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Crítica:

Golpes de la realidad

Guenassia relata con brío y de forma directa y explícita una dinámica sucesión de episodios en los que se juntan el mundo de la familia y el mundo de los sin familia

París, 1959. Michel Marini es un muchacho de 12 años. Al frecuentar el café Balto con sus amigos descubre una puerta escondida al fondo donde entra gente que nunca sale después. Movido por la curiosidad se acerca y descubre en ella un letrero que reza: "Club de los optimistas incorregibles". Dentro encontrará a un variado conjunto de exiliados del área de influencia soviética, gente que lo ha perdido todo, incluido el contacto con sus familias, para poder huir, bien por salvar la vida, bien en busca de libertad. El club acepta y adopta a Michel que, de este modo, se convierte en el relator de sus vidas truncadas y, asimismo, en paralelo, nos narra sus primeros años de adolescente (1959-1964) en busca de sí mismo tanto dentro como fuera de su propia y complicada familia.

El club de los optimistas incorregibles / El club dels optimistes incorregibles

Jean-Michel Guenassia

Traducción de María Teresa Gallego

Urrutia / Eulàlia Sandaran

RBA / Edicions 62. Barcelona, 2010

656 / 592 páginas. 22,50 euros

El libro se mueve entre la confesión y la crónica de una época especialmente convulsa

"Qué cosa más absurda homenajear a un hombre que se equivocó en todo o en casi todo, que fue por el camino errado con constancia y empleó su talento en defender lo indefendible con convicción", dice Michel, ya en 1980, el día del multitudinario entierro de Sartre. Sartre y Joseph Kessel frecuentan el club, donde los conocerá Michel, y su reflexión es un resumen de su mirada al pasado. La novela se abre con casi cien páginas que nos hablan de ese comienzo de formación en el que se adentrará Michel, una formación inducida y golpeada por la realidad. Después, la técnica es sencilla: iremos conociendo a los principales elementos del club a medida que Michel se va fijando en ellos; cada uno aparece como de soslayo para, enseguida, desgranar su historia, siempre entreverada con la propia maduración de Michel. Así se alternan los episodios y los personajes, con un lenguaje claro y sin complicaciones, hasta la consabida revelación final de un misterio del pasado. El libro se mueve entre la confesión y la crónica de unas personas significativas dentro de una época especialmente convulsa (al fondo está la guerra de Argelia, la aún invasión de Hungría por los tanques rusos, la construcción del muro de Berlín, la crisis de los misiles Cuba-USA...), la cual sostiene una confrontación ideológica crucial en la segunda mitad del pasado siglo. En cuanto su valor literario, está dentro de la tradición realista, por la que se mueve con toda soltura, y hay que señalar que el relato es directo y explícito, que su fuerte es la dinámica sucesión de episodios contados con brío, que el personaje Michel es excelente y los demás, los hombres del club, están bien definidos y se complementan para ofrecer una visión del exilio tan diferentemente dura como lo es para el joven narrador la de su propia vida abriéndose a la realidad, lo cual la convierte también en una novela de formación. La escena del metro, ejemplo perfecto de humor y dolor, o la espléndida de la partida de ajedrez trucada, demuestran la entrega y seguridad en el relato de un autor de 59 años que publica así su primera novela.

"Habían escogido la libertad abandonando a la mujer, a los hijos, a la familia y a los amigos. Por eso no había mujeres en aquel club. Las habían dejado en su tierra. Eran sombras, parias, carecían de recursos y tenían títulos que no estaban reconocidos". No puede decirse que Guenassia vaya a aportar nada nuevo a la Literatura, lo que hace es narrar bien, que no es poco; el eje de la narración es la relación especular entre Michel Marini con su despertar a la vida adulta y los hombres desolados y perdidos que componen el club. Michel cuenta su vida al detalle y la relación con los padres está llena de matices y de aciertos, como el hermano mayor y la amiga de éste, Cécile. Todos ellos son el eje de un conflicto que se adentra en el sentido de la familia, en su oscuridad, su mezquindad y su necesidad. La formación de Michel es, con todo, el plato fuerte de la novela porque en él se juntan el mundo de la familia y el mundo de los sin familia. Eso es lo que permite que la crónica quede trascendida por un planteamiento superior que integra al individuo en la historia de esos años. No es de extrañar el éxito de público que la novela ha tenido en Francia ni su Prix Goncourt des Lycéens. Adultos y jóvenes se han puesto de acuerdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de octubre de 2010