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Reportaje:DINERO & INVERSIONES

La plusvalía está en su mente

Controlar el miedo o la euforia es clave para que las inversiones tengan éxito

David Fernández

Mientras usted lee este artículo es probable que alguna compañía especializada en el rastreo de datos esté filtrando cientos de informes bursátiles para cuantificar el número de veces que aparecen conceptos antagónicos como crash o burbuja; miedo o euforia. El resultado de estas pesquisas se lo transmitirán a sus clientes: gestoras de fondos, brokers o bancos de inversión. Se trata de convertir las pulsiones humanas en un arma financiera.

La globalización eleva la correlación en los mercados. Además, el desarrollo tecnológico permite invertir en tiempo real desde casi cualquier parte y tener acceso a múltiples fuentes de información. Estamos ante una revolución en toda regla y su principal consecuencia es que apenas existen ineficiencias (rendijas a través de las cuales pescar plusvalías) entre Bolsas, ni entre activos, ni incluso entre estilos de gestión. Este caldo de cultivo alimenta la idea de que el principal lastre o catalizador para el rendimiento de nuestro dinero somos nosotros, nuestra habilidad para mantener a raya la mente, las emociones. Por eso gana cada vez más peso en el mercado una teoría social conocida como Behavioural Finance.

En una fase bajista se tiende a doblar la apuesta para luego venderlo todo

"Nos pasamos la vida entre ratios y conceptos sofisticados mientras ignoramos que términos como expectativas, confianza, pánico o euforia aparecen con más frecuencia en valoraciones de activos e informes de gestión. Nos guste o no, hemos de ser conscientes de que nuestras decisiones se pueden ver afectadas por comportamientos financieramente irracionales", según Juan Ramón Caridad, socio de

Atlas Capital.

El Behavioural Finance no es una ciencia exacta, pero ayuda a detectar dónde hay mayores opciones de que las decisiones sean irracionales. Esta información puede utilizarse en un doble sentido: para evitar seguir a la manada y no caer en sus errores, o para aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado cuando se invierte con las vísceras.

Los valores no se desploman porque sí, pero nuestra mente nos impide reconocer la caída a tiempo y actuar en consecuencia. El riesgo suele ser máximo cuando los inversores no lo tienen en cuenta. Tras unos años positivos de la Bolsa, solemos olvidar el riesgo de la renta variable, la inversión deviene en especulación y, al igual que en un sistema piramidal, tarde o temprano no quedan inversores dispuestos a comprar a un precio más alto. Se rompe la burbuja y llega la crisis. Entonces los nervios y el miedo llevan a vender (o no comprar) determinadas acciones a precio de ganga.

"Nuestra tolerancia al riesgo depende mucho de si hemos logrado beneficios o sufrido pérdidas en un pasado reciente", explica Thorsten Hens, profesor de economía financiera en la Universidad de Zúrich, en Global Investor, publicado por Credit Suisse. En su opinión, las ganancias aumentan la tolerancia al riesgo, ya que son como un cojín virtual contra futuras pérdidas. Somos valientes siempre que el cojín siga intacto; pero cuando se desgasta, nos ponemos nerviosos y reaccionamos de forma impetuosa y contradictoria ante las pérdidas.

"En las fases alcistas, el comportamiento típico muestra una propensión a seguir la tendencia. Hay buenas estrategias de este tipo, pero requieren de pericia econométrica que el inversor privado no posee. Por eso, suele invertir demasiado tarde y el bajón le pilla desprevenido. Lo interesante es su conducta contradictoria durante las fases bajistas, cuando sufre pérdidas: tiende a doblar su apuesta, después cambia de estrategia y lo vende todo", resume Hens.

Este experto advierte que el inversor "es el peor enemigo de sí mismo" y propone, para esquivar los errores, aplicar a rajatabla una gestión del riesgo que nos permita no desviarnos de nuestra estrategia, sople el viento por donde sople. En este sentido, un método de éxito contrastado es la diversificación de la cartera con diferentes clases de activos. Una crítica que se hace a esta estrategia es que implica un coste en cuanto a la rentabilidad a largo plazo. Por ejemplo, si en 1871 se hubiera confeccionado una cartera mixta (la mitad en Bonos del Tesoro de EE UU y la otra mitad en el S&P 500), su rentabilidad acumulada en 2008 sería sólo el 58% de la cantidad que se habría acumulado con una cartera sólo de acciones. "Pero para lograr este rédito, el inversor habría tenido que ceñirse por completo a una estrategia basada exclusivamente en renta variable. Si, por ejemplo, tras caídas de la Bolsa del 20%, hubiese abandonado los valores durante dos años, los rendimientos de la estrategia de renta variable habrían sido sólo la mitad de la estrategia que combinaba acciones con bonos".

El último estudio de Barclays Wealth, la división de grandes patrimonios del banco británico, en colaboración con The Economist Intelligence Unit, titulado Nuevo horizonte, nuevos hábitos de inversión, también aborda de forma extensa el comportamiento emocional. Este trabajo destaca que la velocidad y severidad de la actual crisis financiera ha tenido un "profundo efecto" en la psique de los inversores, como demuestra el hecho de que, a pesar de que el 90% de los clientes encuestados reconoce que el contexto actual ofrece activos a precios atractivos para su compra, el 68% explica que todavía es demasiado pronto para considerar estas oportunidades, puesto que el riesgo de que se produzcan caídas adicionales en los precios es aún demasiado alto.

"Es bastante habitual que la gente crea que el futuro le va a traer lo mismo que en el pasado más reciente", señala Brad Barber, profesor de finanzas de la Davis Graduate School of Management, citado en este informe.

Una de las características de los mercados alcistas es el conocido como efecto dinero de la banca. Es decir, al igual que los jugadores en un casino, tras disfrutar de una buena racha en la ruleta, tienden a pensar que están apostando con dinero de la banca más que con su propio dinero e incrementan sus niveles de riesgo, los inversores, cuando la Bolsa sube, suelen elevar también su grado de tolerancia al riesgo porque no consideran que los beneficios que se han acumulado sean de su propiedad. "Es bastante fácil adquirir riesgos cuando se está ganando. La gente suele especular cuando le van bien las cosas", comenta Daniel Kahneman, profesor de psicología de la Universidad de Princeton. En cambio, cuando la burbuja estalla, los inversores huyen del riesgo y sólo se guían por la cautela, aunque en el mercado haya grandes oportunidades. "Cuando el cliente pierde dinero, necesita tiempo para tener nuevas referencias, para ponerse al día con su nueva medida de la riqueza", según Grez Davies, responsable de Behavioural Finance en Barclays Wealth.

Mucha gente se ha arruinado en la actual crisis, pero otros se han hecho de oro gracias al control de sus emociones. Por eso, el índice VIX, que recoge el nivel de volatilidad en el precio de un activo, se ha convertido en los últimos meses en una referencia tan o más importante que el Dow Jones o el precio del brent. Y es que el VIX refleja algo tan antiguo, tan humano, como el miedo.

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Sobre la firma

David Fernández
Es el jefe de sección de Negocios. Es licenciado en Ciencias de la Información y tiene un máster en periodismo por EL PAÍS-UAM. Inició su carrera en Cinco Días y desde 2006 trabaja en EL PAÍS, donde se ha especializado en temas financieros. Ha ganado los premios de periodismo económico de la CNMV, Citigroup, Aecoc y APD.
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