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ÁREA DE META | SUDÁFRICA 2010 | España-Honduras

Suspense y calculadora

El partido empezó muy pronto. Exactamente a las 16.00. Me he emplazado a observar si lo de Suiza y lo de Chile es tan amenazante como los especialistas en Bielsa anuncian. Les diré que me lo he pasado bien, que el partido, en su intensidad, me ha hecho olvidar el sonido de las vuvuzelas de tal forma que se confirma que si el partido transmite emoción, uno (al menos yo) se olvida de todo lo de la parte externa al campo. Y el partido entre chilenos y suizos me ha traído suspense y muchas vibraciones. No sería capaz de decir si el partido ha sido bueno o malo pero les confieso que me lo he pasado bien, no me he despegado de la pantalla y el único momento en el que he hecho zapping, el árbitro saudí ha dejado a los suizos con uno menos.

No sé si en el autobús de España hay algún jugador especialista en estadística pero me imagino a Julio Salinas con su calculadora humana trabajando todas las opciones y las posibilidades que España debería cumplir en esta segunda jornada para dejar el camino despejado a los cuartos de final. Y me imagino a alguna otra voz recordándole que lo primero es ganar, sumar tres puntos y recobrar las buenas sensaciones. Pero Julio insistiría en que tan importante como ganar es la diferencia de goles ya que esa nos abriría un poquito más esa puerta a octavos y no solo eso, sino que tendríamos la manilla de la puerta en la mano para ser nosotros los que nos situemos ante la última jornada con todo en la mano.

En eso nos entretendríamos mientras el autobús nos acercase al estadio y en eso me he entretenido yo, sin saber si en los minutos finales del duelo entre chilenos y suizos nos interesaba que Suiza empatase o si era mejor que Chile lograse una mayor diferencia que emborronase el coeficiente de nuestros verdugos.

Y he recordado las palabras de aquel entrenador que siempre nos recordaba que antes del segundo gol hay que marcar el primero y que no hay nunca partido fácil en un Mundial. Pero la selección ahuyenta rápido a todos los fantasmas, toma el pulso al Jabulami y comienza a hacer correr a Honduras detrás de la pelota. Ya sé que ahora vendrá quien nos diga que no son los hondureños una potencia, pero sustos más grandes ha habido en este Mundial. Según discurrían los minutos volvía a sentir que Villa era capaz de todo, que Navas desbordaba con facilidad y que el fútbol, salía fluido, sencillo, simple, desde los jugadores del centro del campo. Me ha dado tiempo hasta para agradecer el detalle de Casillas de volver al verde en su camiseta, color que siempre me ha dado la sensación de estar ligado a la buena fortuna. Y poco a poco me he ido centrando en volver a la calculadora para saber si nos interesaba marcar más y dejar a Honduras fuera del Mundial o si nos interesa, por el contrario, que siga en la pomada y que en su encuentro con Suiza tengan aún posibilidades para clasificarse.

Estoy seguro de que si llega a estar Salinas, allí mismo, hubiera desplegado sus capacidades para el cálculo y nos hubiera dado el resultado perfecto. Pero hoy me voy a la cama con el regusto de haber vuelto a ver a la selección que esperaba, con la sensación de que tren español ha vuelto a la buena vía y de que, tal vez, son otros los que han empezado a manejar la calculadora para no verse las caras con los nuestros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de junio de 2010