre seguro de que su muerte no era un accidente. Sus sospechas se dirigían al ahora detenido, un hombre que vivía cerca de ellos y del que sabían que tenía antecedentes por pederastia.

Una hermana del sospechoso R.V.G., se encuentra también arrestada por su posible participación en los hechos. Las primeras investigaciones apuntan a que esta persona pudo ayudar a Santiago a trasladar el cadáver de Mari Luz hasta la orilla del río donde fue localizado, según fuentes policiales. Aunque la mujer del principal sospechoso también ha sido arrestada, inicialmente no hay ninguna sospecha de que ella interviniera en los hechos, y ha quedado en libertad con cargos tras ser interrogada.

Condenado por abuso sexual a su propia hija

El matrimonio supuestamente implicado en la muerte de la pequeña Mari Luz Cortés fue condenado en 2002 en Sevilla por abusar sexualmente de su hija de 5 años, delito del que además culparon a un profesor del colegio de la niña y por el que llegaron a reclamar 60.100 euros. El detenido, S.V.G., fue condenado a dos años y nueve meses de cárcel por un delito de abuso sexual continuado, en una sentencia confirmada en 2006 por la Audiencia de Sevilla. Los abusos comenzaron en la primavera de 1998, cuando el hombre hizo tocamientos en los genitales a su hija y la obligó a masturbarle, en unos hechos de los que tenía "pleno conocimiento" la madre y también condenada, I.G.R. En enero de 1999 el padre acudió al Juzgado de Guardia de Sevilla para denunciar los abusos, de los que culpó a un profesor de gimnasia de su hija. El maestro estuvo año y medio imputado. El individuo llegó a acudir a Canal Sur Televisión para pedir una indemnización de 60.100 euros a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. El juez consideró en la sentencia que los dos condenados padecían esquizofrenia paranoide, con una minusvalía del 75% en el caso de S.V.G., y del 65% su esposa, pero en el momento de cometer los hechos no sufrían ningún brote que "alterara su capacidad de entender y querer". El matrimonio, residente entonces en la barriada marginal de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, fue condenado a seis años de retirada de la patria potestad sobre sus dos hijos, la niña, que ahora tiene 15 años, y su hermano de 9. Ambos están tutelados por la Junta y acogidos por otra familia.

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