Reportaje:

CatalunyaCaixa quiere combinar el FROB con inversores privados

Cierra 44 oficinas y reduce plantilla en 330 personas más de lo planeado

"Hemos conseguido estar fuera de los focos. Ya no se habla de nosotros continuamente como el mayor problema del sistema financiero español", dice Jaume Masana, director general adjunto de CatalunyaCaixa. Puede parecer una victoria menor, pero es uno de los logros del equipo gestor de la segunda mayor caja catalana, que ha logrado quitar presión a la red, a los clientes y a los proveedores. El objetivo es que no se pare la máquina comercial en mitad de un mercado agresivo donde todos los días se roban clientes y depósitos entre las entidades, conscientes de que no todas sobrevivirán a la crisis.

Estos días celebra su primer cumpleaños oficial y sus máximos responsables están convencidos de que han tomado el camino correcto, pero que necesitarán un par de años más para enderezar el rumbo de la entidad. Hace más de tres años que Adolf Todó, director general, y Jaume Masana tomaron el control de Caixa Catalunya, el 70% de lo que después fue CatalunyaCaixa tras unirse a las cajas de Tarragona y Manresa. Si se cumplen sus previsiones, habrán pasado cinco años desde que llegaron, cambiaron a todo el equipo gestor y se pusieron a tapar agujeros en una entidad que marchaba hacia el desguace. El problema es que el tiempo no acompaña y eso hará más dura (y quizá más larga) la tarea.

La entidad es una de las grandes inmobiliarias del país
El número dos de la caja dice que la parte privada en el capital será "pequeña"

El próximo 30 de septiembre harán oficial la entrada del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) en el capital del banco, donde han trasladado todos sus activos financieros. Fue la primera entidad en admitir que su primera opción para reforzar su maltrecho capital era pedir ayuda al fondo de rescate. Quizá su situación financiera no deja otras opciones, como la salida a Bolsa. Sin embargo, pasados los meses, Masana está convencido de que tienen una gran ventaja sobre sus competidores por llevar mucho tiempo en la sala de máquinas de la caja, lo que les ha permitido haber hecho parte de la tarea realizada. Por eso han empezado a entrevistarse con inversores privados y creen que podrían entrar de la mano del FROB en el capital. "Ahora ya es una opción clara para nosotros. Sabemos la valoración de las dos cajas que quieren salir a Bolsa y, aunque somos entidades diferentes, lo tomamos como referencia. A los inversores institucionales les parecen atractivos estos precios y estamos teniendo llamadas y visitas de gente interesada en nuestro proyecto porque lo ven avanzado y porque les gusta que esté principalmente radicado en un sitio como Cataluña", comenta Masana.

¿Cuánto capital podrían colocar a los inversores y cuanto al Estado? El número dos de la entidad no quiere concretarlo todavía, aunque admite que la parte privada será "pequeña". Considera que para el consejo de administración de la caja y para el Banco de España, este sistema es una buena opción. En CatalunyaCaixa no se descarta superar el 50% de capital público. No se ve como una preocupación porque esta situación no conlleva la pérdida automática de la condición de caja. La entidad puede pedir FROB en forma de préstamo, pero no sabe el coste que tendrá, por lo que parece apostar por la inyección de capital en acciones, que parece ser menos gravoso. "No creemos que pasar del 50% sea nacionalizar la entidad porque el equipo gestor continuará en sus puestos. El Estado acompañará, pero no tomará las riendas. El 80% del Royal Bank of Scotland es del Estado y nadie dice que es un banco público", comenta Masana.

Mientras tanto, siguen adelgazando para cumplir las exigencias del supervisor. Hasta ahora había cerrado 395 oficinas y reducido la plantilla en 1.300 empleados. Sin embargo, en los últimos días han ampliado el acuerdo sindical y han acordado clausurar 44 oficinas más mientras que 330 personas más se prejubilarán entre julio y septiembre. Los gestores son nuevos, a diferencia de otras fusiones, y eso les evita moverse con lentitud y excesivas precauciones para justificar situaciones del pasado, explica Masana. La entidad asegura que esta sangría no le ha supuesto grandes pérdidas de clientes, entre otras cosas, porque han acelerado la transformación informática de manera que, de puertas afuera, se noten menos los cambios.

Todos los ajustes parecen poco en un clima de continua caída de márgenes ("alrededor del 35%") por la pinza que forman la guerra de los depósitos y la disminución del crédito. "Hay menos ingresos financieros porque el crédito cae y el pasivo cuesta más. Estamos activos en la captación de ahorro porque teníamos demasiada dependencia del Banco Central Europeo. Ahora trabajamos con un colchón de liquidez", comenta este ejecutivo.

CatalunyaCaixa es una de las grandes inmobiliarias por todos los activos (suelo y vivienda principalmente) que se ha adjudicado. Están valorados en 3.750 millones. La provisión sobre el suelo es de un 40%, y en los pisos, un 20%. En el último año ha vendido o alquilado 4.500 pisos. Calculan que, a un ritmo de 2.000 o 2.500 viviendas por ejercicio, acabarían con su parque en tres o cinco años. Hasta ahora los están vendiendo con un descuento medio del 25% sobre el valor de adjudicación. No tienen pérdidas netas en el balance porque esa es la dotación que habían realizado.

"Pero el suelo es un problema peor. Dentro de 10 años seguiremos teniendo parte de nuestro balance, como el resto de las entidades. En 2010 vendimos suelo por 500 millones y este año vamos por 750 millones. Hacemos permutas con promotores o construimos nosotros mismos en las zonas donde ha vuelto la demanda, como la corona que forman los municipios de Barcelona o en Madrid", añade el director general adjunto. ¿Les dejarán las tormentas del mercado el tiempo necesario para salir adelante? Masana está convencido de que sí. "Hemos puesto el foco en los asuntos clave. Ahora estamos más limpios y ágiles para captar negocio", concluye. Sin duda, este es el gran reto.

Sobre la firma

Íñigo de Barrón

Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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