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Reportaje:

Adiós al hombre de Del Nido

El Sevilla destituye a Marcelino, el entrenador en el que más confió el presidente andaluz desde la marcha de Juande Ramos, y espera ahora a Míchel

José María del Nido se frotó los ojos en el palco cuando Marcelino, en el descanso del partido ante el Villarreal, con 1-1 en el marcador, se la jugó con una defensa de tres futbolistas y la alineación de cuatro delanteros para ganar a la heroica el partido frente al conjunto amarillo -acabó perdiendo por 1-2-. Una actitud desesperada en un técnico que siempre fue cauto, pero al que superó el entorno de un club cuesta abajo. Del Nido, hasta ese momento, había sido el principal valedor de Marcelino. Su fallido planteamiento se tradujo en una derrota frente al Villarreal, un equipo con una idea común en el campo, un sentimiento colectivo para jugar al fútbol del que carece actualmente el Sevilla, undécimo en la Liga, a 11 puntos del tercer clasificado, el Valencia, a seis del cuarto, el Levante, y a cuatro del sexto, el Athletic. Y solo a cuatro puntos de la zona de descenso con un presupuesto de 100 millones y el objetivo de la Liga de Campeones. Desde la derrota ante el Málaga, sus principales colaboradores le habían comentado a Del Nido la necesidad de asumir la destitución de Marcelino.

Consumada la derrota contra el Villarreal, el directivo dio al fin su brazo a torcer

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El presidente se empeñó hasta la noche del domingo en mantener al preparador asturiano, el hombre por el que apostó el presidente de manera personal cuando Marcelo Bielsa rechazó la propuesta del Sevilla. "Marcelino es el entrenador que más ilusión me ha demostrado por entrenar al Sevilla", declaró Del Nido el día de la presentación del técnico. "Marcelino disfrutará de la posibilidad de estar toda la temporada al frente del Sevilla. El trabajo se valora desde dentro y Marcelino es un gran técnico y un gran trabajador. Ha tardado tiempo para que el equipo tenga continuidad en el juego, pero ahora tiene la intensidad que todos pedimos", manifestó el propio Del Nido el pasado 16 de enero, en las vísperas del derbi ante el Betis, cuando ya eran muchas las voces internas que le pedían el relevo.

"El equipo no juega a nada" o "El vestuario se ha comido al entrenador" eran algunas de las frases que continuamente le llegaban a Del Nido. En la caseta, los capitanes Palop, Kanouté y Escudé, suplentes, miraban hacia otro lado mientras Jesús Navas, el cuarto capitán, tan buen jugador como falto de un carácter fuerte, resultaba poco asidero para Marcelino. La semana pasada, convaleciente de una operación de hernia discal, el presidente todavía se presentó en la ciudad deportiva para mostrarle su apoyo al entrenador, al que no le regateó fichajes en el mercado invernal. El Sevilla fue el equipo que más invirtió en este periodo, 7,5 millones, para fichar a Reyes, Cala, Javi Hervás (se incorpora en junio) y Babá.

Acabado el duelo ante el Villarreal, consumada la séptima jornada sin ganar, con dos puntos como escaso bagaje en este periodo, Del Nido dio su brazo a torcer. Monchi, el director deportivo, que ya había comenzado a hacer los deberes desde hace semanas, le informó de que el pretendiente número uno, Quique Sánchez Flores, tiene firmada una alta cláusula de rescisión con el Ahly, de Dubái, donde entrena ahora.

Los esfuerzos se centraron entonces en el candidato número dos, Míchel, al que el Sevilla ya había tanteado hace dos semanas, avisándole de que estuviera preparado para una eventual llamada.

Míchel viajó ayer a Sevilla. Al preparador se le ofrece un suculento contrato y la renovación automática si el Sevilla se clasifica para la Liga de Campeones. Míchel, amigo personal de Rafael Gordillo, presidente de relacionas externas del Betis, no es un hombre de Del Nido. En sus manos estará reflotar a un buque semihundido. Marcelino se despide hoy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de febrero de 2012