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Reportaje:MODA

Hazte animal y adopta un humano

Cuando Obama dijo que éste no es momento para chiquilladas, algunos sintieron un deseo irrefrenable de volver a la niñez. Como el colectivo neoyorquino Club Animals, que afronta la recesión repartiendo amor vestido de mascota.

Hubo un tiempo en que la Gran Manzana era un lugar plagado de seres excéntricos. Hoy, aquellos personajes que se encargaron de inmortalizar Robert Mapplethorpe o Diane Arbus han sido desplazados por la estética homogeneizadora de series como Sexo en Nueva York. Series cuyo éxito coincidió, casualmente, con la especulación inmobiliaria que ha dominado la última década y desastres como los ataques del 11-S.

Pero aquí están, para salvarnos del aburrimiento, los miembros del Club Animals. De momento son cinco, pero saben hacerse notar y amenazan con multiplicarse. Su única razón de ser es devolverle a la ciudad el espíritu juguetón que hizo de ella un lugar atrevido y diferente. Y sus herramientas son sencillas: disfraces de animales con cabezas gigantes y mucho sentido del humor. Es posible encontrárselos en el metro, donde, una noche de sábado cualquiera, un tipo disfrazado de pez azul y sentado como un pasajero más puede ofrecerte free bouncy rides (viajes saltarines gratuitos).

"Si se atreven a subir en mis rodillas hay un doble intercambio de perversión" (Nate Hill)

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"Obama ha dicho que no están los tiempos para chiquilladas. Nosotros no podemos estar más en desacuerdo. Apostamos por una regresión a la infancia, al juego porque sí, y también por un cierto riesgo, porque para la gente sentarse en mis rodillas es una aventura. Yo podría ser un pervertido, pero si ellos se atreven hay un doble intercambio de perversión". Bajo la cabeza gigante de pez se esconde Nate Hill, un biólogo de 31 años que también cultiva la rareza en su día a día: cocina alimentos para moscas de laboratorio y, en sus ratos libres, se entrega a la taxidermia de corte frankensteniano, es decir, crea animales disecados en los que se mezclan diferentes especies.

Desde que fundó el pasado invierno el Club Animals, además de ofrecer viajes saltarines hace cosas como cocinar fish 'n' chicks, "un cruce entre pollo y pescado que ofrecemos a la gente gratis por la calle; algo que les desconcierta, porque no están acostumbrados a que nadie les dé nada gratis sin que medie la publicidad". Y organiza lo que ha bautizado como Human Petting Zoo: salidas al parque en las que sus miembros, colocados tras una valla, reclaman mimos al paseante. Estas iniciativas captaron la atención de Mary Kiley, una veinteañera que trabaja en publicidad a la que le encanta la idea de salir a la calle disfrazada de animal a repartir fish 'n' chicks. "Me uní al Club porque me gusta la idea de compartir felicidad. Además, es una manera estupenda de aterrorizar a los ciudadanos…", comenta sarcástica.

El origen del club se remonta a una inauguración en una galería de arte. Hill y otro amigo artista pensaron que sería gracioso estar en esa misma situación disfrazados de animales. Organizaron una reunión con gente que tuviera disfraces de ese tipo y de ahí "degeneró" en el Club Animals, al que decidieron darle un peso teórico aprovechando la coyuntura de la crisis (reflejado en un panfleto tipo extremista cristiano colgado en su web). "A pesar del momento de incertidumbre, no podemos tomarnos en serio constantemente. Además, pensar en el dinero sin parar no es sano", dice Hill, que también defiende el uso del tacto —algo muy inusual en Nueva York entre desconocidos— y aspira a que su grupo pase a la historia como "esos tipos raros que se vestían de animal y repartían buen rollo". Entre sus acciones inminentes, además de tomar la Quinta Avenida y Central Park, luchas callejeras de "perros humanos" y la "edición en bañador" de Human Petting Zoo.

http://clubanimalsnyc.blogspot.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de mayo de 2009