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Reportaje:

El 'correo' de la Ilustración

Las cartas del botánico Cavanilles y el librero Fournier revelan que fue el introductor en España de las ideas de la Revolución Francesa

Una extensa red de corresponsales, clientes, transportistas y libreros permitieron la circulación clandestina de libros, y con ello de las ideas de la Revolución Francesa, durante más de una década, gracias a la mediación del botánico y naturalista valenciano Antonio Cavanilles. El hallazgo de la correspondencia inédita entre Cavanilles y el librero parisino de la Ilustración Jean Baptiste Fournier, por parte del historiador valenciano Nicolás Bas, revela que ni la Inquisición española ni la temible Policía del Libro en Francia impidieron la entrada de más de 700 libros prohibidos en España, como la Encyclopedie Française o los Contes et Nouvelles de Jean La Fontaine, de fuerte contenido erótico. "Lo que está claro es que las cartas evidencian que las fronteras eran totalmente permeables: entraban libros franceses y algunos prohibidos, lo que era más peligroso para el orden, social, político y religioso de la época".

La Biblioteca Nacional premia la investigación de Nicolás Bas

El historiador halla 400 cartas inéditas del valenciano

Cavanilles vivió en París entre 1777 y 1789, cuando estalla la Revolución Francesa. En 1790 inicia una relación epistolar con Fournier, hasta su muerte en 1804. "En esas cartas, la entrada de libros en España es el tema principal", sostiene Bas. "Gracias a esa correspondencia entran en España alrededor de 700 libros, que Cavanilles se encarga de distribuir entre una clientela selecta de nobles e intelectuales".

A Nicolás Bas, profesor de Historia especializado en el siglo XVIII, le parecía "impensable" que Cavanilles habiendo estado en París 13 años, -"los años de mayor eclosión cultural"- únicamente se hubiera dedicado a la Botánica.

Hace cerca de ocho años, llegó a sus manos un manuscrito inédito de la biblioteca del botánico Cavanilles. Realizó un estudio de la transcripción y empezó a enlazar cuestiones. "Fui tirando y tirando y hallé la correspondencia inédita de Cavanilles con Fournier", recuerda. Las 400 cartas evidencian lo que para Bas es uno de los "descubrimientos" del manuscrito: la doble faceta del Cavanilles botánico y la del que se convierte en "el intermediario cultural entre Francia y España".

"El intercambio editorial significó una ventana abierta al mundo, a través de cientos de libros de las más variadas temáticas que cruzaron los Pirineos gracias a Cavanilles, de quien hasta ahora sólo conocíamos sus trabajos botánicos", sostiene el historiador de la Universitat de València, que ha obtenido el Premio de Bibliografía de la Biblioteca Nacional.

Bas ha publicado numerosos libros y artículos y coordinado este año un encuentro franco-español en el Colegio de España en París sobre el tráfico editorial entre ambos países. "Estamos hablando de libros que ponían en cuestión el orden político y religioso imperante en España. Libros de ideas jansenistas, masónicas, libros heterodoxos", apunta el historiador que reniega del famoso "pánico al contagio francés".

"Es totalmente falso. La época de Cavanilles fue la de mayor fluidez. Apoyado por el conde Aranda, un enamorado de lo francés, y por el secretario de Estado, Floridablanca, Cavanilles pudo introducir los libros".

Entre las anécdotas "curiosas" de este tráfico editorial clandestino, Bas destaca, por ejemplo, el de la ruta marítima de Burdeos. Un paso de libros que tenía un problema serio de humedad. "Tanto Fournier como Cavanilles se quejan en las cartas de que alguna partida de libros se había estropeado por culpa de la humedad o porque algún barco se había hundido y se ha perdido el cargamento".

Otra cosa, reflexiona el historiador, es el "impacto" real de estas obras y de estas ideas en España. "Creo que fue más bien relativo. No creo que llegara a producir un impacto importante, porque hay que tener en cuenta que hablamos de los ilustrados y de los intelectuale, auténticas minorías".

Bas concluye que Cavanilles "no fue un afrancesado". Al contrario, "terminó sus últimos años siendo blanco de polémicas botánicas que acabaron mermándolo". Pero "cubrió un vacío" en la Ilustración valenciana. "Permite completar un círculo. Demostrar que el libro francés se leyó en España".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de diciembre de 2011