El doble beneficio de poner los ahorros al servicio de la sanidad

Invertir puede ser útil para contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación. Y hacerlo en fondos vinculados a la salud sirve, por ejemplo, para combatir las enfermedades derivadas de la creciente longevidad del ser humano

La depreciación de los ahorros causada por la subida del coste de la vida se combate con inversión y las enfermedades acarreadas por el envejecimiento de la población con I+D. Parecen dos conceptos muy desligados pero en absoluto lo son. Existen unos fondos de inversión, los conocidos como de salud, que canalizan el dinero de los ahorradores hacia proyectos de biomedicina, biotecnología, servicios de salud o telemedicina. A la salud dedica el primer vídeo la serie De experto a experto. En esta ocasión el responsable de estrategia de inversión en BBVA Álvaro Manteca charla con el divulgador científico Ignacio Crespo sobre la importancia de invertir en este campo.

El objetivo, como cualquier inversión, es obtener un retorno económico. La diferencia con respecto a otros productos financieros estriba en que el dinero se destina a proyectos concretos en el campo de la sanidad. Pequeñas o grandes sumas de capitales que han conseguido avances irreversibles como aumentar la precisión de la radioterapia en enfermos de cáncer, el desarrollo de un dispositivo instalado en el oído que avisa ante un inminente ataque de epilepsia o técnicas que sustituyen a las invasivas operaciones a corazón abierto.

Estos fondos, que incluyen a decenas de empresas del sector a las que va a parar la inversión de forma desigual, están al alcance de cualquier ahorrador —y cualquier ahorrador significa un cliente que tenga 600 euros en una cuenta corriente sin apenas remuneración–, se contratan a través de las entidades bancarias o de los gestores de activos. La inflación acecha (4% el pasado septiembre) y se combate con retorno económico e impacto social.

Rudi Van Den Eynde es el jefe global de renta variable temática de Candriam, un gestor de activos con presencia en 20 países enfocado en inversiones responsables. Van Den Eynde, licenciado en Medicina por la Universidad de Amberes (Bélgica), explica por qué la demanda de fondos que invierten en sanidad aumenta y aumentará más: “La población envejece, por lo que habrá más pacientes que necesiten atención sanitaria”. Y añade desde el punto de vista más economicista: “Surgen oportunidades para que empresas del sector innoven y desarrollen nuevos productos con los que tratar a los pacientes y obtener un beneficio económico”.

El ánimo del inversor siempre es obtener rentabilidad pero al mismo tiempo se origina una ganancia social intrínseca. El experto continúa con la explicación: “Si una compañía logra un avance [un dispositivo, un medicamento, una vacuna] y la agencia regulatoria competente lo aprueba, el paciente se beneficiará y la inversión ofrecerá un retorno económico”.

Borja Montero de Espinosa, que forma parte del departamento de Selección y de Quality Funds del BBVA, ilustra con unos datos la oportunidad de negocio que ha surgido en algunos campos de la sanidad en los últimos años. “La investigación y diagnóstico, la biotecnología y los servicios de salud, donde se incluyen firmas de software para intervenciones quirúrgicas, han destacado por su revalorización”. Según Montero de Espinosa, el sector de la salud fue el segundo con más captaciones de capital en el segundo semestre de 2020 y se mantiene entre los cuatro con más entradas netas de capital en el primer semestre de 2021.

La configuración de un fondo de inversión

Las entidades bancarias y los gestores de activos conciben los fondos con arreglo a unos criterios. Se trata de seleccionar 30, 40, 80 empresas del mismo sector y decidir el porcentaje de la inversión que va a parar a cada una de ellas. El número de compañías y su peso viene determinado por el riesgo que los gestores quieran asumir, sirve para diversificar las inversiones. Puede haber tres compañías que se lleven el 20% del capital y otras que apenas reciban medio punto porcentual de la cuantía.

Montero de Espinosa recurre a la biotecnología centrada en la curación del cáncer como ejemplo para explicar la configuración de una cartera de inversión: “Se seleccionan compañías que pertenezcan a industrias como investigación, farmacia, biotecnología, tecnología médica e incluso big data e inteligencia artificial”. Por supuesto hay un análisis de resultados de las empresas y el objetivo último es ofrecer una rentabilidad al inversor en el medio o largo plazo. “El tiempo medio de permanencia de las inversiones tiende a ser elevado”, afirma el selector de fondos. Es muy habitual que los equipos gestores de estos fondos integren especialistas con estudios en medicina o doctorados.

El envejecimiento de la población provoca una mayor aparición de enfermedades. El 40% sufrirá un cáncer en su vida, lo que no quiere decir que vaya a morir de ello. Toda la población está expuesta. Por eso la innovación resulta tan importante. La longevidad del ser humano va a seguir aumentando en los próximos 30, 40 o 50 años. La mayoría de los hombres mayores de 80 años mueren con cáncer de próstata, solo que se desconoce porque evoluciona muy lentamente.

La correlación entre inversión y desarrollo es directa y ofrece resultados en el corto plazo. Fernando Zallo es el director de EsadeBan, la red de business angels (inversores que aportan financiación a nuevos empresarios) de la escuela de negocios Esade. Zallo asegura que cuanto más recursos se invierten, mayor es la innovación de nuevos aparatos, técnicas, medicamentos o vacunas, el caso más elocuente del último año. “Se han desarrollado en los países donde la inversión en el campo de la sanidad es mayor: EE UU, Inglaterra y Alemania”, afirma.

El divulgador científico Ignacio Crespo señala la importancia de invertir en ciencia a través de la inversión en el personal que trabaja en el desarrollo y la innovación de nuevas técnicas y productos. Crespo asegura en el vídeo que no hay “científicos islas”. “La ciencia la forman muchos trabajadores, no pocos genios”, explica. “Siempre, en la historia, se han comunicado entre ellos y siempre el trabajo ha sido conjunto”, añade el divulgador.

La participación del ahorrador

Como en cualquier sector, resulta deseable contar con un especialista que asesore en la inversión. “Al cliente hay que conocerlo bien. Saber qué perfil de riesgo tiene, su formación financiera, sus necesidades y objetivos vitales, sus preferencias y patrimonio”, resume Montero de Espinosa. A partir de ahí, acompañarle en sus inversiones.

La relación entre el ahorrador y el gestor se debe basar en la confianza. “Pueden preguntar y saber en qué compañías se invierte su dinero”, asegura Van Den Eynde. “Y por supuesto pueden acudir a los informes anuales que publican estas empresas, pero los inversores no suelen tener tiempo para eso o la terminología resulta demasiado específica”, explica el jefe de renta variable de Candriam. “Se trata de confiar en la empresa, en tu gestor”, insiste Van Den Eynde.

Del mismo modo que las entidades bancarias cuentan con fundaciones para invertir en proyectos sociales, los gestores de activos como Candriam destinan una parte de sus beneficios a causas sociales, en el caso de este gestor global de inversiones sostenibles, a la lucha contra el cáncer. Montero de Espinosa afirma que “BBVA comercializa un producto de oncología que dona parte de su comisión de gestión a una ONG que presta asistencia a pacientes con cáncer”. Una información que el gestor de la entidad de turno puede trasladar al cliente, que no sigue al día los nuevos avances o investigaciones que realizan las empresas en las que invierte, pero que por supuesto conoce la rentabilidad de los fondos y que puede preguntar y averiguar y saber para lo que sirve su dinero, más allá de para combatir la inflación.

Los tres reglas fundamentales a la hora de invertir

Álvaro Manteca, responsable de estrategia de inversión en BBVA, señala en el primer vídeo de la serie De experto a experto que encabeza esta pieza los tres mandamientos básicos que hay que cumplir a la hora de contratar un fondo.

● El primero es la diversificación, o sea, depositar los ahorros en varias empresas o sectores.

● El segundo lo llama la “disciplina emocional”, que quiere decir que el ahorrador no se debe dejar llevar por el pánico de una fuerte caída en los mercados o un periodo turbulento.

● El tercero consiste en mantener un horizonte temporal a largo plazo. Si bien los activos son líquidos –se convierten rápidamente en efectivo–, los analistas recomiendan mantener la inversión.

Para ver el vídeo completo en el que Álvaro Manteca charla con el divulgador científico Ignacio Crespo pinche en este enlace.

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