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Reportaje:

La Superbowl de los errores

Green Bay se equivoca menos que Pittsburgh en una final con múltiples fallos

Cifras nuevamente millonarias, pero, a la postre, fue la Superbowl de los errores. Los Packers, californianos de Green Bay, ganaron la final del fútbol americano a los Steelers de Pittsburgh (31-25), lo que resultó una relativa sorpresa. Pero nada más. No pasará a la historia precisamente como una de las citas memorables del deporte rey estadounidense. Se recordarán otras cosas.

Ya el prólogo avisó. La cosa empezó a pintar mal cuando Christina Aguilera se equivocó y hasta olvidó parte de la letra del himno nacional mientras se le iban agudos más que discutibles. Y eso que llevaba cantándolo desde los siete años, según confesó. En las gradas del Cowboys Stadium, de Dallas, hubo además, en el gran partido del año, más de 1.000 asientos vacíos porque la organización, ya agobiada los días previos por la nieve, el hielo y una huelga de taxistas, no los colocó a tiempo.

Los californianos, con menos experiencia y muchas bajas, se adelantaron por 21-3

Hubo 103.219 espectadores, que dejaron también sin récord de asistencia al multimillonario propietario de Dallas Cowboys. Jerry Jones no pudo superar en su macropalacio de deportes, cubierto e inaugurado en 2009, los 103.985 de la final de 1980 en el Rose Bowl, californiano, que sí ganaron los Steelers. El equipo más laureado de la NFL, con seis títulos, se ha quedado ahí.

Green Bay, sin tanta experiencia y con muchas bajas, sumó el domingo su cuarto trofeo. Tras una temporada sorprendente, volvió a la cima 14 años después del obtenido en 1997 de la mano del legendario quarterback Brett Favre. Y cerró el círculo 44 febreros más tarde de las dos primeras Superbowl de la historia, que ganó en 1967 y 1968.

Simplemente, cometió menos errores y se aprovechó de los del rival. Llegó a mandar por 21-3 con tres ensayos en la primera parte y logró otro tras una intercepción. Pittsburgh se acercó a 28-25 a la mitad del último cuarto, pero, tras ponerse 31-25 con una última patada de transformación al no llegar al ensayo, consiguió otra intercepción decisiva a falta de un minuto.

El mayor mérito de los Packers fue sobreponerse a una temporada con 16 lesionados, a los que se unió, poco antes del descanso, su capitán y líder defensivo, Woodson. También el receptor Driver. Pero su quarterback Rodgers, el jugador más valioso dentro de la discreción general, falló menos que su rival, el gigante Roethlisberger, que suena tanto por su calidad como por sus problemas con la justicia: broncas y supuestas violaciones.

También fue una noche de perros. Los anuncios más valorados de la retransmisión televisiva fueron los de la cerveza Bud Light y los snacks Doritos, con protagonistas caninos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de febrero de 2011