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Reportaje:

La industria pide socorro

34.000 asalariados en el sector han desaparecido desde el año 2008 - Su peso en la economía ha menguado cinco puntos en la última década

Piense en el diagrama que dibujan las constantes vitales de un enfermo muy grave, a punto de expirar. Los datos económicos colocados sobre una gráfica últimamente tienen ese aspecto: leves avances, caídas bruscas y, quizá lo peor, la terrible línea plana del estancamiento. El sector industrial, hasta ayer una locomotora del crecimiento, está recorriendo ese camino. No solo el naval y el textil se tambalean; todas las ramas de actividad menos una, la alimentación, ponen su grano de arena para que el PIB industrial se vea cada vez más arrinconado en la creación de riqueza. En el año 2000 representaba el 15,6% de toda la oferta de productos y servicios que se generaba en la comunidad autónoma. En los ocho años posteriores retrocedió más de dos puntos, los mismas que ha cedido en los últimos 24 meses en una caída sin precedentes.

Todas las ramas, excepto la de la alimentación, se desploman

El Índice de Producción Industrial acumula 11 meses de caídas

El paro ha aumentado un 20% en dos años y medio

Redondo: "El talón de aquiles está en el textil, el naval y el automóvil"

Sujeta con pinzas (llámenlas estímulos, avales o subvenciones), la industria gallega avanza el abismo. Si sigue evolucionando como lo ha hecho en esta década, perdiendo cinco puntos de peso en el PIB, en los próximos 20 años no quedará en pie ni una fábrica de tuercas. Quizá sea un pronóstico catastrofista y exagerado, pero esa sensación de derrota se respira en astilleros, talleres, fábricas e incluso en el desánimo de algunas plantillas del potente y bien engrasado sector de la automoción, que también está pasando por lo suyo. No se explica de otra forma que la factoría de PSA en Vigo se haya visto obligada a parar sus máquinas 12 días por fallos en la cadena de suministro de una empresa italiana (una circunstancia que irónicamente se ha bautizado como el Tornillogate). "Cuando producíamos medio millón de coches nunca faltó una pieza", reflexiona desde CIG Manuel Domínguez, delegado de personal. Con un ERE pactado hasta 2012 para amortiguar la caída de producción, junto a todos los mecanismos de flexibilidad imaginables, este año se estima que saldrán de Vigo 370.000 coches, un 7% menos, si es que no se producen más recortes de los anunciados.

Por una vez no se le puede echar la culpa a ninguna burbuja. El Índice de Producción Industrial (IPI) lleva 11 meses consecutivos de caídas, que van a dejar una profunda cicatriz en el mercado laboral. En el segundo trimestre del año el descalabro triplica los también malos datos que recoge el INE para el conjunto del Estado. En agosto las oficinas de empleo contabilizaron 34.565 parados (de un total de 224.582), un 42% más que en el mismo mes de 2008. El número de afiliados a la Seguridad Social en ramas industriales era en 2008 era de 166.331. Dos años y medio después cae hasta las 132.571 personas, 33.760 afiliados menos, el 20%. Una circunstancia insólita en una comunidad con 2,7 millones de habitantes, el 55% considerados activos por la EPA. "Galicia, igual que España y la UE en su conjunto, está sufriendo un intenso proceso de desindustrialización. Es muy acelerado y se podría decir que viaja hacia el sur, entendiendo como sur Asia y América Latina". El economista Manuel Lago considera que el cáncer de la crisis afecta tanto a las actividades centrales de la estructura industrial de la comunidad autónoma como a la especialización en otras ramas. "La afiliación cae un 13% en el naval, un 17% en automoción, un 23% en el textil. Pero también se desploma un 24% en ramas vinculadas a la construcción, un 25% en madera, un 27% en la industria extractiva... Los datos demuestran que es el conjunto de la industria el que tiene problemas, más allá de que un subsector tenga los suyos".

Forma parte de un proceso lento, "tal vez inevitable", subraya Lago, que se agudizará. "La demanda interna se debilita y surgen problemas de financiación por un colapso real del sistema financiero, una indigestión que le impide actuar". Muchos bancos van camino de convertirse en zombis, simplemente sobreviven, pero sin prestar dinero, lo que empeora el problema del crédito, la verdadera pesadilla: "Por una parte está la financiación al consumidor, sin ella puedes tomarte un café o salir a cenar beneficiando al sector servicios, pero no puedes comprarte un coche. Por otra están las empresas industriales, que también necesitan de los bancos para la maduración de su proceso constructivo". Cada ferry o sísmico que sale de los grandes astilleros cuesta unos 100 millones de euros que algún banco tiene que facilitar.

Para el catedrático de economía financiera de la Universidad de Santiago, José A. Redondo, "el talón de Aquiles del sector industrial es su excesiva dependencia de textil, naval y automoción. La deslocalización que está experimentando el primero, los problemas asociados al tax-lease [sistema de financiación en el naval que la UE ha prohibido en España] que repercuten en la cartera de pedidos en el segundo y, en el caso de la automoción, la apatía de la demanda condiciona los resultados". Contradice el análisis de Manuel Lago, que todas las actividades sufren, porque cree plausible que la contracción esté asociada "a la coyuntura especial que están atravesando estos sectores y, en especial, en el caso naval". "Sería extraño que en un contexto tan depresivo Galicia fuese la excepción", añade Luis Caramés, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Santiago. Él enmarca la situación en una caída generalizada en toda España.

¿Qué está haciendo la Xunta, y en especial su Consellería de Industria, para evitar que la situación se deteriore aún más? Algunos economistas consultados apuntan como una buena idea el anteproyecto de Ley de Política Industrial. "No deja de ser positivo que un Gobierno conservador desmienta aquella máxima de un exministro socialista: la mejor política industrial es la que no existe", valora Caramés. "Por primera vez se eliminan barreras burocráticas que tanto desincentivan a inversores foráneos. La creación del Consello Galego de Industria puede ser de gran utilidad, siempre y cuando no se convierta en un organismo decorativo", añade Redondo.

Pero las dudas planean sobre el texto, que ha quedado descafeinado antes de su tramitación parlamentaria. El intento del conselleiro Javier Guerra de incidir en la política fiscal con cinco rebajas de impuestos para estimular a los empresarios fue tumbado por su compañera de Gobierno Marta Fernández Currás desde la Consellería de Facenda. "Ignoro cuál es la política industrial de la Xunta", resume Venancio Salcines, presidente de la Escuela de Finanzas. "Creo que juega a la defensiva, apagando como puede los incendios que aparecen día sí, día también". Alfageme, Vulcano, Factoría Naval de Marín, Cesa, Barreras... La lista de empresas que piden socorro es interminable. Industria ha avalado operaciones de 273 millones en dos años y con ellas dice haber salvado 16.000 puestos de trabajo. También ha puesto en práctica dudosas medidas de estímulo al consumo, como el plan Renove del automóvil. "La Xunta no puede modificar el comportamiento de los consumidores europeos que compran nuestros coches y vestimentas, por eso entiendo que ha de pensar en una clave más amplia, impulsando la creación de conocimiento dentro de las empresas con perfil exportador", aconseja Salcines. Pero la política de impulso al comercio exterior también es controvertida: Economía ha cerrado o transformado sus oficinas del exterior para poner en manos de la Confederación de Empresarios la tarea de crear una red propia. El proyecto cuenta con una importante financiación de 18 millones en cuatro años, e incurre en aspectos chocantes, como que se cierra la oficina del Igape en Polonia, uno de los 15 países donde más exporta Galicia, a cambio de abrir otras en destinos como Colombia, que ocupa el puesto 48.

Varapalo al concurso eólico

El conselleiro de Industria, Javier Guerra, tenía un gran plan. Tumbó el proyecto eólico del bipartito alegando que era necesario tener más "seguridad jurídica", lo que de rebote provocó que el desarrollo del sector, que ya llegaba tarde para aprovecharse de las primas que ofrece el Gobierno, se demorase aún más. Las empresas debían inscribirse en el llamado registro de preasignaciones, creado por el Ministerio de Industria para que los promotores puedan acceder a las ayudas. Pero el grifo de esas primas se ha cerrado. Los nuevos parques, ya a expensas de una nueva regulación de bonificaciones, iban a crear 13.266 empleos con una inversión de 5.953 millones gracias a llamativos proyectos industriales aparejados.

"Los planes industriales están comprometidos por las empresas para poder operar. Si no los realizan no van a tener capacidad de ejecutar sus negocios eólicos", aseguró Javier Guerra a este periódico en una entrevista concedida en junio. Ese compromiso de los promotores está periodificado en 10 años y se supone que este año deberían haberse invertido 380 millones de euros.

Pero en el horizonte amenaza la tormenta. Según una información publicada esta semana por Cinco Días, el Gobierno estudia primas que penalizan a los parques gallegos, los que más horas de viento tienen en España. Según la información preliminar, que todavía no se ha remitido a la Comisión Nacional de Energía, las ayudas se limitarían a las 1.500 horas de viento, frente a las 3.000 con las que funcionan aquí. "Si realmente te van a cubrir la mitad, desarrollar un parque deja de tener interés, y sin interés, adiós concurso", asegura un empresario del sector.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 2011

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