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Necrológica:

Shifra Goldman, adalid del arte latinoamericano

La historiadora y activista fue pionera en el estudio y reconocimiento en EE UU de los artistas mexicanos

Hace apenas 30 años, el arte latinoamericano no era motivo de halagos en las universidades de Estados Unidos. "Poco vanguardista". "Demasiado político". "Producto de imitaciones". "Indigno de un profundo estudio académico". Al menos esas fueron las respuestas que recibió Shifra Goldman, una historiadora estadounidense que presentó una tesis doctoral sobre arte mexicano moderno en la Universidad de California, en Los Ángeles (UCLA). Goldman se negó a cambiar el tema y esperó siete años hasta que halló un profesor que la tutelara. Su tesis, Pintura mexicana en tiempos de cambio, se publicó en 1981 y la historiadora se consolidó como pionera en el estudio del arte chicano (palabra para la comunidad mexicana en EE UU) y latinoamericano. Activista, defensora de los derechos civiles, murió en Los Ángeles el 11 de septiembre. Tenía 85 años.

Logró que se restaurara el único mural de Siqueiros en Estados Unidos

"Tenemos que reescribir la historia del arte moderno", afirmó en una entrevista concedida a Los Angeles Times en 1992. Goldman nació en Nueva York el 18 de julio de 1926, hija de inmigrantes rusos de origen judío. En su hogar se respiraba activismo: su madre, costurera, organizaba protestas; su padre, camarero, era miembro de un sindicato. Apasionada de la vida cultural neoyorquina, Goldman apenas tenía 20 años cuando la familia se mudó a Los Ángeles. "Estaba horrorizada", recordaba en una entrevista en 1995. Aburrida "hasta las lágrimas" se inscribió a un curso de arte en UCLA. Se convirtió en el miembro "más joven, ingenuo e ignorante" del Congreso por los Derechos Civiles de Los Ángeles, una organización en defensa de las minorías. Pero el arte, el activismo -y los sueños- pasaron a un segundo plano cuando se quedó embarazada a los 27 años, producto de un breve matrimonio con John García, un mexico-americano.

Goldman trabajó en una fábrica de frigoríficos, en otra de estufas, en un almacén y como bibliotecaria para sacar adelante a su hijo Éric. "Solía decir que era una feminista antes de que supiera lo que era la palabra. Lo pasó mal con sus parejas. No querían vivir con una mujer tan intelectual e intensa", recordaba su hijo la semana pasada. Quince años después, Goldman volvió a la Universidad. También retomó el activismo. Fue una de las organizadoras de la Torre de la Paz (una instalación artística para protestar contra la guerra de Vietnam) y se convirtió en una de las principales defensoras de América Tropical, el único mural del artista mexicano David Alfaro Siqueiros en EE UU. Hecho por encargo en 1932, pintó a un indígena crucificado bajo un águila norteamericana. Los mecenas se enfurecieron y mandaron cubrir con pintura blanca la obra. Goldman supo de su existencia en 1968 e hizo de su rescate una causa personal. Más de 20 años -y casi nueve millones de dólares- después, un grupo de artistas del Instituto de Conservación Getty restauraron la obra, patrimonio de Los Ángeles.

Cuando se postuló para un doctorado, eligió como tema de estudio el arte moderno mexicano. Ningún profesor quiso tutelarla. "No tenía colegas, ni enchufes, ni nada", recordaba. Se negó a elegir un tema más "popular" y esperó más de seis años para que la Universidad aceptara su tesis. Recibió el doctorado en 1977. "Su trabajo quería derribar los estereotipos y distorsiones que han dominado prácticamente todos los estudios que se han hecho sobre arte latinoamericano desde los años cincuenta", describe el periodista Alan D. Abbey.

La historiadora tenía fuertes opiniones sobre los intereses que hay tras la promoción del arte. Recordaba que la primera subasta de arte mexicano que organizó Sotheby's, en 1977, coincidió con la firma de un importante acuerdo petrolero entre Estados Unidos y México. Y que la monumental exposición México: esplendores de 30 siglos (una de las muestras más ambiciosas de arte mexicano) emprendió una gira por EE UU justo en vísperas de la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en 1991. "Se acabaron de súbito los prejuicios, y el arte mexicano se puso de moda en el país", apostilló en una entrevista en 1995.

Se retiró de las aulas en 1992, pero continuó dictando conferencias hasta que el alzhéimer se lo impidió. Le sobreviven su hijo Éric, su nuera Trisha y su nieto Ian. La familia pidió que en lugar de flores, se hicieran donaciones a las galerías Trópico de Nopal, Avenue 50 Studio y al Centro para Estudios de Gráficos Políticos de Los Ángeles. Tres lugares que buscan espacio para el arte chicano en EE UU. "Nunca fui mainstream. Nací en un hogar marginado, he vivido en sitios marginados y me he identificado siempre con los marginados. Tienen más sentido", escribió en 1992.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de septiembre de 2011