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Entrevista:Santiago Gamboa | LIBROS | Entrevista

"La literatura es un destino"

Jerusalén acosada por la guerra es la metáfora de la ciudad atormentada y el marco de Necrópolis. "Es una especie de revisión del Decamerón en una clave contemporánea", explica el escritor, que acaba de obtener el Premio La Otra Orilla

Una Jerusalén sitiada por la guerra, un congreso de biógrafos -con asistentes entre los que figuran una actriz porno, un empresario colombiano, un bibliófilo judío francés y una periodista islandesa- y la sorpresiva muerte de José Maturana, un ex pastor evangélico, ex convicto y ex drogadicto. Con esta mezcla, Necrópolis, la más reciente novela del escritor colombiano Santiago Gamboa (Bogotá, 1965), ha ganado el Premio La Otra Orilla del Grupo Editorial Norma. Un escritor al que una larga enfermedad le había separado de las letras intenta aclarar si realmente el de Maturana fue un suicidio o si se trató de un homicidio y funge de narrador. "Es una especie de revisión y de relectura mía del Decamerón en una clave contemporánea", explica Gamboa en Nueva Delhi, en el jardín de la casa en donde Mahatma Gandhi vivió sus últimos días. El escritor es consejero cultural de la Embajada de Colombia en India. Como en la obra de Boccaccio, un grupo de personas está reunido en una ciudad sitiada -en este caso por la guerra y no por la peste- y su manera de proteger la vida, la memoria, el legado es contando historias. "Es un libro que tiene la pretensión de mostrar la palabra y la literatura como la opción de la vida contra el olvido y la muerte", dice. Jerusalén acosada por la guerra es el marco de la novela, la metáfora de la ciudad atormentada. "Pero mi lectura no es política, no trato el enfrentamiento entre palestinos e israelíes o entre árabes y judíos. Es sencillamente una mirada histórica y literaria de la ciudad", asegura. Por eso nunca se dice quién la ataca y sucede "más que en el futuro, en un presente un poco adelantado, en un no presente".

"Mi lectura no es política, no trato el enfrentamiento entre palestinos e israelíes o entre árabes y judíos. Es sencillamente una mirada histórica y literaria"

"La literatura convierte todo en ficción", opina Gamboa. La ciudad de Jerusalén es el origen, pero lentamente para los personajes empieza a ser la metáfora de una ciudad acosada, cercada, martirizada y ellos están defendiendo sus historias, sus propias vidas, sus creencias más íntimas. Así, cada una de las historias dentro de la historia trata grandes temas: la lealtad, la amistad, la traición o la muerte. Son temas muy tradicionales en la literatura, pero a la vez muy profundos y humanos, dice el escritor. Por la gran variedad de personajes y de historias, Gamboa considera su séptima novela la más ambiciosa hasta ahora. Le llevó cuatro años de trabajo durante los cuales "la escritura física fue sólo el momento final donde convergió todo el trabajo previo, de pensar y madurar lo que quería contar".

Necrópolis retrata a personas solitarias rodeadas de un mundo que no las comprende o que las agrede. Buscan en su interior, en su imaginación o en su fe algo que les permita continuar, seguir vivas. La historia tiene un sabor descreído, nihilista, "pero es lo que tengo en el espíritu y de lo que puedo escribir ahora", explica el autor.

Después de los 40 años, "uno cambia la sonrisa, el humor y la alegría por una elegante melancolía", cuenta. También podría ser que la jocosidad de sus lecturas de otras épocas ha quedado atrás y que ahora está influido por escritores como Sándor Márai o Thomas Bernhard. Sin embargo, su novela arranca al lector unas buenas carcajadas. "Yo sigo la regla de Julio Cortázar con mucho cuidado: divertido no es lo contrario de serio, es lo contrario de aburrido. Uno puede ser divertido y muy serio. De hecho, una de las cosas más serias que hay es el humor".

Necrópolis explica las historias de personas de varios lugares del mundo y transporta a ellos. Por ello, Gamboa la califica como "extraterritorial". Él ha vivido fuera de Colombia en los últimos 25 años, en España, Francia, Italia e India: "La presencia del viaje en mi vida es enorme y por supuesto en mis libros. Me gustan los libros que se mueven, que van de un lugar a otro. Siempre cito a Juan Goytisolo: las raíces de los hombres son los pies y los pies se mueven. Así que hay que avanzar y alejarse". El viaje, dice, es conocimiento: conocer mejor el mundo para conocerse mejor a sí mismo y para dar mejores cosas. La literatura latinoamericana actual ya no se limita a su territorio, ahora cuenta historias de todo el mundo. "Ésta es una gran libertad que antes parecía prohibida y sólo los escritores europeos podían viajar", afirma. Como ejemplos de esta tendencia cita a Roberto Bolaño y a Jorge Volpi. "Pero a pesar de esto, ciertos sectores de la cultura en Europa o Estados Unidos siguen privilegiando a los autores que ofrecen la imagen de América Latina que ellos tienen en sus estereotipos, quienes satisfacen sus clichés".

Esta novela puede tener influencias de los cineastas mexicanos Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, especialmente por su película Babel, reconoce Gamboa: "Me parece extraordinaria esa mirada estética sobre la realidad y pienso que sólo podría provenir de alguien de un país en desarrollo". Esa unión de historias, ese imaginar fragmentos que tienen sentido en diferentes lugares, es una mirada que tiene que ver con una persona que proviene de un imaginario intelectual que está acostumbrado a recibir de otras partes y armar su propia imagen con retazos de aquí y de allí. "Eso es América Latina, Asia y de alguna manera también África. Pero eso no es Europa: ellos tienen su propia imagen muy fuerte y creen que los demás deberían adoptarla. No tienen esa actitud que es capaz de mirar esa fragmentación y de buscar en todo ello un sentido estético", aventura.

El lenguaje en la novela es una mezcla de acentos del Caribe, de México, del sur de Estados Unidos y un poco de España: "Eso es un trabajo de filigrana que hice para dar una especie de imagen global de lo que es nuestro español. Todo ese lenguaje expresa una forma de ser, de ver el mundo y una manera de estar perdido en el mundo". Y esto se personaliza en Maturana, un latino en Estados Unidos que mitifica América Latina, pero vive agobiado y perdido en un mundo anglosajón: "Esos personajes solitarios, cercados por un mundo al que no pertenecen del todo, en busca de una vida, de una aventura, de un destino, me parecen extraordinarios literariamente".

¿Y por qué tanto sexo en la novela? "En mis novelas hay exactamente la cantidad de sexo necesaria para los personajes, mas no para el autor, ¡imagínate!", ríe. Los personajes son personas solitarias, que necesitan alivio, y el sexo es una manera muy a mano de sentirse feliz. El sexo es un momento extraordinario, en donde el presente es lo único que existe, y se acaba el dolor: "Por eso es algo que a mis personajes les hace tanta falta y yo escribo lo que ellos necesitan".

¿Y usted para qué escribe? "Escribo porque me gusta leer. El mundo de la literatura es donde yo siempre he querido vivir. Me gusta muchísimo más que el mundo real. Así, intento entrar más al fondo de la literatura y dar un poco. Además, creo que soy una persona que no puede elegir no escribir". La literatura no es una carrera, reflexiona, es más bien como "una vida, un destino". El novelista es alguien que está atrapado por un gusto que le lleva a hacer cosas que una persona normal no haría: pasarse horas y horas frente a un ordenador en soledad escribiendo.

Necrópolis. Santiago Gamboa. La Otra Orilla. Barcelona, 2009. 464 páginas. 20 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de noviembre de 2009