El pulso de la recuperación económica post-covid

El año 2020 fue uno de los más difíciles de la historia. La pandemia del coronavirus representó una catástrofe planetaria, una hecatombe que afectó prácticamente a todos los ámbitos de la vida, incluidos, por supuesto, la economía y las finanzas.

Durante apenas diez meses, la economía global se contrajo más de un 4%; muchos países desarrollados sufrieron su peor recesión en décadas y según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), más de 114 millones de puestos de trabajo fueron destruidos a lo largo y ancho del mundo. Cuarentenas, toques de queda y restricciones de todo tipo llevaron al cierre indefinido de miles de empresas. Las bolsas colapsaron y registraron las caídas más estrepitosas de su historia. Parecía que el mundo se venía abajo. Una apocalipsis en toda regla.

Síntomas positivos

Pese a que la presencia de la variante Delta y su rápida propagación –detectada ya en más de 100 países– ha levantado de nuevo dudas acerca de la futura marcha de la economía mundial, la recuperación económica post-covid avanza con paso firme. Hay datos muy positivos que permiten ser optimistas. Por ejemplo, la OCDE apunta que el crecimiento económico mundial se situará en los próximos meses en torno al 5,8%, lo que supone la mayor tasa de crecimiento de la economía global desde 1973.

Por su parte, estimaciones privadas, como las del banco norteamericano Morgan Stanley, afirman que la previsión del club de los países más ricos se queda corta y que el crecimiento económico mundial podría repuntar hasta el 6,5%. Incluso alguna de las grandes empresas de transporte de pasajeros –uno de los sectores más afectados por la crisis– dan síntomas de recuperación: la aerolínea United Airlines planea ampliar su flota con la compra de 270 aviones a Boing y Airbus, lo que significan unos 30.000 millones de dólares (alrededor de 25.678 millones de euros).

Las estimaciones proceden de la información proporcionada por los indicadores adelantados, como es el caso del Índice de Gerentes de Compras (PMI, por sus siglas en inglés). El PMI se calcula a partir de la información recabada de las empresas sobre nuevos pedidos, nivel de producción, ocupación, stock de compras o entrega de proveedores. Se considera una de las métricas adelantadas más fiables que existen, y los datos que desde principios de año nos vienen mostrando apuntan a que las principales economías del mundo están experimentando una evolución muy favorable. Y se ratifican en las bolsas mundiales, que están cerca de sus máximos históricos después de haber tocado fondo en marzo de 2020.

La locomotora norteamericana

¿Cuál es el motor de semejante cambio? Hablamos de una recuperación mucho más rápida de la prevista por los expertos y que está íntimamente ligada a la evolución económica de Estados Unidos. El gobierno norteamericano, junto a la Reserva Federal, han desplegado, para hacer frente a las consecuencias de la covid-19, planes de estímulo económico y una aportación monetaria de un nivel que no tiene precedentes en la historia. Estamos ante el crecimiento más rápido desde principios de la década de los ochenta.

Las administraciones de Trump, primero, y Biden, después, han inyectado cientos y cientos de miles de millones de dólares. Tan solo los planes de estímulo aprobados entre 2020 y 2021 superan ya los cinco billones de dólares.

El mayor plan de rescate económico de la historia ha permitido, junto a las medidas de distanciamiento social y el cierre de actividades durante la pandemia, que las tasas de ahorro de las familias norteamericanas se dispararan hasta su mayor registro desde la Segunda Guerra Mundial. Según datos de la Reserva Federal, esto se tradujo en un incremento del patrimonio líquido en manos de las familias de más de 2,2 billones de dólares.

Mucho dinero para gastar

Todo ese saldo favorable en sus cuentas repercute en otros mercados muy alejados de Wall Street. La compra de bienes se convierte en liquidez para todas las economías mundiales, de China a la Unión Europea. Hay que tener en cuenta que la economía norteamericana supone casi el 30% de todo el consumo mundial.

Con la esperanza de que la crisis de la covid quede atrás lo más pronto posible, uno de los riesgos de este resurgir económico es que haya un repunte de la inflación. Las bolsas han respondido bien en este escenario, y todo conlleva a una buena situación de la renta variable, pero no hay que olvidar que tiene sus riesgos y que antes de tomar decisiones conviene consultar con profesionales.

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