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Reportaje:

El Seat 124 todavía está joven

Aficionados al modelo, de 1968, muestran sus vehículos en el Museo del Ferrocarril

En 1968 se empezaron a fabricar los primeros Seat 124 en España. Coches grandes, para la época, pero baratos. Se produjeron cerca de un millón hasta principios de los ochenta. La imagen de este automóvil de lineas rectas -atrás quedaban los redondeados seiscientos- marcaba un cambio de moda. Ha llovido mucho desde entonces. Pero todavía hay quien sale todas las mañanas con su 124, camino del trabajo. José Antonio Reina, pelo largo, chaqueta de cuero, es uno de ellos. Un nostálgico. Tiene 40 años y cuatro Seat de época en su garaje. "Me he criado con estos coches", explica. Ayer enseñaba dos de sus modelos, uno naranja brillante y el otro blanco, en una concentración de aficionados a este automóvil.

"Tuve uno a los 17 y me enamoré", cuenta el dueño de ocho vehículos

La cita había sido organizada por el Club Nacional Seat 124, que celebra este año su 13º aniversario. Medio centenar de coches de los modelos 124 y 1430 pisaron el asfalto madrileño a las nueve de la mañana, en la ermita del Santo. La caravana, escoltada por la policía, atravesó la plaza del Marqués de Vadillo, cruzó la M-30 por el puente de Legazpi y aparcó frente a la entrada del Museo del Ferrocarril.

En el patio estaba Norberto Rodríguez, megáfono en mano, dirigiendo al grupo. "Somos 1.106 socios", explicó este representante del club. Unos 250 son madrileños. A él, la pasión por los 124 también le viene de lejos. "Mi padre tuvo uno. Corría rallies y fue siete veces campeón de España". A los 17 años, antes de tener carné de conducir, Rodríguez se hizo con su primer Seat. "Me enamoré de él". Ahora, a los 38, ha recuperado, de momento, ocho de estos automóviles. "Cada vez es más difícil conseguirlos", admite. El más viejo que tiene, cuenta con orgullo, es de 1970.

Reina explica la emoción que supone encontrar uno de estos coches abandonados. Su historia empieza en la ferretería donde trabaja. Una clienta le contó un día que un tío suyo que vivía en Salamanca, ya fallecido, tenía uno de esos coches que le gustaban tanto a Reina. No había más que hablar. Él contactó con el hijo del susodicho y se fue a la casa donde guardaban el viejo automóvil. Lo encontró en una habitación, cubierto por siete u ocho mantas. Lo descubrió como el que descubre un tesoro. Sólo dijo: "Me quedo con él". Le costó 600 euros.

En aquel 124 blanco, que casi no hubo que reparar para que volviera a la carretera, descansaban ayer el padre y el suegro de Reina, que le habían acompañado desde Cubas de la Sagra a la concentración de aficionados. Él iba de un lado a otro, intercambiando opiniones con los demás amantes de estos coches que se decidieron ayer a sacarlos por las calles madrileñas. En uno azul viajaban una familia con sus dos niños. En otro negro, una pareja joven.

"Ha habido otras seis concentraciones en distintas ciudades de España", explicaba el portavoz del club. "Así cerramos un año de celebraciones, por el 40º aniversario del Seat 1430 y los 13 años del club".

Frente al Museo del Ferrocarril permanecía aparcado un vehículo especial. Verde oscuro. Con una sirena en el techo. "Agrupación de Tráfico", se leía en su carrocería. Al volante estaba Eloy Rubio, guardia civil. "Es un vehículo que estuvo en servicio desde el 77 hasta el 82", explicaba el agente. Patrullaba por las carreteras de la región.

El Seat 124, en sus buenos años, sirvió de taxi, coche de policía, ambulancia, coche fúnebre e incluso de bomberos. Los agentes que ayer conducían este modelo de coche oficial no eran del club, pero participan en las concentraciones para exhibir el automóvil. "Cuando se retiró este coche se vio que estaba bien y decidió conservarse", explica Rubio. Ahora el turismo se guarda en la Jefatura de Recursos Materiales.

Pasadas las 12.30, los coches que quedaban arrancaron motores de nuevo. Enfilaron la autovía A-5, camino de Navalcarnero, donde los conductores comieron juntos. Desaparecieron con ese aire retro que tanto les gusta a los aficionados. "La cosa macarra", que decía Reina, mientras echaba las últimas fotos a los vehículos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de diciembre de 2009