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Los acusados por el 'narcosubmarino", ante el juez

La defensa trata de desmontar que se tratase de una red organizada

El juicio contra los siete acusados de intentar el transporte de un alijo de más de 2.000 kilogramos de cocaína en agosto de 2006, utilizando un pequeño submarino que no llegó a navegar, se reanudó en la Audiencia de Vigo sin que tampoco ayer compareciese el piloto del sumergible, Juan Carlos González Filloy, sobre el que pesa una orden internacional de detención. Con el nuevo Código Penal y los acuerdos previos entre el fiscal y los abogados como telón de fondo, aunque sin concretar cuánto se rebajarán las condenas, los seis imputados fueron reconociendo uno a uno los hechos que se relatan en el escrito de acusación y que dieron origen a este proceso judicial.

A preguntas del fiscal antidroga, Luis Uriarte, todos los imputados reconocieron la participación en los preparativos de la operación del narcosubmarino y admitieron como suyas las voces de las grabaciones telefónicas que se aportaron en el juicio como principal prueba de cargo. La autoinculpación de los acusados que, aunque tardía, abre la puerta a una ostensible rebaja que el fiscal tiene previsto argumentar hoy al término del juicio. Las penas solicitadas para el ministerio público son de 10 y 13 años de cárcel por tráfico de drogas en grado de tentativa.

La Guardia Civil halló "un artilugio muy raro" en una nave de Baiona Dos imputados reconocen ser intermediarios de un cártel colombiano

Los abogados, por su parte, trataron de ganar la única baza que les quedaba, después de pactar las confesiones de sus defendidos. Con los interrogatorios a los policías y guardias civiles que participaron en la investigación trataron de desmontar la existencia de un grupo organizado, lo que supone una rebaja añadida de las condenas solicitadas.

Los letrados han pedido penas que no llegan a los dos años de cárcel, incluso la absolución para algunos de los acusados. Los abogados de los hombres juzgados ayer se basan en que sus defendidos no llegaron a llevar a cabo la operación de cocaína descrita por la acusación ni se encontraron restos de sustancias estupefacientes en el submarino que apareció en plena ría de Vigo cuando el piloto abandonó la nave.

Manuel Clemente Grova asumió la construcción del sumergible por encargo de traficantes sudamericanos. Los empresarios andaluces Tomás Bengoechea y Juan Serrano admitieron ser intermediaros del cártel colombiano realizando las entregas de dinero, hasta 100.000 euros, para la construcción de la nave.

Francisco Omil Navazas, apodado Camisas, también confesó su participación en primera línea como máximo responsable de la trama gallega que tenía que recoger el cargamento en alta mar de un buque nodriza con el sumergible y un velero de apoyo. En los registros de su domicilio, la policía encontró unas coordenadas náuticas que supuestamente eran las del barco que estuvo varios días esperando el transbordo de la cocaína.

Condenado a 10 años de prisión como uno de los implicados en la Operación Nécora, Navazas no recordó la fecha en que había abandonado la cárcel a preguntas del fiscal. El ministerio público solicta para él 13 años de cárcel como reincidente, al igual que para otros dos procesados.

Agentes de la Guardia Civil de Andalucía que declararon por videoconferencia explicaron cómo comenzó la investigación a principios de 2006. Se encontraban en Galicia realizando un seguimiento por otra investigación por tráfico de drogas cuando observaron "un camión que llevaba la parte trasera cubierta con una lona de la que se dejaba ver una especie de turbina". Decidieron seguir el camión que llegó hasta una nave cerca de Baiona, donde contemplaron "un artilugio muy raro que parecía un pequeño submarino".

En ese momento comenzaron a coordinarse las investigaciones de la policía y la Guardia Civil a través de un juzgado de Vigo que autorizó la intervención de los teléfonos de los acusados. Aunque el plan era interceptar el submarino con el cargamento a bordo, el plante del piloto cuando comprobó los rudimentarios mecanismos de la nave, frustró la travesía y el traslado de la droga a tierra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de abril de 2011