'VIAJE AL CORAZÓN DEL FÚTBOL' | FÚTBOL | Conversaciones alrededor del balón

Con el coleccionista de cromos

En todos los libros de Juan Marsé hay, o se vislumbran, muchachos jugando al fútbol en descampados pelados de Barcelona o de algún pueblo de Cataluña. Es más, puede imaginarse a Marsé correteando, o de lateral derecho o de portero, en esos equipos informales que se identifican con la infancia o la adolescencia. Fui a ver al premio Cervantes después de haber estado con Vicent, a curarme un poco del escepticismo de grada (o de televisor) con alguien que tiene una militancia pura como apasionado del equipo azulgrana, y que ha vivido, como Vicent, pues son casi contemporáneos, el periodo en el que yo mismo me hice acérrimo seguidor de este equipo, nuestro equipo. Lo primero que me dijo Marsé, cuando nos sentamos ante su escritorio, en su casa pacífica de Barcelona, fue que él no era un experto. Luego resulta que sí lo es, porque además es un entusiasta capaz de recurrir a lo que sea para ver cualquier verano un partido oscuro. Un entusiasta que en su niñez, como Vicent, coleccionó cromos que ahora siguen diluidos, pero cálidos, en su memoria.

"Desde el principio se vio que Cruyff iba a dejar huella. Empezó una etapa"
"Kubala tenía una fortaleza que Messi no tiene. Pero no le quitan la pelota"

-Marsé, recuerdo nítidamente una tarde de verano que me llamaste para preguntarme cómo se podía ver en televisión un partido del Betis con un equipo húngaro. Pensé: "¡Qué apasionado del fútbol debe ser Juan!" ¿De dónde viene tu afición?

-Está vinculada al pueblo de mis abuelos maternos. Era la edad en que jugábamos con pelotas de goma, si las había, y, si no, de trapo.

-Que salen en tu último libro, Caligrafía de los sueños.

-Era algo muy natural formar pequeños equipos y jugar. Entonces yo era de dos equipos, del Barça y del Atlético de Aviación (antes se llamaba así el Atlético de Madrid). Coleccionábamos los cromos que venían en unos caramelos. Yo, además, imaginaba que los jugadores del Atlético eran también aviadores, y eso me fascinaba. Por eso decidí ser de los dos equipos. Pero en realidad el deporte que me gustaba era la natación. Lo que yo quería ser era Johnny Weissmüller porque no era muy bueno jugando con los chavales. Me ponían siempre de portero. Primero seleccionaban a los que daban juego, me quedaba el último y me decían: "Y tú de portero, Juan".

-¿Quiénes eran los jugadores del momento?

-Todavía me acuerdo de memoria de un equipo del Barça que debía ser del año 1942 o 43: Miró, Zabala, Benito, Raich, Rosalench, Calvet, Sospedra, Escolà, Martín, César y Bravo. Ya estaba César.

-¿Cómo te fuiste decantando por el Barcelona?

-Porque el Atlético se convirtió en el Atlético de Madrid y yo fui creciendo y volviéndome más radical. Y dejé de pensar que eran aviadores, por supuesto.

-¿Cómo era la relación de esa adolescencia tuya con el fútbol?

-Casi todos éramos forofos del Barça. Recuerdo fans del Athletic y hasta del Madrid, pero del Espanyol no. Quizá podrían tender a ser mal vistos. Tampoco era el Espanyol de hoy, era el Español de España.

-¿Cómo recuerda ese mundo?

-Estaba muy politizado. Era como identificarse, aunque fuera muy de lado, o como rozarse de alguna manera con el Régimen a través del Espanyol. Tengo amigos que son más catalanistas que yo, como Josep Ramoneda o Martí Gómez, que son periquitos. No tiene nada que ver. Lo que ocurre es que llamarse Español... A mí lo que me gusta y me parece de mucho coraje es que nunca le cambiaran el nombre.

-¿Cómo fue creciendo esa afición al Barça?

-De forma muy natural. Fue mi padre el que me llevó unas cuantas veces al campo de Las Corts. Allí vi jugar a Martín, un delantero de moda muy potente pero de vida deportiva efímera. Sin embargo, César, que ya jugaba con él de interior, tuvo un largo recorrido. Después me desinteresé durante muchos años. No perdí el interés por los resultados,sino por ir al campo. Tanta gente me agobiaba. Al Camp Nou fui sólo una vez y me dije: "No vuelvo". El comportamiento tan crispado e insultante que vi a veces en Las Corts no me gustaba nada.

-Tu vida abarca la historia del mejor Barça, desde Ramallets y Kubala hasta Messi y Valdés. ¿Cómo era ese Barça?

-A Ramallets y a Kubala creó que aún los vi en el campo, aunque quizá con Kubala me puedo confundir. Como entonces lo escuchábamos por la radio es posible que pueda estar viendo jugar a Kubala y en realidad no lo vi. Había locutores tan extraordinarios, empezando por Matías Prats, Miguel Ángel Valdivieso, José Félix Pons, que te lo hacían ver.

-¿Cómo veías al Barça de Helenio Herrera?

-Fantástico. En realidad lo que está pasando ahora parece lo mismo pero aumentado. Aquel equipo era especial y el personaje de Helenio Herrera, ríete tú de Mourinho... Aunque Helenio era mucho más simpático.

-Hay un limbo del Barça hasta que llega Cruyff.

-Desde el primer momento se vio que Cruyff iba a dejar una huella gorda. Sobre todo cuando enraizó aquí y siguió ocupándose del Barça. Supongo que todavía lo hace. Ahí empezó una etapa. Guardiola es su hijo espiritual.

-¿Qué distingue a ese Barça?

-Ha cuajado un estilo de juego que arranca de Cruyff. Ha ocurrido como una especie de milagro, con un nivel de juego de varios jugadores que difícilmente se podrá volver a dar. Los Xavi, Iniesta, Messi...

-Messi es el superhombre más bajito que he visto. El otro día cuando se lesionó se le veía un muslo que parecía el de Kubala.

-A mí también me sorprendió. Kubala tenía una fortaleza física enorme. Te dabas cuenta de que cuando cogía la pelota era muy difícil quitársela. Como decía un amigo: "Jugaba con el culo también". Pero tenía una fortaleza física extraordinaria que en principio Messi no tiene. Sin embargo, lo consigue igual.

-El Barça de Guardiola te entusiasma, lo noto, te crea problemas si se lesiona alguno, te enfadas si pierden o si juegan mal... ¿Cómo es que el fútbol se convierte en algo de nuestra familia? -A mí es que me gusta ver el fútbol. Cuando un partido de fútbol es bueno es algo admirable. Esto le está pasando ahora al Barça, este toque de pelota, esta contención desde la salida de la pelota de manos de Valdés hasta que culmina en algo... Es admirable.

-Hay un rasgo del Barça de ahora que es distintivo: nunca ha sido tan de la cantera, y por tanto tan enraizado en Cataluña. ¿Es el periodo en el que el Barça es el equipo más natural de Cataluña?

-No me atrevo a decir tanto. Más enraizado sí. Además, sorprendentemente no sólo está enraizado en Cataluña. De repente descubres cosas increíbles, como que hay una peña en Mozambique. ¿Te acuerdas de Valverde, el entrenador? Le conocí cuando jugaba con el Barça porque frecuentaba mucho una librería de la calle Ferrán, la librería Aurelia. Actualmente hay un chaval de la cantera, Bartra, con cuyo abuelo yo me iba a bañar en unas balsas de regadío del pueblo, teníamos 10 años o así. Todo esto forma parte también de las raíces.

-¿Qué te parece Guardiola?

-He tenido el gusto de conocerle. Me parece un tipo increíble por lo inteligente y listo que es. Ya no te hablo de sus cualidades como entrenador porque están a la vista, es indiscutible.

-¿Te parece sana la rivalidad Madrid-Barça?

-Sí. Lo que pasa es que no me gusta cuando noto que es forzada para aumentar la audiencia...

-En el imaginario está que se pueda producir la derrota, lo dice el propio Guardiola. Sin embargo, en el Madrid da la impresión de que una derrota es mucho más, como que pierden el orgullo. El Barça no pierde el orgullo por perder.

-Su discurso es sacrosanto para ellos. A veces tiene algo que ver con lo que inventó mi amigo Javier Coma y es que "el Barça es más que un club". Será por eso. Está en juego el partido, el resultado, pero es como si estuviera en juego algo más, y están seguros de que va a salir bien. Es cierta esa sensación que transmite el Madrid de que si pierden lo van a pasar muy mal. Eso de ir siempre a la zaga es jodido.

-¿Qué diferencias ves ahora entre los dos rivales?

-Lo veo todo más crispado. Que la Liga se haya convertido en un duelo entre el Barça y el Madrid no es nada bueno.

-¿Qué te parece el juego del Barça de ahora?

-Inmejorable. Difícilmente se puede mantener muchos años en esa línea porque los jugadores tienen fecha de caducidad. A Puyol no le queda mucho y ha sido una de las bases. Con todo el mérito que quieras darles a Iniesta, a Messi, a Xavi, a Pedrito... ¡Puyol es la hostia!

-¿Y ese otro duelo Guardiola-Mourinho?

-Guardiola lo rehuye, y hace muy bien porque es una muestra de su inteligencia. Mourinho va haciendo lo suyo porque está un poco en la cuerda floja, hay que entenderlo, aunque la mayoría de las cosas que dice no las entiendo. Habla de una manera, la sonoridad de su vocabulario... No lo entiendo. La millonada que se ha gastado el Madrid y no ganar la Liga le hace decir cosas que quizá no quería decir, pero las dice y se muestra agresivo, malhumorado... Debe ser su carácter. En Inglaterra y en Italia hacía lo mismo. Tiene un repertorio escaso. Sin embargo, cuando estaba en el Barça estaba mudo.

-¿Qué te ha parecido toda esa pasión por La Roja?

-Visto desde aquí me parece muy bien. El otro día apunté en esos blocs de notas míos: "La patria es un artefacto sentimental que los burgueses catalanes llaman guardiola (en minúscula) aunque el señor Fèlix Millet lo llama la meva butxaca [mi bolsillo]. En el resto de España, la patria es La Roja, la duquesa de Alba, Belén Esteban y la Pantoja juntas".

Cruyff, en un partido de Liga con el Barcelona ante el Atlético, en la temporada 1976-1977.
Cruyff, en un partido de Liga con el Barcelona ante el Atlético, en la temporada 1976-1977.
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