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Necrológica:'IN MEMÓRIAM'

José Luis Orbegozo, presidente de aquella Real Sociedad

Hace unas semanas, la Real, instalada en el liderato de la Segunda División, se vanagloriaba de estar a punto de alinear por primera vez en varias décadas un equipo pleno de jugadores de la cantera. Sentimentalmente, los aficionados del equipo blanquiazul no sabían de qué sentirse más orgullosos: si de lo inmediato, la caricia del ascenso a Primera, o del retorno a las raíces que construyeron la maravillosa Real Sociedad del inicio de los ochenta con dos títulos de Liga que en cierto modo sorprendieron al mundo.

De lo que no cabe duda es de que José Luis Orbegozo, el presidente que guió el timón de aquella Real desde 1967, habría estado más feliz de lo segundo porque siempre guió su corazón blanquiazul una cabeza sensata, que miraba más allá del inmediato título o del último gol espectacular de Satrustegui emergiendo del suelo entre una nube de contrarios.

Orbegozo se fue ayer, 17 de enero, de este mundo, a los 80 años, en San Sebastián, sin poder ver ni lo primero ni lo segundo, aunque ambas cosas, quizá, acaben ocurriendo.

Este empresario típicamente guipuzcoano siempre creyó más en la raíces que en los árboles, porque las primeras garantizan el futuro y los segundos a veces no dejan ver el bosque. Él lo vio por encima de aquellos títulos imponentes de un equipo pequeño de una ciudad pequeña.

"Un club herido"

Tan sincero fue consigo mismo que cuando se despidió, aún con restos del metal de las Copas que levantó su equipo en las manos, dejó una sentencia que desgraciadamente estuvo a punto de cumplirse: "Dejo un club herido de muerte", señaló en 1983 cuando abandonó el cargo, porque entendía que los cambios que se atisbaban en el fútbol (elevados después a la enésima potencia) iban en detrimento de los clubes pequeños, más soportados por la fe que por las obras.

Le acosaba a la Real la fuga de cerebros, la interminable retahíla de fichajes de sus mejores futbolistas por clubes cercanos (el Athletic) o lejanos (el Barça). Ahí Orbegozo entendió que aquello iba a ser demasiado para la Real, casi obligada, empujada a inmiscuirse en un mercado que en cierto modo podía pudrir sus raíces.

Tan "herida de muerte" quedó la Real Sociedad por esa adoración del mercado y esa asunción del sentimiento de inferioridad económica y social, que a punto estuvo de desaparecer el año pasado, acosada por las deudas, inmersa en una ley concursal de la que ya ha salido y sufriendo en Segunda División.

Más que un vidente, José Luis Orbegozo fue un rector inteligente, entregado a la causa hasta donde la causa lo permitía, es decir, esa frontera delgada pero visible que separa las creencias de las ocurrencias o las indulgencias que acabaron por convertirle en un modelo presidencial no sólo en Guipúzcoa sino en el fútbol español.

Trabajo, silencio, fe, firmeza y convicción fueron la guía de 16 años de mandato y muchos más de referencia que, sin embargo, el temporal del fútbol fue derruyendo hasta sumir a la Real en una sima inexplicable.

Ayer se fue, quizá sabiendo que la Real se asoma al balcón de Primera y se acerca a la recuperación de sus raíces, aunque cuesta creer en esta despedida que a José Luis Orbegozo el fútbol le siguiera cautivando como cuando era de verdad. El que él vivió. Ganando y perdiendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de enero de 2010