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Reportaje:

Hazlo tú mismo

Un viejo lema del punk que renace como reivindicación en la vida moderna. La tendencia se instala en Madrid con locales para tejer, restaurantes donde el cliente cocina y hasta talleres mecánicos interactivos

"Perdona, tengo que girar las patas de cordero", se excusa Marcos Besa, mientras recibe a un par de invitados que acaban de llegar a su convocatoria. El autor del libro Madrid oculto hace de anfitrión de una cena esta noche en Cocinante. El local, en pleno Madrid de los Austrias, se dedica a la bricofood. Es decir, ellos ponen la cocina industrial y el servicio de platos, y se encargan de limpiarlo todo mientras que el organizador es responsable de los ingredientes y de su destreza a los fogones. "Llevamos con la idea desde 2003, pero por un problema de permisos, abrimos en octubre de 2010", cuenta Enrique Sáenz, uno de los socios del local.

Su original negocio se basa en el Háztelo tú mismo o Do it yourself (DIY), una tendencia, con raíces punks y altermundistas, que defiende el valor del trabajo manual. Apareció en los setenta, pero la crisis y un espíritu de reacción al desapego de la sociedad 2.0 por lo manual la han hecho resurgir. Y en Madrid, aflora. Talleres de coches donde te dejan herramientas para cambiar las pastillas de freno, locales en los que puedes cocer tu propia cerámica o lugares donde el pespunte a los visillos se lo das tú acompañado de un café. Teresa Barrera, con muchos años de experiencia en la vida y creadora del Café Costura, lo explica así: "La sociedad está muy aburrida. Creo que con el DIY se aporta valor a las cosas hechas a mano; esto es como una nueva revolución de las artes plásticas".

Cuando una abuela pasa por delante de Café Costura, entra. La decena de máquinas de coser Alfa llama su atención. Sin embargo, la mayoría de la clientela de este local del barrio de Las Letras no rebasa los 35 años. "Necesitaba cambiar de ambiente laboral y en una escapada al Pirineo con unos amigos surgió la idea de alquilar máquinas de coser por horas", rememora Teresa Barrera, que abrió su negocio en mayo del año pasado. Su madre era modista, ella se dedicaba al estilismo y se dio cuenta de que la cultura del usar y tirar no podía perdurar; había que volver a las labores. Y en eso está esta tarde un grupo de hacendosos: Luis, liado con el pespunte en unos visillos; Chema se pelea con el dobladillo de unos pantalones de cuadros y Juani compra un curso monográfico para una amiga. "Me parece un regalo muy original. Te enseñan la técnica y luego puedes venir a arreglarte la ropa", dice. El Café Costura no solo te deja los utensilios, sino que también te explica cómo usarlos en cursos de costura y talleres de encaje de bolillos.

Este resurgir de la costura es internacional. Pepita Marín se percató de ello en el metro de Nueva York. "Había un montón de personas que en lugar de leer en el vagón estaban tejiendo lana. Investigué un poco más y descubrí que hacían quedadas", cuenta. La gente tejiendo fue una inspiración para dejar su trabajo en la consultora Pricewaterhouse y montar We Are Knitters (Somos Tejedores) que distribuye lanas y patrones para que elabores tus bufandas, guantes o gorros. Desde el pasado septiembre, a través de Internet, venden el material a todos los interesados. Además, una vez al mes, organizan reuniones en las que explican los secretos y las técnicas del patronaje. "Como a los nuevos les cuesta empezar, de manera regular organizamos una meeting party en la que explicamos cómo trabajar con las agujas mientras nos tomamos algo", añade Marín.

Reparar o crear algo genera satisfacción. "Somos una generación en la que ir al taller o a la peluquería es un lujo; si puedes arreglártelas tú mismo es mucho mejor. Te sube el ánimo", explica Marta Orihuel, de la cooperativa Pedaleo y, desde hace nueve meses, trabajadora de Fixi Dixi. En el taller-tienda de Lavapiés, una antigua peluquería que mantiene parte del estilo original, ceden todas las herramientas y parte del escaso espacio que poseen para aquellos que quieran reparar su bicicleta con sus propias manos. Se les ocurrió abrir el taller en el barrio más multicultural de la capital, tras el éxito que tuvieron en la Universidad Autónoma, donde gestionan el servicio de bici pública de la universidad, un taller de autorreparación y un mercadillo de segunda mano de bicicletas. "Hace tres meses me robaron la bici, así que conseguí una antigua y ahora la estoy reparando, poco a poco", relata Mitch Peters, un estudiante de posgrado originario de Canadá. No puede vivir sin su bicicleta, así que, tras el hurto, decidió hacerse con otra e ir mejorándola poco a poco en el taller.

Arreglos y reparaciones cotidianas forman la base del DIY. Parece algo muy novedoso, pero en Pinta en Copas llevan más de una década aplicándolo. Fueron pioneros de la tendencia. "Tras pasar un tiempo en Estados Unidos, abrimos el local en el año 2000", recuerda Marián Beltrán, de 38 años, una de las socias fundadoras del espacio. En el local de Malasaña se elige una figura de cerámica, jarra, vaso o plato, cuyos precios oscilan entre los siete y los 30 euros, se compra y se pinta. Una vez acabado el motivo, se deja en el horno durante dos días y se recoge. "La idea es venir y pintar tus propios platos o vasos mientras te tomas un té o un café. Cuando empezamos, la gente se pensaba que era un bar de copas arty. Sabían que había algo especial, aunque no sabían muy bien lo que era", añade.

Normal: si ahora poca gente ha oído hablar del DIY, cuando abrieron su ceramicafé nadie lo conocía. "Al poco de inaugurar, surgieron un par de sitios semejantes pero acabaron cerrando: igual ahora tienen más éxito", comenta Beltrán. A sus clientes la idea les parece muy original. "Es más interesante hacer que comprar", opina Amine Nadir, que cuenta en su acervo con cuatro tazas hechas por él mismo.

El Car & You de Getafe también sorprendió. En este particular taller, que abrió sus puertas en agosto de 2007, te alquilan un box, las herramientas y el asesoramiento -sin tocar una pieza- de uno de sus mecánicos por 10,5 euros la media hora. "Al principio la gente se extrañó pero luego entendió el concepto. Unos vienen por ahorrar, otros por hobby", cuenta una de las empleadas. Los manitas están encantados.

En Ioli no tienen tiempo de actualizar las redes sociales. Cynthia Ioli, la propietaria, se pasa el día en esta tienda de Malasaña. Era una antigua papelería, pequeña y famosa en el barrio. Los zapatos han reemplazado a las cartulinas en sus decenas de estantes. Sería solo una preciosa zapatería si no fuera porque aquí te puedes hacer los pares. "Puedes escoger la combinación y el tacón, lo encargas y luego lo recoges", cuenta la zapatera con una horma en la mano.

En todos los casos el DIY sorprende. La tendencia, tras fraguar con los punks de los setenta, se asentó con los neojipis que aspiraban a cambiar el mundo, se actualiza y se extiende a todos los ámbitos. Los Placeres de Lola, en Lavapiés, da talleres para que crees tu propio dildo, a medida, o te asesora para que ruedes tu vídeo porno personalizado. Mientras, en el local de La Íntegra las navidades pasadas organizaron un taller de cajas que fue un éxito. Tamara Berbés, fundadora de ese espacio multidisciplinar, atribuye a la tendencia aún más virtudes: "Lo de hacértelo tú mismo es una manera de cambiarte y, al final, un mecanismo para cambiar el mundo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de febrero de 2012