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La fiebre del gas en el Ártico ruso

La inauguración de la planta de GNL en Siberia sube la apuesta de Rusia y mete más presión competitiva a los productores de un combustible cuyo consumo se duplicará en los próximos 20 años

El presidente ruso  Vladímir Putin (segundo por la derecha), en una visita  a una planta de Novatek en la península de Yamal.  
El presidente ruso Vladímir Putin (segundo por la derecha), en una visita a una planta de Novatek en la península de Yamal.   Getty Images

Nada, ni siquiera las condiciones meteorológicas extremas, habría impedido que Vladímir Putin se desplazase hasta la península de Yamal, en el extremo norte de Siberia occidental, a principios del pasado mes de diciembre, para la inauguración de un gigantesco proyecto gasístico. En colaboración con Total y otros dos socios chinos, la empresa rusa Novatek ha invertido 27.000 millones de dólares en esta región con la finalidad de producir en ella millones de toneladas de gas natural licuado (GNL) y de responder a una demanda que se dispara en todo el mundo.

En comparación con las demás energías fósiles, esta materia prima ofrece algunas ventajas. La primera está relacionada con su impacto medioambiental. En una época en la que las grandes potencias tratan de reducir la contaminación de las grandes megalópolis y sus emisiones de gases de efecto invernadero para luchar contra el cambio climático, el GNL aparece como una alternativa viable. Además de no emitir ni polvo, ni humo, su combustión genera un 30% menos de dióxido de carbono (CO₂) que el fuel, y también un 45% menos que el carbón. Sin contar el sector automovilístico (incluido el de los camiones, que funcionan habitualmente con diésel), el potencial del GNL es prometedor en el mar. Este combustible, mucho menos contaminante, es capaz de sustituir a los motores con fueles pesados que usan gran parte de los buques que navegan por los océanos. Y tanto en el caso del transporte de mercancías como en el de personas, sobre todo los barcos de crucero.

La fiebre del gas en el Ártico ruso

En este ámbito se están llevando a cabo numerosos proyectos, empezando por los del grupo MSC, con sede en Ginebra. Este último acaba de iniciar la construcción de una serie de cuatro nuevos buques propulsados por gas para su filial dedicada a los cruceros. Y lo mismo sucede con los futuros portacontenedores de CMA CGM, porque el armador francés también hizo público en septiembre el encargo de nueve barcos propulsados por turbinas de gas. Además de ser menos nocivo para el medio ambiente, el GNL también tiene la ventaja de que es más barato y más fácil de transportar. Como está licuado, el gas ocupa menos espacio y, por tanto, puede acarrearse con más facilidad por barco, sin pasar por una red de gasoductos.

Y es una ventaja debido a los riesgos geopolíticos inherentes a estas canalizaciones que se extienden a lo largo de miles de kilómetros. “Numerosos países consideran que el GNL es una fuente de importación de gas natural más segura que los gasoductos”, confirma el profesor estadounidense Peter Hartley. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), que prevé un incremento del consumo mundial de GNL del 45% para 2040, supone que será difícil que se realicen los grandes proyectos de gasoductos transfronterizos en el futuro.

El instalación de Yamal ha supuesto una inversión de 27.000 millones de dólares

Aunque Putin sueña con convertir a Rusia en el mayor productor de gas licuado del mundo, por el momento sus ambiciones se enfrentan a una dura competencia. El mercado del GNL, dominado actualmente por Qatar, atrae a cada vez más países dispuestos a invertir miles de millones para explotar esta materia prima. Por detrás de Australia, que se ha lanzado de lleno a la producción de este recurso, mientras EE UU cuenta con cuatro proyectos en desarrollo junto a los yacimientos que funcionan actualmente en Luisiana y en Maryland, que le permitirán a los estadounidenses suministrar 100.000 millones de metros cúbicos de GNL de aquí a 2019. Según la AIE, EE UU podría vivir con el GNL su “segunda revolución gasística” y, con los gases de esquisto, podría satisfacer el 40% de la demanda mundial de gas natural en los cuatro o cinco próximos años.

Los retos también son importantes para las grandes empresas petroleras, como ponen de manifiesto la serie de adquisiciones que se han producido últimamente en el sector. En 2016, el líder del mercado, el grupo Shell, compró BG Group, su rival, por unos 65.000 millones de dólares. Más recientemente, y sin contar su participación en el yacimiento de Yamal, el gigante francés Total firmó el pasado mes de noviembre un acuerdo sobre el reinicio de las actividades del grupo Engie en el gas licuado por cerca de 1.500 millones de dólares. “Esta adquisición brinda la oportunidad a Total de acelerar el desarrollo de su estrategia en el mercado del GNL, que registra un crecimiento del orden de entre el 5% y el 6% anual. Sobre todo, nos va a permitir gestionar un volumen de GNL de cerca de 40 millones de toneladas a partir de 2020, lo que convertirá a Total en el segundo actor mundial del sector entre las empresas, con un 10% del mercado mundial”, declaraba entonces Patrick Pouyanné, el consejero delegado de Total.