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La radio digital terrestre se apaga antes de nacer

El Gobierno subastará para cobertura móvil las frecuencias que destinó al sistema radiofónico que nadie usa porque administración y empresas le dieron la espalda

Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo, dos de los grandes referentes de las radio española
Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo, dos de los grandes referentes de las radio española

España fue pionera en lanzar la radio digital terrestre, que al estilo de la televisión TDT, permite mucha más calidad de recepción que la actual FM analógica, sobre todo en movilidad. La tecnología, por ejemplo, permitiría escuchar el mismo programa en distintas zonas geográficas circulando en coche sin resintonizar el dial. El Gobierno la reguló en 1999 con el Plan Técnico de la Radiodifusión Sonora Digital Terrestre, y las primeras pruebas con éxito se llevaron a cabo en 2000. Pero, a diferencia de lo ocurrido con televisión —o incluso con la radio por Internet—, ni las Administraciones Públicas ni las empresas han mostrado interés por la tecnología, que está a punto de morir antes de ver la luz. El Ministerio de Industria subastará a finales de 2015 o comienzos de 2016 la banda de frecuencias de 1,5 GHz que se asignó al servicio.

El alto precio de los receptores digitales (más de 100 euros), la ausencia de publicidad institucional y el poco interés de las grandes cadenas por pasarse a este sistema ha motivado el fracaso. En 2011, el Gobierno rebajó la exigencia de la cobertura del 50% al 20% del territorio nacional. Y ahora le ha dado la puntilla.

El destino de esa banda del espectro radioeléctrico, como ocurrió con la banda de 800 Mhz que hasta marzo pasado ocupaba la anterior televisión digital (TDT), serán los operadores de telefonía móvil, dispuestos a pagar bien por el uso de este espacio público.

El Ministerio de Industria lanzó una consulta pública en 2014 para que los interesados y las partes afectadas pudieran realizar sus consideraciones. El plazo de la consulta finalizó el pasado 21 de junio. En la convocatoria, se justificaba la asignación de esta banda de frecuencias a la telefonía móvil para mejorar la cobertura del 4G y cumplir con el objetivo de la Agenda Digital para Europa, que prevé que en el año 2020 todos los ciudadanos puedan disponer de servicios de acceso a Internet con velocidades por encima de los 30 Mbps. De hecho, la Comisión Europea decidió el pasado 8 de mayo la asignación de esa banda de frecuencias (1452 -1492 Mhz) a las comunicaciones inalámbricas, pero respetando a los usuarios de DAB+ (Digital Audio Broadcasting), el estándar bajo el que funciona la radio digital.

Una muerte sin víctimas

En España, no será necesario desalojar a ninguna emisora, porque como señala Industria, pese a estar asignados a las radios digitales, “no existe reserva alguna de frecuencias en toda la banda” por lo que su utilización “resulta disponible de manera inmediata y no presentaría condicionantes derivados de derechos de uso previamente otorgados”.

La afirmación del Gobierno es todo un reconocimiento del fracaso de una tecnología que supone un avance considerable respecto a la actual radio analógica. Permite emitir ocho canales en las frecuencias donde ahora solo hay uno de FM y mejora la calidad de recepción reduciendo al mínimo los ruidos e interferencias, incluye textos o imágenes, sirve para hacer encuestas y, cuando la señal es muy débil, migra automáticamente a la radio online.

Sin embargo, la característica más útil para los radioyentes es que, en receptores móviles como los del automóvil, sintoniza un programa en una frecuencia única, sin que sea preciso cambiar de dial durante el trayecto a medida que cambia de territorio: ese fue el gancho que vendió el Gobierno cuando anunció el proyecto, que las cadenas acogieron con cierto escepticismo.

A diferencia de lo que ocurrió con la televisión digital terrestre, en la que el Gobierno impuso un apagón analógico por ley, los plazos de implantación de la radio digital se dejaron en manos privadas. Las cadenas argumentan que con la radio por Internet se ha hecho innecesaria.