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Reportaje:El gran clásico

Juande como terapia

El técnico del Madrid, seco y serio, es elogiado por sus jugadores porque les quita presión

Inmediatamente después de ganar la Copa de la UEFA con el Sevilla, sus jugadores llevaron a Juande Ramos al vestuario y, en medio de la fiesta, decidieron ponerle a prueba de una vez por todas. Encendieron una cámara de vídeo de bolsillo y, enfocándole, le pidieron que contara un chiste. "Era un cuento sobre unos cazadores de patos", recuerda Aitor Ocio, ex central sevillista, conteniendo la risa, "y la verdad es que lo contó fatal".

Al tiempo que confirmaba un genuino fracaso como contador de chistes, Juande demostraba su entereza como entrenador. Porque Juande, apócope de Juan de la Cruz, es un hombre duro. Basta con darle una palmadita. Sus trapecios parecen dos muelles. Sus dorsales tienen la consistencia de la madera de lapacho. Su torso es lo más parecido a un tronco. La cabeza le corona, huesuda, como la de un franciscano en penitencia. Salvo por sus ojos brillantes, trasciende una especie de calma y una solidez que es lo que más aprecian en él sus futbolistas. Sobre todo, en vísperas de partidos definitivos como el que el Madrid jugará mañana contra el Barcelona. Como dice Ito, que fue jugador suyo en el Betis y el Espanyol: "Él es supercorrecto. Su trabajo tiene mucha psicología".

Todos destacan su facilidad para transmitir confianza en el propio juego

"Estudia al rival lo justo. Si acaso, alguna jugada táctica. Así te libera"

"Juande pone a cada uno en su lugar", prosigue Ito; "se toma tiempo para hablar con los 25, de fútbol y de lo que sea. Se preocupa de la vida de los jugadores dentro y fuera del campo. Te escucha. Y tú sientes que estás ante un tipo que no se altera con facilidad".

Cuando el Madrid le fichó, en diciembre pasado, el Barça se escapaba a nueve puntos, la plantilla sufría una epidemia de lesiones y el club se tambaleaba víctima de una crisis institucional que acabaría con el presidente, Ramón Calderón. "Si recuperamos anímicamente a los jugadores, tendremos mucho ganado", dijo en su presentación.

Cumplida la labor de regeneración moral, a Juande le queda algo importante por demostrar en el Madrid: su solvencia en los grandes partidos. Hasta ahora ha perdido los tres que ha jugado contra equipos de primer nivel mundial: dos contra el Liverpool en la Champions y uno contra el Barça en la Liga. Le queda otro contra el Barça,el de mañana. Es el más importante. Aunque él se esfuerce por no demostrárselo a sus jugadores.

No es Juande el técnico más analítico ni el que más vídeos repasa. Esto le preocupa menos que lo esencial. Y lo esencial, para él, es que los muchachos estén tranquilos. Para sus futbolistas, Juande es algo parecido a una terapia. Como pasear por un jardín japonés. "En la semana previa a los encuentros trascendentes procura enfocar las cosas como si fuera uno más", dice Ito; "estudia al rival lo justo y necesario. Si acaso, alguna jugada táctica, de estrategia. Te pasa un vídeo de cinco o diez minutos, cuestión de sacar conclusiones rápidas. Y así libera presión. Porque a él la única presión que le interesa para su equipo es que nadie se sienta titular. Durante los entrenamientos mezcla a todos. No da pistas. Hasta dos horas antes del partido no da la alineación. Así nadie se permite una alegría".

Aitor Ocio le recuerda como un hombre despreocupado y firme: "Fundamentalmente, te transmite confianza en tu juego. No habla mucho del rival. Es de la idea de que es el adversario el que tiene que adaptarse y no al revés. No condiciona a su equipo. Su ayudante, Marcos Álvarez, y él saben quitar trascendencia a los momentos de gran importancia deportiva".

Esta semana, los jugadores del Madrid se marcharon a sus casas cada uno con un disco para ver en DVD. En las carátulas aparecía el escudo del Madrid. Y, aunque eran diferentes, todos registraban momentos del domingo pasado en el Sánchez Pizjuán (2-4). El de Marcelo contenía las jugadas de Marcelo; el de Raúl, aquéllas en las que intervino Raúl, y así sucesivamente. "Eso se lo sugerimos a los jugadores", dice Álvarez, "pero sólo por si les interesa observar las cosas que han hecho bien y mal durante un partido".

Los DVD, si acaso, del Sevilla. Del Barça los jugadores del Madrid no verán más de diez minutos de imágenes en una sesión colectiva antes del partido. A Juande no le preocupa lo que hagan Messi y sus compañeros tanto como lo que hagan sus propios hombres. Por eso le gusta hacer una ronda con todos, para irles escuchando uno por uno, mano a mano. "Le agrada intercambiar sensaciones", dice Ocio. "No es de grandes discursos, pero a cada uno le dice lo que piensa", matiza Álvarez; "y no es fácil decir la verdad a la cara a todos. Juande lo hace y los jugadores lo agradecen. Al final, esto les transmite tranquilidad. Es un líder que no pone nervioso al grupo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de mayo de 2009