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Los farmacéuticos quieren controlar el uso del fármaco

700 profesionales reivindican en Sevilla una reforma docente

Un medicamento es la herramienta más barata para tratar una enfermedad, pero la más cara se si utiliza mal. Y es que los datos no admiten dudas: una de cada cuatro personas que acude a urgencias lo hace por haber hecho un mal uso de los fármacos. Además, el 20% de las recetas que se prescriben ni siquiera llegan a la farmacia; y del 80% restante, otro 20%, aunque el usuario compre el medicamento, no lo utiliza. Pero aún hay más: estudios recientes señalan que, hoy, el mal uso de los fármacos incrementa hasta en un 85% las consultas al médico; e investigaciones más antiguas como la realizada en Granada por la farmacéutica Isabel Baena (Véase EL PAÍS de 17 de febrero de 2004) detectaron entonces que sólo cuatro de cada diez pacientes cumplían con el tratamiento prescrito por el médico. Baena calculaba también que en España mueren entre 15.000 y 20.000 personas al año, más de 40 diarias, a causa del más uso que se hace de los fármacos, para concluir que el Estado gasta, por este concepto, más de 1.600 millones de euros anuales.

Sólo cuatro de cada diez pacientes cumple con el tratamiento médico

En España mueren 40 personas diarias por el mal uso de las medicinas

Es decir, que si los pacientes que consumen habitualmente fármacos estuviesen controlados y asesorados mejor, para que la medicación que reciben fuese segura y efectiva, su salud mejoraría notablemente y el Estado se ahorraría una respetable cantidad de millones.

Y en este contexto es en el que se reivindican los farmacéuticos. Más de 700, pertenecientes a 27 países, han estado reunidos hasta ayer en Sevilla, en el VI Congreso Nacional de Atención Farmacéutica. En él han debatido, desde la urgente necesidad de reformar los planes docentes, hasta cómo deberían ser remunerados por un trabajo que desean hacer, y que no es otro que el de vigilar y seguir exhaustivamente a aquellos pacientes -crónicos sobre todos, que toman varios medicamentos al día-, para que se sientan seguros en el tratamiento y éste sea lo más eficaz posible. Todo ello, dicen, en colaboración con su médico, claro.

Los grandes avances habidos el último siglo en la industria farmacéutica han propiciado que muchas enfermedades que eran mortales hoy sean crónicas. La gente vive más porque toma más fármacos; y la complejidad de los tratamientos es cada día mayor. Todo esto exige un seguimiento muy específico del paciente. "Lo que nosotros proponemos es que se valore, controle y analicen los efectos de la medicación que está tomando el enfermo crónico, sobre todo, para evitarle a él sufrimiento y al sistema sanitario un gasto inútil", resume Manuel Machuca, farmacéutico, y presidente del comité científico de este VI congreso.

Machuca, uno de los adalides que tiene la farmacoterapia, no sólo en Andalucía, sino a nivel nacional, defiende que "nadie como el farmacéutico para desempeñar esta labor de vigilancia del paciente polimecado"; aunque ha tenido que soportar alguna que otra desagradable denuncia por parte de "un médico amigo" que le acusa de "intrusismo". "Es vergonzoso que con lo importante que es hacer un buen seguimiento de estos enfermos, como demuestran los hechos, se nos condene a simples dispensadores de recetas y no se aprovechen nuestros conocimientos", afirma. De la misma opinión es la invitada más ilustre que ha asistido al congreso, la farmacéutica Linda Strand, de la Universidad de Minnesota (EE UU). Strand, pionera en la reivindicación de la atención farmacéutica, abogó en la conferencia inaugural, porque "el farmacéutico tome la responsabilidad directa en el cuidado de los pacientes". En Minessota ya lo están haciendo y los resultados son tan especulares, y el ahorro económico tan importante (3.200 dólares por enfermo), que el sistema sanitario les paga 800 dólares a los farmacéuticos por cada paciente que controlan al año. En España, mientras tanto, apenas un 15% de la población tiene acceso a la atención farmacéutica. Machuca cree que para empezar habría que crear una Unidad de Evaluación Farmacotepeuta como se hizo con la Unidad de Planificación Familiar. "Y una vez dibujado el mapa con las necesidades, ponerse a trabajar", concluye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de octubre de 2009