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Entrevista:TROTAMUNDOS | Carlos Iglesias - Director | EL VIAJERO HABITUAL

Solomillo con coñac rumano

Y por qué no a Rumanía?", pensaron el actor y director Carlos Iglesias, que acaba de estrenar su película Ispansi (Españoles), y sus acompañantes

Y por qué no a Rumanía?", pensaron el actor y director Carlos Iglesias, que acaba de estrenar su película Ispansi (Españoles), y sus acompañantes cuando se hallaban recorriendo Europa en furgoneta.

¿Y por qué sí?

Era agosto de 1990 y recorriendo Austria se nos ocurrió ir a Rumanía, sobre todo porque hacía poco que había caído el dictador Ceaucescu.

¿Y fue buena idea?

Estupenda. Aunque la llegada fue impactante. Entramos por la frontera húngara y al llegar a la primera ciudad los trabajadores de una fábrica se nos abalanzaron. Iban todos tiznados. No pedían dinero, solo querían saber si teníamos jabón.

Un panorama duro.

Mucho, aunque en ocasiones te lo podías tomar con humor. En la zona de los Cárpatos encontramos un restaurante con un solomillo excelente, pero solo se podía acompañar con coñac rumano. No había nada más, y el agua del grifo no era potable.

Por lo menos disfrutarían de los paisajes.

Nos movimos básicamente por la región húngaroparlante de los Cárpatos y la naturaleza ahí es deslumbrante y por entonces estaba todo casi intacto. El Lago Rojo, por ejemplo, es una maravilla.

¿Qué tal los alojamientos?

Al principio poníamos la tienda y acampábamos donde fuera. Hasta que un día vimos un cartel en el que un oso perseguía a un hombre.

Y no les hizo falta ni leer lo que ponía.

No conocíamos el idioma, pero resultaba lo suficientemente ilustrativo como para no volver a acampar. Así que alquilamos una habitación en una casa rural.

Una opción más segura.

El dueño era muy simpático. Y le gustó tanto nuestra furgoneta que quiso comprarla. Le dije que había costado 1.500.000 de las antiguas pesetas y se indignó pensando que le estábamos intentando timar porque el coche nacional, el Dacia, costaba solo 37.000 pesetas.

¿Llegaron a Bucarest?

No en ese viaje. Estuve muchos años después. Y la verdad es que son preciosos los barrios de la parte vieja -casi todo es de mediados del XIX- que no lograron destrozar ni la especulación ni Ceaucescu.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de marzo de 2011